Venezuela: un país paralizado por la violencia

Elena es una estudiante universitaria venezolana, tiene 21 años y lleva saliendo a la calle para protestar contra el gobierno de Nicolás Maduro desde el pasado 30 de marzo. A las 6:30 PM está en casa, anochece y tiene miedo de salir y no saber si regresará viva.

También tiene miedo de revelar su verdadero nombre, no se llama Elena en realidad. “Tengo pánico de revelaros mi verdadera identidad y que tomen represalias contra mí” asegura, de ahí la razón este nombre ficticio. Para ella planes como “salir con mis amigos para ir al cine o tomarme una cerveza en un pub es completamente imposible”.

Escasea la comida, pero cuenta que “estremece realmente el reparto que hacen de la misma”. Elena no puede ir al supermercado a realizar la compra, como tampoco puede conseguir medicamentos básicos como una pastilla para calmar la fiebre. Ella, que le toca por el número de cédula, puede ir a comprar los viernes, pero también puede que le toque esperar seis meses para conseguir productos básicos como jabón, harina, huevos o leche.

Relata que la gente en los hospitales de Venezuela está muriendo, que los pasillos están repletos de personas tiradas retorciéndose de dolor. Si enfermas y tienes dinero para pagar medicamentos de fuera “eres un privilegiado, pero si eres una persona común, sabes que te puedes quedar en el sitio” narra Elena emocionada. Esta estudiante dice vivir rogándole a Dios que no le pase nada por la situación insostenible en la que vive con sus familiares y amigos.

El Poder Legislativo en manos de Maduro

El 30 de marzo el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) tomó la Asamblea Nacional asumiendo sus competencias parlamentarias, es decir, que el poder legislativo ha quedado en manos, única y exclusivamente, de Nicolás Maduro. Fue a partir de esta fecha cuando los venezolanos, indignados, salieron a la calle como medida de protesta a esta decisión. Elena, con sus amigos, lleva saliendo a la calle desde el 30 de marzo, pero siempre se pregunta: “¿Cuántos años deberán pasar sin una solución a los problemas para que este gobierno se vaya?”

Hace dos semanas debería haber empezado las clases, pero aún no ha podido asistir porque la ciudad “está paralizada, el país completo está paralizado” afirma. También, y como estudiante, ella se cuestiona: “¿Para qué voy a estudiar y esforzarme tanto si cuando salga de la universidad voy a ganar una miseria que no me va a servir para, ni siquiera, pasar el día?”.

Según esta estudiante venezolana las aspiraciones de los jóvenes “están muertas, pero hemos perdido el miedo porque todos decidimos salir a la calle con un objetivo común, que es denunciar estas injusticias”.

Según los estudiantes, algo que ella reafirma, la única manera de que Nicolás Maduro gane “es matando a los que salimos a la calle”. Las manifestaciones se convocan con muy poca antelación por miedo de la oposición a que el gobierno se entere, pero igualmente “se enteran y salen a por nosotros, a reprimirnos con bombas de gases lacrimógenos, una realidad que puede verse día tras día en los medios”.

Cuando Elena sale de casa camino a las manifestaciones, lleva en la mochila lo que ella denomina ‘kit de la resistencia’ con bicarbonato de sodio diluido en agua (esto le sirve para contrarrestar los efectos de los gases) y un casco para que no les revienten bombas de gases en la cabeza. Por otra parte lleva su bandera tricolor “también una gorra con los colores de mi país, de Venezuela” sigue contando.

La aventura del miedo

Intenta expresarlo todo sin parar, pero no puede. Acepta que “la aventura del miedo es a la que se enfrentan los venezolanos cada vez que salen a protestar” es que uno no sabe “la magnitud de la represión que el gobierno ejerce contra nosotros” transmite Elena. Se complica la situación y da “más miedo seguir viviendo así el resto de su vida que salir y que pueda pasarte algo” describe esta estudiante venezolana.

Lo único que ella quiere es “sentirse libre para poder salir a la calle y caminar tranquilamente, no tener que quitarme el reloj cuando voy conduciendo por miedo a un robo”. Se pregunta y reflexiona: “¿Qué clase de vida es esa? Porque quiero disfrutar, sin tener miedo a morir, de mi ciudad y no puedo”.

No conoce el casco histórico de Caracas, zona roja (denominada de esta manera por el riesgo de ir y que acabes muerto). Todo lo que pasa “limita tu vida mucho”, es consciente que esta es una situación “que no acabará mañana, pero tenemos que seguir en la lucha constante y resistir” puntualiza Elena. Algo que llena de tristeza a esta estudiante universitaria es pensar “que llevamos más de 30 muertos desde que comenzaron las protestas”.

Un compañero suyo, de 20 años, murió tras el impacto una bomba de gas lacrimógeno que le alcanzó el pecho partiéndole las costillas, el chico murió de un infarto acto seguido. Elena tuvo que ir a la misa por su asesinato, pero triste cuenta que al ver a sus familiares y amigos se preguntó “¿Hasta cuándo? ¿Por qué tienen que ser Maduro el que dicten nuestro destino? ¿Cómo puede vivir cualquier familia cuando se entera que a su hijo lo asesinaron?”.

Los hermanos de Elena viven fuera, pero ella sobrevive como puede en Caracas “no sabes si cuando sales a la calle vas a ser secuestrado o asesinado”. Los medios de comunicación “no difunden realmente la información porque la censura aquí es increíble”, además es que en Venezuela “la libertad de expresión es una mera utopía, no existe” detalla.

Realmente “quedará en la conciencia de Maduro cada muerte que él ha ocasionado, porque ellos apoyan con armas y herramientas a los que van a reprimirnos en las calles las protestas” dice Elena. Tiene verdadero miedo, pero sabe a lo que se enfrenta “sé que puedo salir y que en las protestas me maten, pero es una realidad y toca asumirla, es así de desgarrador”. A todos los venezolanos “nos duele cada muerto porque amo mi país y no quiero que este dictador nos siga reprimiendo de una manera tan horrible y cobarde”.

Ella, entre protestas y crisis, se siente “orgullosa de estar en el lado de los buenos y en la zona correcta de la historia”.

Nota de la Redacción: Elena es una persona real, estudiante universitaria de Ingeniería en Caracas. Este reportaje corresponde a su testimonio directo llegado a esta redacción.  

Autor

Loyola And News

Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía

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