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Vanessa González Herero, directora del 'Centro Limis' y profesora del Máster Universitario en Psicología General Sanitaria de Loyola Másteres.

Vanessa González: «La pandemia también tiene efectos positivos. Hemos aprendido a valorar cosas importantes de las que antes no se era consciente»

Vanessa González Herero es directora y psicoterapeuta en el ‘Centro Limis, Psicoterapia & Personalidad – Unidad para el Tratamiento del Trastorno Límite de la Personalidad’. Doctora Europea en Psicología, Psicóloga Sanitaria especializada en Terapia Dialéctica Conductual, Psicoterapia Sensoriomotor, Mindfulness y EMDR, forma parte del claustro de profesores del Máster Universitario en Psicología General Sanitaria de Loyola Másteres, la escuela de postgrado de la Universidad Loyola.

(P): ¿Psicológicamente cómo nos ha afectado la pandemia?

(R): Esta pandemia está teniendo efectos psicológicos importantes sobre nosotros, pues nos exige tener que adaptarnos rápidamente a una nueva y estresante realidad, continuamente cambiante. Además, en aquellas personas con trastornos mentales previos lo que se está observando es un empeoramiento de su sintomatología.

Un reciente e interesante estudio sobre el impacto psicológico de la pandemia de la COVID-19 sobre la población española durante el periodo de confinamiento, halla cuatro tipos de miedos al coronavirus, que tienen que ver con 1) miedo al contagio, la enfermedad y la muerte, 2) la carencia de productos de consumo básicos, 3) el aislamiento social y 4) el trabajo y la pérdida de ingresos. Encuentran que la intolerancia a la incertidumbre, el afecto negativo y pertenecer al sexo femenino son factores de vulnerabilidad a los miedos al coronavirus. Como factores de protección a dichos miedos estarían el nivel de ingresos, la edad (mayor impacto en los más jóvenes), trabajar fuera de casa, disponer de jardín privado y el afecto positivo. Mientras que la excesiva exposición a los medios de comunicación, vivir con enfermos crónicos y vivir con menores de 12 años son factores de riesgo. Asimismo, los principales síntomas emocionales asociados a la COVID-19 tienen que ver con síntomas de preocupación, sentirse estresado o agobiado, desesperanza, problemas de sueño, y depresión en mujeres. Así como elevados niveles de ansiedad, nerviosismo e inquietud. No obstante, es importante destacar que también se observan efectos positivos, como por ejemplo: valorar nuevos aspectos de la vida, vivir nuevas experiencias positivas, aprender a valorar cosas importantes de las que antes no se era consciente, o descubrir nuevas capacidades o aficiones (Sandín, Valiente, García-Escalera y Chorot, 2020).

(P): ¿Cómo cree que ha afectado la pandemia a las personas con problemas de salud mental?

(R): Confusión, miedos, incertidumbre, probabilidad de muerte en seres queridos, son parte del impacto psicológico que acarrea la pandemia. A esto se le suman numerosos factores estresantes como cambiar rutinas, separación de amigos y familiares, aislamiento social y pérdida de empleos. La COVID-19 está teniendo un fuerte impacto sobre la salud mental de muchas personas. En concreto, los datos de numerosos estudios a nivel internacional reflejan un notable aumento de los trastornos de ansiedad, trastornos depresivos, insomnio,  temores generales, y síntomas de estrés postraumático (como estar en alerta o hipervigilante; sentirse sobresaltado o asustarse fácilmente; sueños perturbadores;  imágenes o recuerdos intensos relacionados con la COVID-19; evitar personas, lugares, pensamientos o sentimientos, u otros estímulos externos o  internos que recuerden la experiencia de la COVID-19).

Lo que yo suelo ver en mi consulta principalmente es un agravamiento de los síntomas ansiosos, los síntomas depresivos y del estrés, especialmente derivados del aislamiento social y del confinamiento.  En pacientes con trastornos mentales graves he observado un empeoramiento de su funcionamiento general, con insomnio y abandono de su autocuidado (malos hábitos de alimentación y escasa higiene) y autoaislamiento. Muchos comentan que se sienten muy solos y que la situación les agobia enormemente. Asimismo, he observado recaídas importantes en el tema de las adicciones (abuso de alcohol y sustancias), así como en las autolesiones e ideas de suicidio.

(P): ¿Cómo podemos gestionar mejor las situaciones producidas por la pandemia (confinamiento, soledad, miedo al contagio, miedo a otras personas, pérdida de besos y abrazos)?

(R): Creo que es muy importante mantener en mente el pensamiento de que ‘esto va a pasar’ (¡las vacunas están ya ahí!) y pensar que, cada día que pasa, nos acercamos más a esa recuperación de nuestra ‘ansiada normalidad’. Asimismo, siempre les digo a mis pacientes que se centren en lo que todavía pueden seguir haciendo y con lo que disfruten, o en todas las cosas nuevas que pueden aprender o emprender: ejercicios en casa, cocinar, algún curso de un tema que les interese, y llamadas telefónicas o vídeollamadas a familiares y amigos para mantener nuestra sensación de conexión con los demás. Y, ahora que podemos salir, tomar el sol (es muy importante como fuente de vitamina D), y hacer algo de ejercicio al aire libre, como pasear o correr (el ejercicio es el mejor antidepresivo natural que existe).

Sentir cierto miedo al contagio es normal, pues la amenaza es real y sigue ahí afuera. Lamentablemente las noticias siguen informando del elevado número de contagios diarios y de muertes, así que, en estos tiempos, ‘elevadas dosis de prudencia’ se hacen necesarias. Otra cosa es sentir un miedo paralizante y vivir con una ansiedad desbordante, siendo necesario en estos casos que las personas acudan a profesionales que las puedan ayudar a ir gestionando esas emociones.

(P): ¿De qué manera el mindfulness ayuda a mejorar los trastornos psicológicos?

(R): Mindfulness o atención plena significa prestar atención consciente al momento presente con interés, curiosidad y aceptación.

Jon Kabat Zinn, referente mundial de mindfulness, fue quién introdujo esta práctica de tradición budista actualizada y adaptada al contexto occidental. Él define mindfulness así: “prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar”. Kabat Zinn comenzó a entrenar a sus pacientes con dolor crónico en su Clínica de Reducción del Estrés (Massachusetts) utilizando un Programa de Reducción de Estrés basado en Mindfulness (MSBR) de 8 sesiones. Dicho programa después comenzó a usarse para el tratamiento de otras condiciones, como la depresión.

Las intervenciones basadas en mindfulness forman parte de las terapias de tercera generación, considerándose un factor curativo central de la psicoterapia moderna. En los últimos años existe alrededor de estas intervenciones un gran interés, así como un número creciente de investigaciones, demostrando los resultados que son muy útiles para el tratamiento de problemas físicos y psicológicos, y para el dolor crónico, además, reducen el estrés, fomentan la autoconciencia y mejoran el bienestar en general.

Varios estudios demuestran que son tres los componentes que interactúan entre sí potenciándose mutuamente y que serían los responsables de los beneficios derivados de la práctica de mindfulness: 1) la mejora del control atencional, 2) una mayor capacidad de regulación emocional, y 3) una transformación de la autoconciencia, que incluiría un menor procesamiento auto-referencial, una mayor conciencia del cuerpo y una mayor ecuanimidad (Tang, Hölzel y Posner, 2015).

Los hallazgos de numerosos trabajos encuentran que el entrenamiento en mindfulness (atención plena) lleva a los participantes a mejorar su capacidad de focalización atencional, y a mejorar otros procesos cognitivos, como la memoria de trabajo y la memoria específica, así como otras funciones ejecutivas. Asimismo, la práctica de mindfulness mejora el funcionamiento emocional en general, la regulación emocional y reduce la tendencia a la rumiación o la preocupación, observándose a su vez un aumento de emociones positivas tanto en la población general como en la población clínica.

Además, practicar mindfulness parece aumentar la reevaluación positiva (la capacidad de reconstruir la interpretación de sucesos estresantes de forma que nuestra respuesta a ellos se modifique), lo que a su vez se relaciona con una mejoría en los niveles de estrés.

(P): ¿Qué trabajo desarrollan los terapeutas de Centro Limis?

(R): En Centro Limis, nuestro equipo humano está formado por profesionales altamente cualificados y especializados, en formación continua y a la vanguardia de la Psicología. Conformamos un equipo multidisciplinar que aborda de manera eficaz todo tipo de problemas psicológicos de la infancia, adolescencia y adultez, en formato individual, de pareja, familiar o grupal.  Además, nuestro Centro es reconocido por disponer de una Unidad de Tratamiento Especializado para el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP). Trabajamos con gran compenetración, dedicación y esfuerzo tratando de forma exhaustiva las principales áreas problemáticas del TLP (la vulnerabilidad e inestabilidad emocional, las conductas suicidas y autolesivas, la impulsividad, las relaciones interpersonales, la rigidez de pensamiento y las alteraciones en la identidad) así como las patologías comórbidas con las que el TLP puede cursar: adicciones, ludopatía, trastornos de la conducta alimentaria, traumas, disociación, etc.  Estamos especializados en distintas psicoterapias y, en especial, en aquellas conocidas como de Tercera Generación: Terapia Sistémica Breve, EMDR, Psicoterapia Sensoriomotor, Mindfulness y Terapia Dialéctica Conductual.

(P): ¿Qué recomendación les da a los estudiantes del Máster Universitario en Psicología General Sanitaria, que le hubiese gustado a usted recibir cuando comenzó a trabajar en este mundo?

(R): Les diría que no dejen de luchar por aquello en lo que creen, su profesión. Tenemos una de las profesiones más bonitas y gratificantes que existen (al menos desde mi punto de vista, claro), pero como toda profesión, también tiene momentos llenos de enorme dureza, pues trabajamos con personas que a veces nos traen historias de vidas terribles, llenas de acontecimientos muy traumáticos. Como profesionales debemos estar muy preparados, no sólo con formación continua avanzada, sino que debemos cuidar de nuestra salud mental y emocional y, antes de tratar a nadie, debemos llegar a nuestra consulta con nuestros propios problemas personales tratados o en vías de recuperación. De lo contrario, nuestros problemas podrían ‘salpicar’ a nuestros pacientes. Es decir, el psicólogo también ha de acudir al psicólogo. Tenemos una responsabilidad muy grande en nuestras manos con todos nuestros pacientes, pues ellos están depositando su confianza en nosotros, y debemos ofrecerles lo mejor.

Autor

Francisco Javier Burrero

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. fjburrero@uloyola.es Twitter: @javierburrero

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