Un récord muy pobre

Este mismo mes, el Gobierno de España ha batido todos los records marcados hasta la fecha, al llevar al Congreso de los Diputados para su convalidación el Real Decreto-Ley 8/2014, de 4 de julio, de medidas urgentes para el crecimiento, la competitividad y la eficiencia económica, más conocido como ‘Decreto Ómnibus‘, un conglomerado de 172 páginas que modifica 29 leyes que afectan a ocho departamentos ministeriales, con contenidos tan dispares que van desde la legislación energética hasta la laboral, desde las infraestructuras portuarias y aeroportuarias hasta la modificación del registro civil, pasando incluso por la geofísica española.

Todo un récord en la democracia española, al que hay que sumar otro, ya que al día siguiente del debate para su convalidación en el Congreso, el BOE publicaba hasta 62 correcciones de errores de la norma, que ocupaban nada más y nada menos que seis páginas.

Con este triste récord no se hace más que ahondar en la regresión a la que llevamos asistiendo ya varias décadas en nuestro país, consistente en que los gobiernos de turno (todos, sin excepción) tratan de eludir el debate parlamentario en la tramitación de las leyes, como si tan sólo se tratase de un trámite largo y tedioso.

Pasión por las leyes

Quizá olvidan que el debate parlamentario es la esencia misma de la democracia, y la fuente de la que deben emanar las leyes, las mejores leyes, en el sentido en que así lo entendía el Club de los Nomófilos en pleno Siglo XVIII. Y que el Siglo de las Luces, entre otras muchas cosas, fue también el siglo de las leyes. Se creía en la ley como instrumento de control y dirección social. Y se veía, además, en aquélla la garantía de la libertad.

La Ilustración, tal vez como ninguna otra época, conoció la pasión por las leyes; una pasión que llevó a los revolucionarios franceses a constituir en la antigua capilla de Santa María del barrio de Saint-Antoine el Club de los Nomófilos, el club de los apasionados por la ley, que era también como decir el club de los amantes del Parlamento. Así lo explica el profesor Virgilio Zapatero en el prólogo al libro de Jeremy Bentham titulado ‘Nomografía o el arte de redactar leyes’.

Quizás por ello, a los que nos dedicamos al Derecho y nos consideramos, humildemente, amantes de las leyes, nos duele aún más que tres siglos después de la constitución del Club de los Nomófilos, en plena era de la globalización, se pretenda obviar la importancia de la Ley y del Parlamento. Un récord muy pobre para un Gobierno dirigido, precisamente, por juristas.

Autor

Pilar Navarro

Pilar Navarro es doctora en Derecho de la Energía y coordinadora de la Universidad Loyola Andalucía en el Instituto de Investigación Loyola-Abengoa Research (LAR). Mejor expediente académico de España en 2001 (nota media de 10 en la licenciatura de Derecho), acumula una larga lista de distinciones y premios en el mundo académico, institucional y profesional. Autora de 14 libros, miembro de diversos organismos, entre otros ha formado parte del Consejo Asesor de la Agencia Andaluza de la Energía y ponente de varias Leyes Andaluzas, está incluida en varias listas de personas con la mayor proyección profesional de España.

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