Tres momentos de la muerte de Cristo

Cristo de la Conversión del Buen Ladrón

Poco antes de su muerte, cuando no tenía mucho tiempo para hablar, realizó Cristo uno de sus grandes milagros morales: La conversión del buen ladrón. Dice el Evangelio de él que pasó haciendo el bien (Hech.10,38), y en sus últimos momentos siguió haciendo lo mismo. Esta vez realizó el milagro de la conversión de un ladrón, que abrió su corazón a la gracia que le llegaba de su compañero de suplicio. No fue necesario esperar a que volviera como rey, sino que a la petición del ladrón: Vuelve a darme a tu corazón, recibió la respuesta de Cristo: Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso. Éste es el momento que Juan de Mesa dejó esculpido en la imagen del Cristo de la conversión del buen ladrón. Y lo hizo reproduciendo el rostro del Gran Poder crucificado, que realizó el mismo año de 1620.

El Cachorro

Francisco Antonio Ruiz Gijón fue capaz de expresar en madera el último aliento de Cristo en su expiración. Se empina, apoyándose en sus pies clavados, para exhalar el Espíritu: el último don que culmina la obra de la Redención. Al mirar el rostro expirante de Cristo, nos parece escuchar el aliento con que entrega su vida: tan expresiva se hace la madera en esta obra de Ruiz Gijón. Algunos teólogos han visto en este último momento, la entrega del Espíritu Santo a la Iglesia: era lo más que nos podía dar, conseguido por su muerte en cruz. En cuanto hombre, mucho le costó a Cristo aceptar la muerte (Heb.5,7), pero el amor venció a la misma  muerte.

Cristo de la Buena Muerte

Fue el mismo año de 1620 en el que Juan de Mesa esculpió también el prodigio de la muerte de Cristo en la cruz. Al fijarnos en esta obra, nos parece increíble que las manos del artista sean capaces de llegar a tanto… En esta imagen de Cristo muerto están expresadas la serenidad y la paz que alcanzó al entregarlo todo: no le quedaba nada más que dar. La realidad de la muerte, que siempre es tan dura, en esta imagen se hace buena. Esta bondad de la muerte es la que aparece en esta imagen. El mismo Juan de Mesa, que en otras obras había sido capaz de manifestar la fuerza del dolor y el sufrimiento, en este Cristo de la Buena Muerte nos ha dejado la expresión de una serenidad que deja la aceptación de la voluntad de Dios.

Tres momentos de la muerte de Cristo: haciendo el bien hasta el final, dándosenos todo en el último aliento, y haciendo a la muerte buena en la serenidad de la divinidad que parece quedarnos para siempre en las manos de Dios.

Autor

Fernando García S.J.

Jesuita. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. En 1956 marcha a Japón, en donde es profesor de Historia del Arte Oriental en la Universidad Sophia (Jochi Daigaku) de Tokio. Es Académico Numerario de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, y Académico Correspondiente de la de Bellas Artes de Cádiz y de la Real Academia San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras de Jerez. En 1993 le fue concedida por el Emperador de Japón la cruz de la "Orden del Tesoro Sagrado, con distintivo de Rayos Dorados y Rosetas". En la actualidad es Delegado Diocesano del Patrimonio Histórico-Artístico de Sevilla.

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