Tres de diciembre, día de San Francisco Javier

El  navarro Francisco Javier fue uno de los primeros jesuitas, uno de los primeros compañeros de Ignacio de Loyola. Su vida misionera es un continuo peregrinar: Roma, Lisboa, Mozambique, Socotora, India, Molucas, de nuevo la India, Malaca, Japón, India y Malacca. Murió el tres de diciembre de 1552, con 46 años, en la isla de Shangchuan, frente a las costas de China.

Varias cartas de Francisco Javier fueron ya, en vida de él, copiadas y conocidas en comunidades de Europa. En 1552 alguien escribía a Ignacio de Loyola desde Florencia: «Las cartas de la India … se consumen en manos de muchos; en numerosos cenobios son tantos los espirituales que las ven y las piden, no sin grande edificación y consuelo espiritual».

Para recordar esta conmemoración de la fiesta del santo, el 3 de diciembre, hemos elegido una de las últimas cartas de Francisco Javier, en la que explica cómo se propone entrar en China. En una carta anterior, de 29 de enero de ese mismo año, explicaba a Ignacio de Loyola, desde Cochín, en la India, los motivos que lo impulsaban a esta misión. Decía así:

“La China es una tierra muy grandísima, pacífica, y gobernada con grandes leyes, hay un solo rey, y es en grande manera obedecido. Es riquísimo reino, y abundantísimo de todos los mantenimientos; no hay sino una pequeña travesía de China a Japón. Estos chinos son muy ingeniosos y dados a estudios, principalmente a las leyes humanas sobre la gobernación de la república; son muy deseosos de saber. Es gente blanca, sin barba, los ojos muy pequeños; es gente liberal, sobre todo muy pacífica; no hay guerra entre ellos. Si acá en la India no hubiere algunos impedimentos que me estorben la partida este año de 52, espero de ir a la China por el grande servicio de Dios nuestro que se puede seguir, así en la China como en Japón; porque sabiendo los japoneses que la ley de Dios reciben los chinos, han de perder más presto la fe que tienen a sus sectas. Grande esperanza tengo que así los chinos como los japoneses, por la Compañía del nombre de Jesús han de salir de sus idolatrías y adorar a Dios y a Jesucristo Salvador de todas las gentes”.

Ya en la isla de Shangchuan, cercana a Cantón, el 22 de octubre de 1552 explica en esta carta que reproducimos a continuación, dirigida al padre Francisco Pérez, a Malaca, cómo y por qué piensa entrar en China. Dice así:

La gracia y amor de Cristo Nuestro Señor sea siempre en nuestra ayuda y favor. Amén.

1. Por la misericordia y piedad de Dios Nuestro Señor llegó la nao de Diego Pereira, y todos los que veníamos en ella a salvamento a este puerto de Sanchón, donde hallamos otros muchos navíos de mercaderes. Este puerto de Sanchón está treinta leguas de Cantón. Acuden muchos mercaderes de la ciudad de Cantón a este Sanchón a hacer hacienda con los portugueses. Trataron diligentemente con ellos los portugueses, por ver si algún mercader de Cantón me quisiera llevar. Todos se excusaron diciendo que ponían sus vidas y haciendas a gran riesgo, si el gobernador de Cantón supiese que me llevaban; y por esta causa a ningún precio me querían llevar en sus navíos a Cantón.

2. Plugo a Dios Nuestro Señor que se ofreció un hombre honrado, morador de Cantón, a llevarme por doscientos cruzados en una embarcación pequeña, donde no hubiese otros marineros sino sus hijos y mozos, porque el gobernador de Cantón no viniera a saber por los marineros cuál era el mercader que me llevaba. Y más se ofreció a meterme en su casa escondido tres o cuatro días y de ahí ponerme un día, antes de amanecer, en la puerta de la ciudad con mis libros y otro hatillo, para de ahí irme luego a casa del gobernador y decirle cómo veníamos para ir donde está el rey de la China, mostrando la carta que del señor obispo llevamos para el rey de la China, declarándole cómo somos mandados de su alteza para declarar la ley de Dios.

3. Los peligros que corremos son dos, según dice la gente de la tierra. El primero es que el hombre que nos lleva, después que le fueren entregados los doscientos cruzados, nos deje en alguna isla desierta o nos bote al mar, porque no lo sepa el gobernador de Cantón; el segundo es que si nos llevare a Cantón y fuéremos ante el gobernador, que nos mandará atormentar o nos cautivará, por ser una cosa tan nueva como esta y haber tantas prohibiciones en la China para que no vaya ninguno a ella sin chapa del rey; pues tanto prohíbe el rey que los extranjeros no entren en su tierra sin su chapa. Además de estos dos peligros, hay otros mucho mayores que no alcanza la gente de la tierra; y contar éstos sería muy prolijo, aunque no dejaré de decir algunos.

4. El primero es dejar de esperar y confiar en la misericordia de Dios, pues por su amor y servicio vamos a manifestar su ley y a Jesucristo su Hijo, nuestro Redentor y Señor, como Él bien lo sabe. Pues por su santa misericordia nos comunicó estos deseos, desconfiar ahora de su misericordia y poder, por los peligros en que nos podemos ver por su servicio, es mucho mayor peligro (que si El fuere más servido, nos guardará de los peligros de esta vida) de lo que son los males que nos pueden hacer todos los enemigos de Dios; pues sin licencia ni permisión de Dios, los demonios y sus ministros en ninguna cosa nos pueden empecer.

5. Y también confirmándonos con el dicho del Señor que dice: «Quien ama su vida en este mundo, la perderá; y aquel que por Dios la perdiere, la hallará». Que es conforme a lo que también Cristo Nuestro Señor dice: «El que pone la mano en el arado y mira para atrás, no es apto para el reino de Dios».

6. Nos, considerando estos peligros del alma que son mucho mayores que los del cuerpo, hallamos que es más seguro y más cierto pasar por los peligros corporales, antes que ser comprendidos delante de Dios en los peligros espirituales. De manera que, por cualquier vía, estamos determinados a ir a China.

El suceso de nuestro viaje espero en Dios Nuestro Señor que ha de ser para acrecentamiento de nuestra santa fe, por mucho que los enemigos y sus ministros nos persigan; porque si Dios estuviere por nosotros, ¿quién tendrá victoria contra nosotros?”,

7. Cuando la nao fuere de este puerto de Sanchón para Malaca, espero en Dios Nuestro Señor que llevará nuevas nuestras, de cómo fuimos recibidos en Cantón; porque de Cantón a este puerto siempre vienen navíos, en los cuales podré escribir lo que pasamos de aquí hasta Cantón y lo que nos hizo el gobernador de Cantón.

Álvaro Ferreira y Antonio China vinieron siempre enfermos; ahora, por la misericordia de Dios, hállanse mejor. Hallé que Antonio no sirve para intérprete, porque se le olvidó hablar chino. Ofreciose a ir conmigo por intérprete un Pedro López, que fue cautivo de Antonio de López Bobadilla, que murió en el cerco de Malaca. Sabe leer y escribir portugués, y también lee y escribe algún tanto chino. Ofreciose con mucho ánimo y voluntad a ir conmigo. Dios se lo pagará en esta vida y en la otra. Encomendadle a Dios Nuestro Señor que le dé el don de la perseverancia.

8. Como llegamos a Sanchón, hicimos una iglesia y dije Misa cada día hasta que enfermé de fiebres. Estuve enfermo quince días; ahora, por la misericordia de Dios hállome con salud. Aquí no faltaron ocupaciones espirituales, como en confesar y visitar enfermos, hacer amistades. De aquí no sé qué más os haga saber, sino que estamos muy determinados de ir a China. Todos los chinos que nos ven, digo hombres honrados mercaderes, muestran holgar y desear que vayamos a China, pareciéndoles que llevamos alguna ley escrita en los libros que será mejor que la que ellos tienen, o por ser amigos de novedades. Todos muestran grande placer, aunque ninguno nos quiere llevar, por los peligros en que se pueden ver.

….

10 Yo estoy aguardando cada día un chino que ha de venir de Cantón a llevarme. Plegue a Dios que venga, así como yo lo deseo; porque si acaso Dios nolo quiera no sé qué haré, si volver a la India o a Siam, para de allí juntarme a la embajada que el rey de Siam manda al rey de China. Esto os lo escribo porque digáis a Diego Pereira que, si él ha de ir a China, y por alguna vía me pudiere escribir a Siam, me escriba, para que nos juntemos allá o en algún otro puerto de China. Con Diego Pereira tendréis mucha amistad, así en Malaca como en la India, encomendándolo a Dios primeramente y después en todo lo demás que lo pudiereis favorecer, pues es tan amigo de nuestra Compañía.

Cristo nuestro Señor nos dé su ayuda y favor. Amén.

De Sanchón, hoy 22 de octubre, año de 1552.

Vuestro todo en Cristo,

FRANCISCO

 Unos días después, el 13 de noviembre, escribía a Álvaro Pereira:

Plegue a Dios que tan bien me suceda este viaje como espero, para que en la corte del rey de la China aguarde por vuesa merced; porque si a China voy, en uno de dos lugares me parece que me ha de hallar; o estaré cautivo en el cepo de Cantón, o en Pequín, donde dicen que continuadamente está el rey.

Hacia el 19 de noviembre Francisco Javier cayó enfermo, probablemente de una pulmonía de la que no pudo recuperarse. No llegó a realizar su deseo de entrar en China, pero estaba cerca. Por la parte más cercana, hay solo 11 kilómetros desde la isla de Shangchuan a la costa continental.

Autor

Guillermo Rodríguez-Izquierdo SJ

Guillermo Rodríguez-Izquierdo es físico y jesuita. Trabaja en la Universidad Loyola Andalucía.

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