Treinta años de comercio justo en España

Un mundo en el que todos los productores y trabajadores dispongan de medios de subsistencia dignos y sostenibles, desarrollen su potencial y tengan la capacidad de decisión sobre su futuro

Fairtrade Ibérica

Este año se celebran los treinta años del inicio de la andadura del Comercio Justo (CJ) en España. Allá por 1986 abrían dos tiendas con gran ilusión, una en Donostia-San Sebastián, de la mano de Emaús, y otra en Córdoba, por la cooperativa Sandino (hoy IDEAS). Dos establecimientos de dos organizaciones que han sido y son referentes relevantes del movimiento de CJ en España.

Lo que fue una realidad pequeña, alternativa, ilusionada con apoyar un camino que contribuyera a cambiar las reglas injustas del comercio mundial, no ha dejado de crecer en estos treinta años. Las ventas de productos de CJ han mantenido un crecimiento continuo, con tasas de incremento al alza en los últimos años –incluso en años de crisis- y que, aunque aún representan un pequeñísimo porcentaje del consumo total de los individuos, permiten mirar al futuro con esperanza. Según datos del informe “El Comercio Justo en España 2015. Un movimiento en auge” editado por la Coordinadora Estatal de Comercio Justo con financiación de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (ver pdf aquí), en el año 2000, las ventas llegaron a los 9 millones de euros. A partir de aquí se produce un punto de inflexión con tasas medias de crecimiento del 9% en euros constantes, hasta alcanzar en el último año los 35 millones de euros.

Este impulso notable del CJ ha sido y es en gran parte resultado del esfuerzo de muchas organizaciones de CJ que fueron incorporándose al movimiento, y que no solo se han limitado a comercializar productos, sino que además han venido trabajando en dos ejes más: movilización e incidencia social. Sin este triple eje de actuación no puede entenderse el éxito creciente de este movimiento. Por eso hay que ponderar y apoyar el trabajo que hacen estas organizaciones.

Certificación de Productos de Comercio Justo

Pero también es justo reconocer que desde mediados de la primera década de este siglo se ha producido un hecho que ha marcado sustancialmente la evolución del CJ en España: la implantación del sello Fairtrade, una iniciativa de origen internacional (Fairtrade International -formalmente conocida como Fairtrade Labelling Organizations International o FLO) que llega a España con la creación de la Iniciativa Nacional del Sello de Productos de Comercio Justo, hoy Fairtrade Ibérica.

El sello Fairtrade ha facilitado la distribución de productos de CJ en diversos canales, pero, sobre todo, la posibilidad de que empresas convencionales –ajenas al movimiento de CJ- puedan certificar algunos de sus productos y comercializarlos como tales.

La implantación de este sello no ha estado exenta de grandes controversias. Suponía abrir las puertas del CJ, cuya salvaguarda se consideraba en manos de las organizaciones sociales que tradicionalmente lo habían impulsado, a la empresa convencional, la cual es precisamente objeto de críticas desde el movimiento de CJ por actuar bajo condiciones injustas de mercado.

A menudo, se han escuchado y leído debates enzarzados en los que se planteaba el dilema de, o mantener el movimiento de CJ por cauces alternativos renunciando a un crecimiento más acelerado, o crecer más rápido desnaturalizando el concepto de CJ con el riesgo de terminar por no significar nada.

El planteamiento de Fairtrade International, y por consiguiente de Fairtrade Ibérica, fue el de apostar por una tercera vía: tender puentes a las empresas convencionales, pero con un proceso de auditoría y certificación riguroso. Ello unido además a una vigilancia sobre posibles comportamientos no éticos de las empresas licenciatarias que puede conducir a la no concesión o renovación del sello.

El sello Fairtrade ha permitido acercar los productos de CJ a los ciudadanos, mediante una mayor oferta y presencia en canales convencionales como hipermercados y supermercados.

Tiendas especializadas

Pese a la posible competencia que pudiera establecerse entre empresas y organizaciones de CJ, en los últimos años se ha producido un descenso en el crecimiento de las ventas por parte de empresas certificadas y un aumento de las de las tiendas especializadas dentro del movimiento de CJ. Lo cual significa que hay espacio de convivencia para ambos tipos de organizaciones.

Ciertamente, es preciso proteger y apoyar a las organizaciones de CJ, las cuales tienen mucho más claro que las ventas de estos productos son un medio de avanzar en la transformación social, buscando un modelo alternativo regido por criterios de justicia social, económica y ambiental. Pero será difícil lograr resultados significativos sin tender la mano a los actores convencionales. No a cualquier precio. Pero su participación puede ser relevante para difundir una realidad que genera ingresos significativos para muchos productores desfavorecidos.

Si el sello Fairtrade es capaz de facilitar esa colaboración exigente, bienvenido sea.

Autor

Equipo MarkÉtica

Somos Rafael Ángel Araque y María José Montero, profesores del área de Comercialización e Investigación de Mercados de la Universidad Loyola Andalucía

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