Trabajo y derechos humanos en clave latinoamericana e ignaciana.

Trabajo y derechos humanos en clave latinoamericana e ignaciana

Este artículo nace de la serie de conferencias que realicé en la Universidad Jesuita Centroamericana «José Simeón Cañas» (UCA), Cátedra Latinoamericana Ignacio Ellacuría-Departamento de Filosofía. En donde expuse el pensamiento social, ético y educativo latinoamericano con la aportación de los jesuitas mártires de la UCA I. Ellacuría, I. Martín-Baró u otros testimonios como Mons. Romero o L. Proaño.

En una de estas conferencias, presenté la “pedagogía social y ética de los derechos humanos desde I. Ellacuría” que, en este artículo, vamos a profundizar. La filosofía y el pensamiento iberoamericano, del que Ellacuría es uno de los principales autores, tiene una sintonía profunda con la espiritualidad ignaciana. Todo lo cual nos transmite un humanismo crítico, ético y liberador que puede contribuir la promoción de los derechos humanos (DH) como es un trabajo decente, realidad muy significativa en la celebración del primero de mayo.

Pensamiento latinoamericano e ignaciano

El pensamiento latinoamericano e ignaciano con dicho humanismo de inspiración cristiana-católica, tal como nos transmite Ellacuría y los jesuitas mártires, nos presentan a los seres humanos, a los pueblos y a los pobres de la tierra como clave en la realidad. Este ser honrado con lo real, con su inteligencia histórica y social, nos lleva a hacernos cargo de la realidad con su análisis y mediaciones sociopolíticas.

En el discernimiento de los signos permanentes de los tiempos: los pueblos crucificados por el mal común e injusticia socio-estructural; lo que remite, desde la fe y lo ignaciano, al Cristo Pobre/Crucificado del que las víctimas y los pobres de la historia son sacramento (presencia) real, cuerpo histórico que conforma el mundo e iglesia.

Esta pedagogía e inteligencia se orienta en el historizar los conceptos básicos como la libertad, el bien común, la propiedad y, en fin, los derechos humanos. Este método de historización posibilita el comprender, crítica y moralmente, que sin condiciones sociales e históricas  dignas no hay libertad posible que, en esta línea, se pervierte en un individualismo insolidario.

No hay que separar la libertad, con los derechos humanos de primera generación como el asociacionismo y la participación (autogestión) democrática, de la ética de la justicia y del bien común. Asegurando los derecho sociales y estas condiciones históricas para el desarrollo humano e integral.

El bien común debe comprenderse e historizarse con el cumplimiento de los derechos humanos y sociales como la educación, la sanidad, la vivienda, el trabajo digno…que han de verificarse en la realidad social, política e histórica. Con el acceso universal y calidad de todos estos derechos por parte de las mayorías populares, empobrecidas y excluidas. Ya que de lo contrario, existe la negación de este bien y derechos que se convierten en mal común e injusticia social-global.

El bien común con los DH se analizan y disciernen crítica-éticamente: desde el sufrimiento y vida dañada de las víctimas, desde la negación de la vida y dignidad de las personas; desde los sin derechos, desde los pobres, oprimidos y desposeídos a los que se les niega el derecho de bienes y propiedad. Lo que, por ejemplo, muestra la mentira e impostura del capitalismo que se erige en defensor de los derechos de propiedad y libertad o democracia que, cuando se historizan, vemos como son sistemáticamente negados.

Es la negación permanente de los pueblos y de los pobres en esta participación y gestión de la vida económica, social, pública y política. Ya que padecen toda esta desigualdad e injusticia que les impide ser: obstaculizan sus capacidades y derechos como el destino universal de los bienes, la justa distribución de los recursos, que está por encima del derecho de propiedad que siempre tiene un carácter social. En este derecho principal del reparto común de los bienes que, desde la fe, Dios ha destinado para toda la humanidad.

Esta pedagogía e inteligencia se efectúa en la compasión y el principio-misericordia con la ética solidaria, que asume todo este sufrimiento e injusticia que padecen los pueblos crucificados por esta opresión y empobrecimiento injusto. La compasión e inteligencia ética de la misericordia que, cargando con la realidad, motiva la responsabilidad y el profetismo.

En la denuncia crítica de todo este mal e injusticia que sufren los pobres con su vida negada, con su liberación integral impedida. Es tomar conciencia del compromiso por la justicia, que se debe ejercer en la realidad social e histórica. Y, de esta forma, la inteligencia se encarga de la realidad y se realiza en el servicio a los demás, en la praxis por la vida, la justicia y la liberación integral con los pobres y pueblos que hay que bajar de la cruz de la desigualdad, injusticia y exclusión. Lo cual supone dejarse cargar por la realidad, por el Don (Gracia) de lo real, del amor y fraternidad solidaria de los otros, de los pobres y de Dios mismo, fuente de esta Gracia.

Economía moral

Es la espiritualidad y praxis en la opción por los pobres como sujetos de la misión, del desarrollo y promoción humana, liberadora (global) frente a todo elitismo y asistencialismo paternalista. Hay que promover la participación democrática, la autogestión y compromiso de los pueblos, de la sociedad civil y de los movimientos sociales, como son los obreros-trabajadores, que es lo más importante en la vida política, pública y económica.

Impulsando el anuncio y verdadera utopía de la civilización del trabajo, la dignidad y derechos del trabajador como es un salario justo, frente a la del capital, del beneficio y lucro como motor de la historia. Con una economía al servicio de las necesidades de las personas, de los pueblos y los pobres. Una economía que tenga como sentido este destino universal de los bienes, la equidad en la distribución de los recursos, frente al ídolo de la propiedad que impide esta finalidad común de los bienes, que niega la inherente dimensión social de la propiedad. La economía moral que termine con la usura y especulación de las finanzas-banca para que sea ética, justa y acabe con los créditos e intereses abusivos, injustos y usureros que endeudan, empobrecen y arruinan a tantas personas, familias y países.

Esta civilización del trabajo frente a la del capital, con la necesaria e imprescindible transformación y revolución socio-estructural (política/económica), se une inseparablemente a la utopía de la civilización de pobreza frente a la de la riqueza. Un cambio cultural y conversión personal en la solidaridad de vida, bienes y luchas por la justicia con los pobres de la tierra. Oponiéndose a los ídolos de la riqueza-ser rico, del poseer y tener que dan muerte, que esclavizan al ser persona fraterna, solidaria, libre y liberadora en la praxis por la justicia con las víctimas, con los crucificados, oprimidos y pobres del mundo.

El sentido y felicidad de la humanidad e historia no es el tener e interés individual ni el dinero, sino esta solidaridad en la comunión de vida, bienes y causas por la justicia con los pobres. Por ello, los pobres con espíritu, los empobrecidos, los pueblos crucificados y sus mártires que luchan por la justicia: son luz, verdad y salvación para el mundo.

Ellos traen la liberación integral de toda esta idolatría, mal, pecado, muerte e injusticia que en la fe nos trasciende a la Gracia salvadora y liberadora de Dios. Tal como se nos revela en Jesucristo Pobre, Crucificado y Resucitado por el Reino de Dios con su justicia. El Dios de la vida, de la paz y de los pobres, el Dios de la salvación liberadora con la trascendencia de la esperanza en la tierra nueva y los cielos nuevos, en la vida plena y eterna.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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