Documentos del archivo Francisco Suárez de la Universidad Loyola Andalucía.

Moral Social y Teología Pública

Un grupo de investigadores de los departamentos de Humanidades y Filosofía y de Derecho de la Universidad Loyola Andalucía, encabezado por el profesor Juan Antonio Senent, han iniciado un proyecto de investigación, cuyo principal resultado será la difusión de los Tratados Morales del jesuita Francisco Suárez,  que nos parece una interesante e importante iniciativa.

Ya que creemos imprescindible la memoria, la actualización del legado de pensamiento, filosofía y teología de autores esenciales. Tales como Suárez u otros ligados, por ejemplo, a esta escuela de Salamanca como F. Vitoria, etc. Tan relevantes para la historia de la cultura, como es la ética o el pensamiento social y político.

Efectivamente, estos pensadores, y en general el pensamiento y teología de inspiración cristiana o católica, han aportado mucho y bueno a la razón, la cultura. Y pueden seguir posibilitando este diálogo tan fecundo de la fe con la razón y la cultura. Para servir al bien común y a la fraternidad solidaria, a la paz y la justicia con los pobres. Aportando así a la promoción de estos valores comunes, de una ética civil o cosmopolita-global, para ese mundo más justo y fraterno.

Como muestran dichos autores u otros de diversas escuelas, como la jesuita o la dominica, la fe y la teología tienen un carácter constitutivamente social y público, ético-político y transformador. En el servicio del bien más universal, el bien común y la justicia liberadora con los pobres de la tierra, de la renovación de la sociedad y de un mundo más fraterno como Dios quiere. La civilización del amor, que nos vaya liberando de todo mal e injusticia.

En este sentido, la fe y la teología es “memoria, compañía y profecía” (B. Forte), es la memoria passionis, subyugante y subversiva, de Jesús Crucificado-Resucitado por el Reino de Dios y su justicia liberadora.

En esta línea, en nuestra época, pensadores y teólogos tan relevantes. Como son Metz y Moltmann en Europa o los jesuitas Ellacuría y Scannone en Latinoamérica, por ejemplo, han propuesto toda esta teología pública y socio-política, transformadora y liberadora con las víctimas, oprimidos y pobres de la tierra.

Una fe y teología en la sociedad-mundo e historia que sea la reserva y aguijón escatológico-profético ante todo sistema poder e imperio: que quiere absolutizarse e imponerse sobre todo; que convertido en falso dios e ídolo, quiere sacrificar a las víctimas o pobres a un supuesto progreso o beneficio, que exige siempre sufrimiento, mal e injusticia sobre los oprimidos de la historia.

Esta teología pública con su moral social, como mostrara de forma similar Suarez, es conciencia crítica y humanista, antropológica y moral ante las leyes o autoridades que no respetan el bien común y la justicia, los derechos y la dignidad de las personas o pueblos. Una teología realmente católica, universal y solidaria a nivel mundial e internacional. Y que pretende la resistencia transformadora sobre estas autoridades o leyes que, por ser injustas e impedir el bien común, no hay que obedecer; hay que resistir u oponerse a ellas, para cambiarlas o sustituirlas por unas más justas.

Teología pública

Una teología pública y política que no es, pues, imparcial o aséptica. Sino que opta y se compromete por las víctimas, por los pobres y oprimidos. Con una solidaridad asimétrica y una justicia liberadora ante tanto mal, desigualdad e injusticia que padecen los crucificados y empobrecidos de la historia. Una teología pública, inteligente e interdisciplinar.

Con el empleo de las mediaciones o expresiones de la razón e inteligencia. Tales como la filosofía o las ciencias sociales y humanas. Para buscar comprender, analizar y valorar o discernir crítica-éticamente los signos de los tiempos. Desde la clave hermenéutica de los pobres, de los pueblos crucificados como signo esencial y permanente. Aquellas relaciones humanas, cultura y estructuras sociales, sistemas económicos y políticos (laborales, comerciales, financieros…): que causan todo este dolor,  mal e injusticia; en forma de hambre y pobreza, de paro y explotación laboral, de guerras y violencias, de la ausencia de un verdadero desarrollo humano, social y ecológico…

Esta teología pública, política y profética, por tanto, ejerce la denuncia de la injusticia y de la mentira que la encubre. Con estos falsos dioses del poder y de la riqueza, del ser rico y poderoso, de la dominación y violencia, del mercado y del capital convertidos en ídolos. Y, a la misma vez, anuncia o desvela la verdad en la justicia liberadora con los pobres de la tierra, en la promoción de la vida y dignidad de las personas o pueblos.

Una teología pública, social y ética-profética que promociona e instaura los valores o principios básicos. Tales como la civilización del amor fraterno y la pobreza solidaria que comparte la vida, los bienes y las luchas por la justicia con los pobres de la tierra. En contra del ídolo y esclavitud de la civilización de la riqueza, del ser rico, del poseer y tener por encima de este ser solidario que comparte hasta de lo que necesita para vivir, hasta dar la vida por los otros, por la justicia liberadora con los pobres.

La civilización del trabajo por encima del capital, la dignidad de las personas y trabajadores con sus necesidades, con sus derechos- como es un salario justo-, que está  siempre antes que la ganancia, que la acumulación del beneficio y del capital. El destino universal de los bienes que tiene la prioridad sobre la propiedad privada. Ya que dicha propiedad, por su carácter social y solidario, no es un derecho absoluto e intocable sino que está subordinado al derecho y valor principal de esta justa y universal distribución de los bienes, de cualquier recurso.

Economía social

La socialización de la empresa y los medios de producción, con una economía social-cooperativa, frente a la falta de democracia y ética empresarial. Con una verdadera responsabilidad social corporativa, en la co-gestión de los trabajadores y ciudadanía en la marcha o destino de la empresa, al servicio del bien común.

Como se observa, esta teología pública-profética es anti-imperialista y va en contra de la religión e ideología burguesa. Con la crítica y deslegitimación de los sistemas, totalitarios e injustos, que han asolado nuestra época. Como es el (neo-)liberalismo economicista con su individualismo posesivo, el capitalismo que por esencia es injusto, inhumano e inmoral con su negación de una antropología y ética solidaria, que rechaza la justicia e igualdad.

Y esa mala respuesta al capitalismo que ha sido el comunismo colectivista o colectivismo, que impide la libertad y la participación democrática ya que, en realidad, es un elitismo burgués y un materialismo-capitalismo de estado. Toda esta teología pública y moral, tal como la hemos expuesto hasta aquí, se manifiesta claramente en la conocida como Doctrina Social de la Iglesia.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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