Ciencia social crítica y metafísica en diálogo con la teología política

Por el 1 julio 2016
Reflexión sobre las diversas posturas acerca de la teología política.
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En los estudios actuales de las ciencias sociales y de la filosofía, se va subrayando la necesidad de que la realidad social se abra a la metafísica. Esto es, una ciencia social y su estudio de la realidad, humana e histórica, con una apertura al sentido global, trascendental y trascendente de la existencia, al ser y naturaleza  humana.

Siguiendo a Weber y a la escuela Frankfurt (Horkheimer Adorno, Benjamin, Habermas…), a lo más valioso de la fenomenología con Husserl y de la hermenéutica con Heidegger, la modernidad con su desencantamiento del mundo”, por obra de la razón formal e instrumental, vació de sentido y trascendencia la realidad social e histórica.

La técnica o el derecho, la política y la economía se separaron o aislaron de la esfera ética y carismática-espiritual, de los fines o valores últimos que le dan sentido, como es la justicia y memoria con las víctimas. 

Lo que produjo la dominación de la naturaleza y del ser humano, la explotación e injusticia del hombre por el hombre, el mal y opresión con las víctimas generada por esta razón tecnocrática e individualista. Dicha razón burguesa, individualista e instrumental convirtió al mundo en una jaula de hierro que aprisiona, domina y coloniza al mundo de la vida.

La teología política

Es el dominio del estado o la política y del mercado-economía sobre la verdad y la justicia, sobre la ética y vida de las personas, de las comunidades. Estas patologías de la modernidad, en su rechazo del sentido ético-trascendente que cosifica e instrumentaliza a la naturaleza y a las personas, son constitutivas de las ideologías dominantes. Como el liberalismo económico, el capitalismo y el comunismo colectivista o colectivismo que, rechazando la ética o la justicia y la trascendencia, imponen los sistemas administrados-técnicos y utilitaristas, el estado y el mercado, sobre la vida de las personas y los pueblos.

Todo este diagnóstico de la pérdida del sentido y trascendencia que da consistencia a la realidad social e histórica, fue abordado, asimismo, por autores que lo situaron en el ámbito de la teología política. Es conocido el debate entre C. Schmitt y otros autores como Taubes, Benjamin o Peterson que afrontaron esta cuestión. Con diferentes y, hasta, opuestas salidas o propuestas.

Schmitt insistió en el carácter teológico del derecho o la política que, tras la pérdida de sentido y fundamentación, carecía de legitimación o dominio. Lo que, como es obvio, corre el peligro de sacralización del poder, de la imposición del totalitarismo tal como acecha en la filosofía schmittnianiana.

Al contrario, por ejemplo, con sus estudios sobre Pablo, Taubes remarcó el sentido político de la fe y de la teología que es instancia crítica, deslegitimadora de todo poder, ya sea político y autoridad o ley, que quiere sacralizarse con un dominio totalitario, injusto  e inamovible.

Entender la teología política

Como se observa, son dos formas contrarias de entender la teología o la fe en relación con la política. Una, la de Schmitt, con una lógica conservadora-teocrática que justifica el poder o la autoridad que se convierte en sagrado, en un nuevo dios e ídolo al que hay que obedecer idolátricamente.

La otra, con Taubes, que se continua o profundiza con W. Bejamin, que presenta a la religión y la teología como realidad profética-ética que impide la dominación y que todo poder se imponga sobre la justicia con las víctimas, que niegue la liberación de los oprimidos.

Es la justicia y la trascendencia de la fe o de la religión, que nos muestra la teología, interrumpe el progreso e historia que se hace a costa de las víctimas, deslegitima. Y niega al poder, la autoridad o ley que domina sobre los oprimidos. En la perspectiva de Benjamin y la escuela de Frankfurt, la teología es aquella realidad trascendente que se opone a todo mal, dominación e injusticia; que es crítica ante todo poder, sistema y ley que niega la verdad de la justicia liberadora con las víctimas u oprimidos.

El poder o sistema y ley se convierte en desorden establecido, pierde su legitimidad, cuando genera víctimas y oprimidos en orden a un supuesto “progreso”. Por su parte, Peterson desenmascaró todo intento de monoteísmo teocrático y político. Ya que el Dios cristiano es el Dios Uno y Trinidad, que no permite la legitimación e identificación de cualquier poder con lo trascendente y divino. Es el Dios de la vida trascendente, plena y eterna.

Esta ha sido la senda seguida por la teología política contemporánea, con Moltman o Metz en Europa y, con sus acentos diversos, I. Ellacuría, G. Gutiérrez, Scannone u otros en América Latina. Una teología pública y social desde la esperanza, compasión y memoria de las víctimas. Sensible al sufrimiento, mal e injusticia que con su reserva profética-escatológica es crítica ante todo poder o sistema injusto, que no tiene la última palabra.

Es una teología verdaderamente mesiánica y apocalíptica, que interrumpe el tiempo e historia del continuo poder establecido en la injusticia, que libera y salva en la justicia última desde los sin poder, desde las víctimas u oprimidos de la historia. Como muestran Metz y Benjamin. Una teología en la pasión de la realidad y de los crucificados de la tierra, en la salvación y liberación integral del mal, injusticia y pecado (personal y socio-estructural).

Desde el amor, la caridad política y la justicia con los pobres de tierra. Es el Dios de la vida desde el reverso de la historia y de la justicia con los pobres, que trae la civilización del trabajo y de la pobreza solidaria; frente a la del capital y de la riqueza, del ser rico, los ídolos que traen muerte. Como nos enseña Ellacuría y esta teología latinoamericana.

Necesitamos pues una filosofía metafísica crítica y social que, igualmente en la línea del personalismo con Mounier u otros autores, impulse la ética con su fundamentación antropológica, en la realidad histórica o global e integral. Y de esta forma que el derecho, la política y la economía se constituyan desde el ser, desde la realidad y vida solidaria de las personas.

Promocionando el ser personal y comunitario, la realidad personal y sociopolítica, la libertad y la justicia, la autogestión libertaria e igualdad. Con una trasformación y revolución personal, moral y económica/política que ética-proféticamente subvierte (revierte) las causas de los males e injusticias. Para transformar ética y efectivamente las raíces o sistemas que generan este mal e injusticia, para no legitimarlos y convertirnos en impasibles o cómplices de dicho mal, de este sistema opresor e injusticia.

Tal como nos transmite todo lo expuesto hasta aquí, la fe, la doctrina (enseñanza) social  de la iglesia y, actualmente, el Papa Francisco.

Agustín Ortega

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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