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Gustavo Gutiérrez, uno de los teólogos latinoamericanos más querido y significativos. Fuente de la imagen: http://blog.cristianismeijusticia.net

Teología y espiritualidad liberadora desde Gustavo Gutiérrez

El pensador y autor peruano Gustavo Gutiérrez, uno de los teólogos latinoamericanos más querido y significativos, ha cumplido 90 años. Por este motivo, el Papa Francisco le ha enviado una cordial y cercana carta, para felicitarle y valorar toda su fecunda contribución a la teología, a la iglesia y a la humanidad.

En este artículo, como memoria agradecida a Gustavo, desde el legado del teólogo peruano queremos presentar una teología y espiritualidad liberadora. Es una fe desde el principio-liberación, que transmite el amor fraterno de Dios hacia aquellos a los que se les niega: los pobres, excluidos y víctimas. El método (camino) de la teología es este Don (Gracia) del Amor de Dios, que sólo es digno de fe y que se realiza en la opción por los pobres como sujetos de la misión, de la justicia y la liberación integral de todo mal e injusticia.

Frente a todo egoísmo e individualismo, que solo se mueve por el interés con sus ídolos del poder y la riqueza, Dios con su Don gratuito del amor opta por aquellos que estas idolatrías del tener, propiedad y capital empobrecen y excluyen, por los pobres y oprimidos. Si en Europa se planteó como hacer teología o filosofía después de Auschwitz, en América Latina se realiza en el mismo Auschwitz, desde Ayacucho o El Mozote: ese lugar real del mal e injusticia que padecen los hambrientos y pobres del Sur.

Lo primero es esta praxis de la fe, la contemplación y la justicia con los pobres para transmitir el Amor de Dios a estos empobrecidos en el mundo: la realidad teologal (espiritual y social) donde es negada la fraternidad solidaria y la justicia liberadora. El Dios que se revela en Jesús es el Dios de la vida, que ama y hace justicia a los oprimidos, a las víctimas y a los pobres que son los que mueren antes de tiempo por todo este mal e injusticia; a los que se les impide la dignidad y el bien  común de los pueblos.

La teología según Gustavo Gutiérrez

La teología, como afirma bellamente Gustavo, es una carta de amor a Dios. Y el método teológico es, por tanto, esta espiritualidad de encarnación que bebe del propio pozo de la realidad de los pueblos con sus alegrías y sufrimientos, sus esperanzas e injusticias que padecen, su cultura y sabiduría (espiritual) popular.

Es una mística de los ojos abiertos, con la espiritualidad misericordiosa del buen samaritano que contempla y encuentra a Dios en el sufrimiento del inocente, del  explotado para hacerse prójimo de ese otro oprimido y promover la caridad política. Esto es, ese amor social que promueve la justicia con los pobres contra la desigualdad e injusticia de la pobreza.

La caridad política va a las causas de los problemas e injusticias que padecen los pobres, impulsando la liberación integral del mal, injusticia y pecado personal, social o estructural. Esas estructuras sociales e históricas de pecado que niegan la vida, la dignidad y los derechos a los pobres. Por ejemplo, con el individualismo posesivo de la propiedad que, como ídolo, niega el primer principio del destino universal de los bienes, la justa distribución de los recursos.

De esta forma, Gustavo expone una espiritualidad soteriológica que efectúa el don de la salvación en la realidad histórica, con una liberación simultánea e integral. La liberación política de las estructuras sociales injustas, de los sistemas políticos opresores y los mecanismos económicos inmorales que causan la inequidad de la pobreza y la miseria.

La liberación personal de la inhumanidad y alienación, que no quiere ser protagonista transformador de la historia y no cultiva la utopía en la esperanza. La liberación espiritual del pecado, del egoísmo (egolatría) que rechaza a los otros, a la humanidad y a Dios, dejándose esclavizar por los ídolos de la riqueza-ser rico, del poder y la violencia.

La salvación se va realizando ya en las liberaciones sociales e históricas y culmina en la vida trascendente, plena y eterna, en los cielos nuevos y tierra nueva. Por tanto, en esta mística de los ojos abiertos que se une a la caridad política, hay que ejercer el discernimiento en los signos de los tiempos: para valorar que realidades y mediaciones humanas, sociales e históricas pueden ir anticipando más el Reino de Dios y su justicia. Con la reserva escatológica, que impide que ninguna realidad de lo humano agote ni se identifique con el Reino, frente a todo totalitarismo y confesionalismo político.

Desde la teología de Gustavo se nos planeta una espiritualidad de las bienaventuranzas, de la felicidad en el encuentro con el Dios del Reino que trae la paz, el perdón y la justicia a los pobres. Y que, tras el seguimiento de Jesús, camina en el discipulado con la pobreza de espíritu. Esa existencia libre y liberadora en la pobreza solidaria con la comunión de vida, de bienes y luchas por la justicia con los pobres de la tierra.

En contra de las idolatrías del poseer y tener, que se ponen sobre el ser en la solidaridad fraterna. De ahí que esta fraternidad con el otro y universal lleva a la macro-caridad, en la búsqueda de la civilización del amor, de la globalización de la solidaridad, del trabajo digno y la paz frente a la del capital, de la guerra y la destrucción ecológica.

Tal como nos mostró todo lo anterior ese querido testimonio, tan estudiado por Gustavo, como es Fr. Bartolomé de Las Casas, pionero de los derechos humanos y del derecho internacional. Por todo lo anterior, le damos gracias a Dios y a Gustavo: por su amor a Dios, a la iglesia y a los pobres tal como nos muestra todo ello el Papa Francisco. Y con el deseo de que nos siga fecundado más, por muchos años, con su sabiduría teológica y espiritual.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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