Artículo de opinión sobre por qué hay que cultivar la presencia de la teología en la universidad

La Teología y la Universidad

Pablo VI afirmaba en 1975 que el gran drama de nuestro tiempo es la ruptura entre la fe y la cultura (Evangelii Nuntiandi, 20). En ningún lugar, se percibe más claramente esa ruptura que en la universidad, espacio oficial de creación de cultura de las sociedades modernas.

Se percibe porque en la universidad esa ruptura se hace no sólo rechazo o desprecio, sino que se concreta en planes académicos y en organización oficial del conocimiento.

A pesar de que la universidad actual proviene de los centros medievales de estudio de la teología, en los países de la Europa latina (Francia, Italia, España, Portugal), y en aquellos que siguen su modelo, la universidad no contempla el estudio de la teología al no considerarla una disciplina científica.

Llama la atención que las facultades de bellas artes nunca hayan sido puestas en cuestión aplicando la misma lógica. En España fue en 1852 cuando se expulsó a la teología de la universidad. La jerarquía eclesiástica española de aquel momento no midió bien las consecuencias de esta medida cuando la aceptó sin muchos problemas.

Teología en el mundo académico

Hoy en día, sólo se puede estudiar la teología académicamente en centros bajo régimen del Vaticano – como es el caso de la Facultad de Teología de Granada o la Universidad Pontificia de Comillas – que pueden funcionar gracias a los acuerdos Iglesia-Estado.

En ese sentido, el mundo académico oficial en nuestro país considera que el estudio de las fuentes y de la vida de una fe concreta, desde el presupuesto de la creencia, no es saber ninguno (alguien debió avisar de esto a Santo Tomás de Aquino antes de escribir la Suma Teológica). Esto hace al mundo académico ciego a la experiencia de fe, y al mundo eclesial permanecer al margen de muchos dinamismos de la vida académica, lo que implica un fuerte empobrecimiento de ambos.

Trabajar por cultivar las presencias de la teología en el mundo académico y conectarla al resto de la universidad es construir un puente entre esa fe y esa cultura cuya ruptura era un drama para Pablo VI. Supone también recordar a la universidad que la verdad del ser humano incluye una dimensión creyente – ya esté activa o no – sin la que éste no se puede explicar plenamente.

Supone, finalmente, recordar a la Iglesia que el mensaje del Evangelio es verdad para todo hombre y mujer, no sólo para aquellos que ya están dentro de ella.

Autor

Gonzalo Villagran SJ

Gonzalo Villagrán, jesuita, licenciado en ADE y doctor en teología. Profesor en la Facultad de Teología de Granada. Su empeño es llevar la teología al debate público y enriquecer éste con la sabiduría de la fe. Le preocupa la voz de la Iglesia en la sociedad pluralista y el diálogo interreligioso.

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