Sociología y filosofía crítica en el conocimiento

En nuestra época, existen abundantes publicaciones e investigaciones sobre la denominada teoría crítica, una corriente de filosofía y teoría social o sociología, que tiene como uno de sus exponentes más cualificados a la conocida como escuela de Frankfurt.

Esta escuela estuvo conformada por filósofos, pensadores e investigadores sociales como M. Horkheimer, T. Adorno o W. Benjamín y, posteriormente,  J. Habermas o A. Honneth con sus acentos y perspectivas propias.

Además, como se ha estudiado, está perspectiva de filosofía, pensamiento social crítico e incluso de teología se puede ampliar a autores y teólogos europeos  como J. Moltmann o J. B. Metz, a sociólogos como el norteamericano C. W. Mills y a pensadores latinoamericanos como E. Dussel o los jesuitas I. Ellacuría (filosofo y teólogo), I. Martín-Baró (científico social y psicólogo), dos de los conocidos mártires de la UCA, y J. C. Scannone, también con sus matices y enfoques singulares. El profesor Scannone, de la conocida como escuela argentina o del pueblo y que fue formador del Papa Francisco, ha estado en España.

Entre otros sitios en el Centro Arrupe de Sevilla, presentado por J. A. Senent, director del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Junto a estas dos conferencias, el citado departamento de esta Universidad ha organizado un Seminario de investigación en el que, bajo el título Justicia, Conocimiento y Espiritualidad”, participarán docentes universitarios. Todo ello muy apropiado para celebrar el 20 de Febrero, Día Mundial de la Justicia Social.

Seminario de filosofía y sociología crítica

Este título de dicho Seminario condensa, en muy buena medida, las perspectivas y claves de esta filosofía y teoría social o sociología crítica. Frente a la teoría tradicional, imbuida de un individualismo empirista-positivista y tecnicista sesgado, de una razón unidimensional como muestra H. Marcurse (otro de los integrantes de dicha escuela), la teoría crítica ofrece un análisis y conocimiento más global, histórico e integral. En donde se contempla y abarca la totalidad o globalidad de la realidad en su multi-dimensionalidad, con sus diversas dimensiones entrelazadas.

La persona con su razón, praxis y estructura social. El ser humano en la realidad cultural, social e histórica con sus sistemas económicos y políticos. Frente a la teoría tradicional y sus razón instrumental (positivista-tecnicista y burocrática-mercantilista), como se observa, la teoría crítica supone una cosmovisión global de la realidad. Una razón y conocimiento que busca la justicia social e histórica en los sufrimientos, contradicciones e injusticias que padecen las víctimas y oprimidos por el sistema social.

Frente a la teoría tradicional e individualista de la tradición liberal-economicista, del injusto capitalismo, como nos enseña Adorno, el dolor o sufrimiento es condición de toda verdad, y el verdadero conocimiento está iluminado por el anhelo de liberación integral, de sentido y justicia con las víctimas de la historia; lo cual se abre a la trascendencia.

Frente al individualismo e idealismo, en el verdadero conocimiento la primacía la tiene la realidad, no la idea. Una realidad que es material y humana, cultural, social e histórica, socio-estructural, política y económica, dinámica, trascendente y liberadora. El todo es mayor que la parte, y hay que impulsar un conocimiento que, sin dejar de contemplar lo local, tiene una mirada amplia y solidaria, universal y global de la realidad.

Y en donde se produce el conflicto humano y moral,  social e histórico: los poderes ideológicos y culturales, políticos y económicos causan dominación, opresión e injusticias sobre las víctimas, oprimidos y pobres de la tierra. La unidad es superior al conflicto, lo que significa asumir  dicho conflicto social e histórico sin dejarse atrapar por él- en el odio o venganza- , y transformarlo liberadoramente en la paz, fraternidad y justicia con los pobres.

Como se ve, en su raíz la teoría crítica nos presenta una razón o conocimiento comunicativo y compasivo, desde la com-pasión con el sufrimiento e injusticia, que se realiza en la verdad, solidaridad y justicia liberadora con las  víctimas y pobres de la historia. En esta compasión reside la capacidad de juicio crítico de la realidad, como le confesara Marcurse en su lecho de muerte a Habermas.

Justicia social

Es un conocimiento desde el principio miseri-cordia, llevar al corazón la miseria e injusticia que padece al otro, desde la contemplación e inteligencia del amor en la acción social por la justicia liberadora con el pobre.

Como se observa, se presenta todo un conocimiento y método (camino) para analizar la realidad, que desde esta inteligencia espiritual, social e histórica contempla el don y la alteridad del otro, de lo real. Es el ver y hacerse cargo de de la realidad, de su materialidad-corporalidad  y globalidad en sus mediaciones socio-analíticas (ciencias sociales), culturales, políticas y económicas.

El juzgar (valorar) y cargar con la realidad, donde se discierne y asume compasivamente lo negativo, el sufrimiento e injusticia de los otros, el signo permanente que son los pueblos crucificados por la opresión y muerte injusta. Y el actuar y encargarse de la realidad, la praxis social y liberadora que transforma la realidad en la justicia con los pobres de la tierra.

Tal como se observa, es un método ana-dialectico donde la afirmación de la alteridad del otro y de lo real (el principio y fundamento) inter-acciona: con lo negativo de la historia, con la injusticia, el mal y el pecado de los crucificados de la historia; y se supera liberadoramente en la eminencia de la trascendencia, en el más (Magis) de la humildad o pobreza solidaria frente al mal o pecado del poder y de la riqueza, en la contemplación que acoge el don, el regalo del amor que entrega y comparte mutuamente la realidad, la vida y los bienes. Como nos enseña lo valioso del pensamiento tomista y la espiritualidad ignaciana.

El conocimiento se enraíza, pues, en la vida, en la defensa y promoción de la vida en toda su globalidadad. El conocimiento más real y profundo se da en esta praxis social y liberadora, en el protagonismo de los pueblos y pobres de la tierra. Con su diversidad de culturas y tradiciones morales  o sociales, espirituales y religiosas, su piedad o religiosidad popular, que expresan tantos valores y proyectos de vida solidaria y liberadores.

El tiempo es superior al espacio, y se trata de conocer en la participación y acompañamiento de estos procesos o proyectos emancipadores de los pueblos. Con sus culturas solidarias, espirituales y liberadoras que buscan más vida y dignidad, justicia, alegría y felicidad; frente al cortoplacismo, elitismo y espacios de poder.

Como nos muestra W. Benjamín, es el tiempo mesiánico que interrumpe el sistema establecido que causa el mal e injusticia de las víctimas de la historia. Y donde se cuelan las chispas mesiánicas que prenden el estatus quo, el estado de excepción en el que viven los oprimidos de la tierra.

Es el Káiros a contracorriente de la historia, en la memoria compasiva con las víctimas que claman justicia y que convierte el tiempo en estado de excepción, en pasión urgente y transformadora de la injusticia y violación de derecho de las víctimas.

El conocimiento se abre a la redención mesiánica, a la justicia liberadora con los pobres, a la teología, espiritualidad y trascendencia de que la injusticia y la muerte no es lo último; que el verdugo no triunfe sobre la víctima. Con un anhelo de sentido y justicia plena.

Como nos muestra otro pensador afín, E. Bloch, pensar es trascenderse, en un principio-esperanza, que se abre a un futuro mejor, con más dignidad y justicia Y es que el pensamiento que no se decapita se abre la trascendencia (Adorno), a la vida plena, eterna como esperamos desde la fe. Se observa así la fecundidad de la filosofía y teoría social crítica que posibilita el dialogo fe-cultura-justicia, como nos enseña la teología, su pensamiento social y el Papa Francisco.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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