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La naturaleza humana y ley natural han generado un debate complejo sobre aspectos que son claves para comprender a la persona con su antropología y ética.

Sociología de la religión, teología y filosofía del desarrollo

En la Universidad Loyola Andalucía se han efectuado dos actividades muy relevantes. La primera, una conferencia del profesor José Casanova. Uno de los autores más significativos en el área de la sociología de la religión y la teología, con libros y publicaciones muy destacadas. Durante su conferencia, le acompañó en la mesa J. A. Senent, profesor y director del Departamento de Humanidades y Filosofía. En donde realizo mi actividad como investigador externo.

La segunda, impulsada por la Comisión de Desarrollo y el Vicerrectorado de Investigación, con un Seminario sobre desarrollo inclusivo y sostenible. En él, han intervenido profesores y autores reconocidos como los jesuitas I. Camacho y R. González Fabre o el laico E. Ibáñez, docente de dicho Departamento.

Sociología de la religión

En base a lo trabajado y expuesto en dichas actividades, en este artículo vamos a seguir tratando estas cuestiones. Empezando por la materia de la sociología de la religión, que nos muestra el inherente carácter social, público y político de la experiencia religiosa. El fenómeno religioso, expresado significativamente en las denominadas religiones monoteístas y proféticas, como el judaísmo y el cristianismo e islam, manifiesta una índole histórica y transformadora. Tal como, asimismo, nos enseña la fenomenología y filosofía de la religión.

La experiencia religiosa es clave en la vida humana desde su origen e historia como, igualmente, nos muestra la antropología. La religión trata de dar sentido y significado a la existencia humana mediante la vida simbólica, cultural, moral y espiritual por la que nos podemos ir liberado del caos o mal del sufrimiento, muerte e injusticia.

Más allá de sus patologías como el fanatismo e integrismo, u otras asociadas a la psique, la vivencia religiosa ha sido y es una realidad que puede contribuir a la humanización y a la salud integral. En la responsabilidad y compromiso liberador por un mundo más justo, pacífico y fraterno como nos siguen transmitiendo todas estas ciencias de las religiones, por ejemplo, la psicología. Así lo muestran tantos testigos de esta experiencia espiritual. Por ejemplo, Francisco de Asís e Ignacio de Loyola o ya en la edad contemporánea G. Rovirosa, C. de Foucauld,​ E. Mounier, L. Milani, S. Weil, L. Proaño, Mons. Romero, I. Ellacuría, I. Martin-Baró con sus compañeros jesuitas mártires de la UCA. Y un largo etc.

La sociología de la religión nos enseña como el cristianismo originario con Jesús de Nazaret y su comunidad (iglesia), junto a sus seguidores como todos estos testimonios ya mencionados, han promovido la fe, el amor, la justicia y el desarrollo humano, liberador e integral.

Lo más valioso de este cristianismo originario e histórico ha fecundado movimientos sociales, emancipadores y liberadores de los distintos imperialismos y dominaciones de la historia. El monástico frente al imperio romano y el mendicante contra el sistema feudal. La escuela de Salamanca con el jesuita F. Suarez, Bartolomé de las Casas u otros Obispos de la época, contra el colonialismo de la conquista de las Américas.

Diversas instituciones y congregaciones religiosas como jesuitas, paules o salesianos que junto al movimiento obrero, apostólico (JOC o HOAC) y personalista fueron pioneros e impulsores de los derechos sociales; en oposición al capitalismo. La iglesia latinoamericana y sus comunidades bases con su espiritualidad liberadora, en contra del neoliberalismo y capitalismo global.

Humanismo, filosofía y pensamiento social

Todo este cauce espiritual, cultural y liberador ha generado todo un  humanismo, filosofía y pensamiento social cristiano. Con corrientes como el mencionado personalismo y la teología-filosofía latinoamericana liberadora, que se han fecundado junto a la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).

Este pensamiento y DSI han sido pioneros y artífices de una enseñanza cualificada sobre el desarrollo. Ahí tenemos el magisterio social de las Papas como San Juan XXIII (MM y PT) y el Vaticano II (GS), el Beato Pablo VI (PP) junto al P. Lebret, San Juan Pablo II (SRS), Benedicto XVI (CV) y el Papa Francisco (LS).

Toda esta filosofía y pensamiento social, junto a la DSI, nos ha mostrado un desarrollo: integral, que incluye todas las inherentes dimensiones del ser humano; y solidario, que abarca a toda la humanidad, con todos los pueblos de la tierra. En la línea de autores relevantes de esta materia del desarrollo humano como el mismo P. Lebret, D. Goulet, L. Razeto, el Nobel de economía A. Sen, M. Max Neef, A. Elizalde….

Todo este pensamiento social y DSI hace una crítica a un desarrollismo economicista, mercantilista, productivista, consumista, injusto e insostenible, que impone un crecimiento insustentable.

Frente al neoliberalismo y el capitalismo, es un desarrollo humano (humanista) e integral que pone en primer lugar la vida, dignidad y protagonismo de las personas, los pueblos y los pobres. Promueve una economía ética al servicio de las necesidades y vida de los seres humamos, de todos los países, en especial de aquellos más empobrecidos como los del Sur.

Un desarrollo social y liberador en la mundialización de la solidaridad, la paz y la ecología integral con la justicia con los pobres de la tierra. En contra de la globalización de la guerra, la competitividad, la destrucción ambiental y el capital que está subordinado a la civilización del trabajo. Debe servir a estas necesidades y vida digna del trabajador, de toda persona con su comunidad social.

El trabajo, con los derechos de trabajador como es un salario justo, está antes que el capital y la propiedad que siempre están al servicio del destino universal de los bienes. Esta finalidad común de los bienes, con la justa distribución de los recursos, tiene la prioridad sobre la propiedad que es personal y, a la vez,  tiene una constitutiva dimensión social.

Es un desarrollo con un comercio justo que, a nivel político e internacional, establezca unas relaciones económicas con equidad frente al desigual intercambio de bienes. Una banca ética que de forma global acabe con la usura y especulación: de los créditos con sus intereses abusivos e injustos; de la bolsa con sus acciones que mercantilizan y especulan con todo, con bienes tan necesarios como las materias primas y los alimentos.

Hay que controlar y regular la economía y todo este mercado laboral, comercial y financiero a escala moral, cívica, política y global para terminar con toda esta usura, especulación e injusticia. Implementado una economía real, que posibilite los bienes necesarios e inversión ética para el empleo y la empresa con una economía social (cooperativa y del don), para el desarrollo humano, solidario, sostenible e integral.

Lo que supone una democracia real, ética, participativa y cosmopolita para la co-gestión responsable de todas las personas y los pueblos. Un eco-pacifismo que termine con las guerras e industria bélica, con un desarme global. El consumo justo, responsable y el de-crecimiento en la civilización de la pobreza solidaria.

Esto es, la comunión de vida, bienes y luchas por la justicia con los pobres. Frente a los ídolos de la riqueza-ser rico, tener, poder y violencia, del capital y mercado. Un diálogo y encuentro inter-cultural e inter-religioso para una ética mundial que, en la diversidad y unidad, contribuya a la civilización del amor, de la paz y la fraternidad.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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