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Sergio Fernández-Artamendi: «en España hay una escasa conciencia social del problema del consumo de alcohol en menores»

La sociedad científica Socidrogalcohol ha presentando recientemente, en sus XLVI Jornadas Nacionales y primer Congreso Internacional de la entidad, la creación de una red formativa de profesionales para la detección precoz de los problemas derivados del consumo de cannabis, ‘Cannared’.  El profesor e investigador en el Departamento de Psicología de la Universidad Loyola, Sergio Fernández-Artamendi, forma parte de esta red profesional, fruto de sus estudios y trabajos realizados en este ámbito. Fernández-Artamendi es Licenciado en Psicología y Doctor Internacional en Psicología por la Universidad de Oviedo. Ha desarrollado su carrera investigadora como doctorando en el Grupo de Investigación en Conductas Adictivas de esta Universidad, con quien colabora actualmente y ha trabajado como investigador externo en el Centro Biomédico en Red de Salud Mental (CIBERSAM).

Pregunta (P)-: ¿Es preocupante el consumo de cannabis en nuestro país?

Respuesta (R)-: Sí, es preocupante, porque España es uno de los países con más alto consumo de cannabis entre los jóvenes. Además la percepción de riesgo sobre el cannabis es baja, algo asociado en parte al confuso debate que a nivel internacional y nacional se está generando sobre la posible regularización de su consumo de distintas formas. El debate público se está generando en torno a un supuesto “cannabis terapéutico”; un concepto incorrecto que no tiene base científica como tal, pero que genera creencias erróneas en los jóvenes. De forma resumida, el cannabis está compuesto por diversas sustancias, y cada una tiene distintos efectos sobre la salud y la salud mental, muchos de ellos perjudiciales. Pero aún falta información sobre los efectos que cada uno de los componentes de esta planta tienen sobre nuestra salud, y por ello nace Cannared, con el objetivo de determinar y cuantificar con claridad cuáles son esos efectos y consecuencias para los distintos ámbitos de la salud, incluida la salud mental.

Ante las altas tasas de consumo en España, los diversos riesgos para la salud y la baja percepción de riesgo en los jóvenes, este tipo de estudios servirán para ayudar a los profesionales en atención primaria y en distintos ambientes sanitarios, a detectar de forma precoz el consumo problemático. Así podremos intervenir también de forma temprana.

«El debate público se está generando en torno a un supuesto “cannabis terapéutico”, un concepto incorrecto que no tiene base científica como tal, pero que genera creencias erróneas en los jóvenes».

(P)-: ¿Hay un perfil definido de consumidor de cannabis?

(R)-: No hay un perfil específico de usuario, pero quizás sí un perfil mayoritario. En adolescentes, sí se puede decir que su consumo está más generalizado entre chicos, aunque las chicas no se quedan atrás, y suelen ser más frecuente en jóvenes entre 15 y 25 años. Su consumo suele descender a partir de los 30 años. Con los datos que tenemos actualmente del último estudio sabemos que entre los consumidores, el 60% lo hace a diario, y con una mediana de gasto diario de tres euros.

(P)-: Hablando de adicciones en general, ¿una adicción implica una necesidad?

(R)-: El término adicción es complejo de definir porque una conducta adictiva es normalmente una conducta que comienza por una búsqueda del placer pero que a la larga suele generar consecuencias negativas. Aquello que se consume inicialmente por placer se termina haciendo con el objetivo de evitar encontrarse mal. Si esto sucede, es más probable que haya una pérdida de control del consumo, una dependencia, que es cuando ya se puede hablar más estrictamente de adicción o conducta adictiva. La dependencia aparece cuando se desarrolla tolerancia a la sustancia, de forma que tu cuerpo se adapta a ella. Por tanto, los efectos serán menores, y además si no la consumes aparecen síntomas de abstinencia, lo que desencadena las recaídas y la vuelta al consumo.

En el caso de los menores hay algunas diferencias porque suelen llevar poco tiempo consumiendo y no han desarrollado todavía una dependencia fisiológica importante. En esta población se habla también por tanto de consumo problemático o abuso, ya sea del alcohol u otras drogas. Esto se refiere a consumos excesivos, con intoxicaciones frecuentes, que interfieren en muchos aspectos psicosociales como el rendimiento académico, deterioro de relaciones familiares, concentración,  …. Y además de todo esto se suma el riesgo a nivel cerebral que conlleva el alto consumo de drogas en la adolescencia.

«antes de cumplir los 18 años prácticamente el 90% de los menores ya ha probado el alcohol, y en torno a la mitad, el cannabis»

(P)-: ¿Cuál es la droga que más se consume entre menores?

(R)-: La mayoría de la población comienza a consumir drogas entre los 10 y 20 años, y se suele empezar por tabaco y alcohol y después el cannabis. Más adelante suele aparecer la cocaína, el MDMA u otras sustancias. Lo más frecuente en adolescentes por tanto son los problemas de alcohol, cannabis y tabaco. Por ejemplo, antes de cumplir los 18 años prácticamente el 90% de los menores ya ha probado el alcohol, y en torno a la mitad, el cannabis.

(P)-: El consumo alcohol ¿es actualmente una etapa por la que pasan los adolescentes o es el inicio de un problema?

(R)-: Ahora mismo en España hay una escasa conciencia social del problema del consumo de alcohol en menores. Se consume mucho alcohol a edades muy tempranas y hay mucha tolerancia social. Está casi generalizado, y se percibe como “normal” el botellón. Sin embargo, el hecho de que sea “frecuente”, no debe hacernos considerarlo “normal”. El botellón incluye habitualmente un patrón que se llama consumo de atracón o binge drinking, que implica consumir muchas bebidas alcohólicas en poco tiempo. Esto genera una intoxicación alcohólica y es un consumo de riesgo que puede derivar en daños cerebrales y en otras consecuencias. Por ejemplo, la borrachera, y la resaca del día siguiente, interfieren en los estudios y en otros ámbitos, además de los riesgos asociados al estado de ebriedad, como los accidentes.

El problema en España es que hay una baja conciencia social de algo que realmente es problemático. Hace falta hacer más inversión en prevención; es muy probable que los menores pasen por esa etapa pero porque no se están poniendo las medidas suficientes para reducir o eliminar estos riesgos. Ni se invierte en prevención ni se controla adecuadamente la venta de alcohol a menores. Falta mucho por hacer.

«El botellón incluye habitualmente un patrón que se llama consumo de atracón o binge drinking, que implica consumir muchas bebidas alcohólicas en poco tiempo»

(P)-: ¿Qué papel juegan o deben jugar los padres en todo este entorno de adicciones?

Las variable familiar es determinante, porque la familia tiene la capacidad de prevenir el consumo, retrasar su edad de inicio, así como detectarlo y actuar una vez que sucede. Los padres son los principales actores en la vida de los menores hasta bien entrada la adolescencia. Por ello, uno de los factores de protección para el consumo problemático en los menores es el estilo parental, que los padres tengan una buena relación con los hijos, que tengan una comunicación fluida,  una relación de confianza, una buena monitorización de sus  hijos, que estén implicados en su educación en todos los aspectos. Si todo esto funciona es menos probable que aparezcan consumos, consumos problemáticos y consecuencias negativas.

Aquí hay que prestar atención a aquellos padres y madres que, quizás, no tienen todas las habilidades necesarias para gestionar estos riesgos de forma temprana, para monitorizar a los hijos cuando aparece el consumo, o incluso no manejan la información necesaria para discutir con ellos, para hablar con sus hijos de las drogas. Esto incrementa el riesgo de que los menores consuman sin control, que se muevan en contextos en los que hay más drogas, consumiendo sin que los padres lo sepan, y por tanto sin que los padres puedan actuar. Todo esto incrementa el riesgo de que aparezcan aún más consumos y más problemas.

(P)-: ¿Quizás sea más necesaria la formación de padres que de hijos en este sentido?

(R)-: Efectivamente, la prevención familiar suele funcionar muy bien, es importante formar a los padres, incluso antes de que lleguen los chavales a la adolescencia, para ayudarles a que conozcan todas las herramientas necesarias para crear entornos y relaciones de protección. El objetivo es que el menor se enfrente a la adolescencia con todas las herramientas, y que los padres estén preparados para que cuando el menor comience a consumir puedan manejarlo y evitar que desemboque en consumos problemáticos.

De las necesidades más grandes que hay en España en materia de adicciones, y en la mayoría de países, es la prevención. Es una herramienta increíblemente valiosa y eficaz si se hace bien, con medios. Esto implica desde la prevención ambiental, que abarca las regulaciones adecuadas, el control del acceso de los menores, etc; la prevención familiar, que supone ayudar a las familias a que las relaciones con los hijos sean las mejores posible para que tengan todos los factores de protección posible que hemos comentado; y la prevención escolar, trabajando en los centros para reducir también allí los factores de riesgo. De esta forma cuando llegue la adolescencia, y los jóvenes se acerquen a las drogas, lo hagan preparados, y tampoco será un tema tabú, del que no se pueda hablar. Si es algo de lo que no se habla, o si los adultos no establecen los límites y los apoyos necesarios, los hijos terminarán consumiendo lo que quieren y los padres tardarán 1 o 2 años más de la cuenta en ser conscientes de estos consumos. Entonces puede ser tarde para actuar de forma preventiva

«De las necesidades más grandes que hay en España en materia de adicciones, y en la mayoría de países, es la prevención»

La clave está en que la prevención familiar suele funcionar muy bien si se hace de forma temprana, antes incluso de que llegue la adolescencia. Sin embargo, también sabemos que cuando se ponen en marcha programas de prevención, las familias que acuden son las que menos lo necesitan. Son generalmente familias preocupadas por estos temas, concienciadas, muy interesadas en la educación de sus hijos. Lo que nos falta es llegar y mejorar la asistencia a esas familias que a veces no tienen ni el tiempo, ni los recursos, ni la posibilidad de acceder a un programa de atención familiar, cuando son precisamente las que más lo necesitan. Hace falta invertir más y acercar más la prevención a estas familias. La prevención es la gran olvidada en el ámbito de las adicciones, y sin embargo es una de las acciones más eficaces que hay.

Autor

Nuria López

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. nlopez@uloyola.es Twitter: @Nurialsanchez

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