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Jaime Loring SJ, - segundo por la izquierda- en la celebración del 50 aniversario de ETEA.

Semblanza del P. Jaime Loring Miró, SJ

De la sonrisa a la risa fuerte, Jaime cumplía bien lo de estar siempre alegre. Muchas veces había que explicarle los chistes pero cuando al fin los comprendía, la risa era sincera y sonora.

Muy distinto de su hermano Jorge, coincidía con él en la coherencia, en la espontaneidad, en no callarse nunca ante acontecimientos u opiniones discutibles, fueran buenos o malos. Brillante en sus estudios de Filosofía y de Economía, prácticamente toda su vida la dedicó a ser profesor, a enseñar en Córdoba, en ETEA y luego en la Universidad Loyola, con claridad y convicción y a llevar sus conocimientos de Economía a todas las personas e instituciones de la Compañía donde le pedían ayuda. Le dieron la medalla de oro de Andalucía, que tenía bien merecida.

Trabajó firme para sacar adelante a Iemakaié, la buena obra para ayudar a los discapacitados. También escribió un artículo semanal de opinión en el diario Córdoba, en el que defendía a los pobres y aprovechaba para introducir siempre una crítica fuerte, no siempre acertada pero siempre sincera, a la Iglesia.

Colaboró muchos años con la Universidad jesuítica de El Salvador: viajaba cargado de libros científicos, “por si los necesitaba allí para sus clases” y trabajó con Ellacuría y los jesuitas asesinados en aquella Universidad.

Cuando en sus últimos años no oía bien, a pesar del audífono, participaba activamente en la conversación del comedor, haciendo muchas preguntas y pidiendo muchas aclaraciones.

Sus familiares de Córdoba le han tenido siempre una verdadera admiración y respeto y lo han demostrado visitándolo con frecuencia durante estos últimos meses, cuando Jaime ya estaba en la enfermería de Málaga.

Un gran trabajador, un hombre que sabía reírse de sus propios defectos y de su obstinación a veces excesiva. Un gran compañero, un estupendo y original jesuita.

Descanse en paz.

Manuel Segura Morales, SJ, Córdoba. 12.01.2019

Queridos todos:

Ayer tarde, en Málaga, falleció Jaime Loring.

La mayoría de vosotros no lo conocisteis porque dejó de venir por la Universidad poco después de su fundación, pero para los que venimos de ETEA, Jaime es un mito, en el más puro sentido de la tercera acepción de la palabra, pues no es posible entender la Universidad Loyola Andalucía sin la figura de Jaime Loring, el director fundador de ETEA. Y es que Jaime fue el director de ETEA en sus momentos fundacionales, de 1963 hasta 1970, y, posteriormente, desde 1980 hasta 1989.

Estoy seguro de que para cada uno de los que lo conocimos hay un Jaime Loring, siempre una persona única. Permitidme que comparta con vosotros mi visión sintética de él en estos momentos, “mi Jaime Loring”.

Como director de ETEA, Jaime fue un visionario, animoso y creativo, inasequible al desaliento, exigente, resolutivo, … un líder carismático de un grupo de entusiastas que lo complementó haciendo posible el desarrollo de ETEA, su nacimiento en un primer momento y su primera gran expansión (la creación de la Diplomatura y la integración en la Universidad de Córdoba).

Como profesor fue un estudioso del mundo rural andaluz, un pionero en Contabilidad agraria y de sociedades (hizo un plan de contabilidad para el sector agrario y un complemento para el Plan General de Contabilidad) y uno de los primeros profesores españoles en sistematizar las Finanzas y la Dirección Financiera como asignaturas. Jaime, además, siempre tuvo una mentalidad profesional adelantada a su tiempo, pues en todo metía una perspectiva internacional y tecnológica.

Fue uno de los que inventó el concepto de cooperación universitaria construyendo, hace 30 años, los puentes con las Universidades centroamericanas, universidades en las que ha estado dando clase hasta hace muy poco. Más aún, si ya como director estableció los primeros contactos internacionales (con Francia, con Latinoamérica, con Argelia… con Israel), como director de Relaciones Internacionales sembró la semilla de los acuerdos con Universidades norteamericanas, al firmar el primer acuerdo de ETEA con Marquette y ser uno de los artífices de los primeros consorcios Erasmus. Incluso llevó a una Congregación General una primera propuesta para una red de Universidades de la Compañía. De igual forma, fue un avanzado a su tiempo en el uso de los ordenadores: ETEA tuvo uno de los primeros ordenadores de Andalucía y tuvo un papel muy activo en la creación de los primeros “Centros de Cálculo”, centros de computación, en los 70.

Junto a ese Jaime gestor académico, profesor, emprendedor (incluso empresario agrícola), internacional, tecnológico, etc…, hubo siempre un Jaime Loring comprometido con el avance de la sociedad de su tiempo. Un Jaime comprometido en la lucha contra la injusticia y la vulneración de los derechos humanos.

Un Jaime miembro del grupo fundador del Círculo Juan XXIII en Córdoba, amigo y protector de sindicalistas y opositores antifranquistas, siempre cercano a los movimientos obreros y agrarios del final del Franquismo. Un Jaime ciudadano activo en la Transición y en los primeros años de la democracia. Un Jaime conciencia crítica de su tiempo, en los medios y en su actividad diaria. Un Jaime comentarista político y columnista. Un Jaime que hundía las raíces de su compromiso social tanto en experiencias que le fueron marcando en su vida (la postguerra española, la Francia de los primeros sesenta, la visita a la Argentina de finales de los setenta, la Centroamérica en guerra de los ochenta), como en su vocación de jesuita. Un compromiso social y una vocación que le llevó en los últimos años a dedicar sus últimos esfuerzos a los más desfavorecidos en ONG como Iemakaie.

Jaime Loring no es entendible sin tener en cuenta su vocación, pues si hay una constante en su vida, más que su dedicación a la Universidad o su interés por todo lo que ocurría en el mundo, es la Compañía de Jesús. No es sólo que de niño fuera alumno en el colegio de El Palo de Málaga, es que entró en la Compañía con 16 años. Casi toda su vida, pues, Jaime Loring fue jesuita. Un jesuita de su tiempo, con una sólida formación, con un fuerte compromiso social, volcado en los demás, disponible, sensible…

Pero esta brevísima semblanza de Jaime estaría incompleta si no comparto con vosotros el Jaime exigente como jefe (“no estamos para tonterías”), el Jaime cercano ante el dolor, el Jaime mentor en los momentos difíciles, el Jaime relajado en una tertulia con una copa de vino de Montilla…

Desde el despacho que tantos años ocupó, en el que tuve con él una breve entrevista que marcaría mi vida, y emocionado por los muchos recuerdos que guardo de él, recibid un fuerte y dolorido abrazo.

Gabriel Pérez Alcalá, rector Universidad Loyola Andalucía
Sevilla, 12.01.2019

Autor

Loyola And News

Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía

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