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Mons. Romero y Pablo VI han sido declarados santos por el Papa Francisco.

La santidad de Mons. Romero y de Pablo VI ante la pobreza

Este domingo 14 de octubre, los queridos Mons. Romero y Pablo VI han sido declarados santos por el Papa Francisco. Ahora que ya estamos haciendo memoria del 17 de octubre, Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, esta canonización del Arzobispo mártir salvadoreño y del Papa que llevo a término el Concilio Vaticano II, nos permite abordar dicha realidad del empobrecimiento en el mundo.

Y es que, como ha recalcado Francisco en su homilía en la ceremonia de canonización, con su enseñanza y vida Mons. Romero y Pablo VI nos han dejado un legado fecundo para la existencia social, ética y espiritual. Lo cual posibilita afrontar el principal problema de la humanidad: la desigualdad e injusticia del hambre y la pobreza en nuestro planeta, generado por el egoísmo  e individualismo posesivo.

En la línea del pensamiento social cristiano y de la doctrina social de la iglesia (DSI), como nos está transmitiendo actualmente Francisco, Mons. Romero y Pablo VI nos muestran al Dios que se revela en Jesús. El Dios del amor y su Reino de fraternidad solidaria, paz y justicia con los pobres de la tierra que nos regala su salvación liberadora de toda esta egolatría e individualismo relativista con sus ídolos de la riqueza-ser rico, del poder y de la violencia.

Mons. Romero y Pablo VI sobre la justicia con los pobres

Frente a todo asistencialismo, paternalismo y elitismo, Mons. Romero y Pablo VI nos dejan claro que los pobres son los sujetos de su desarrollo y promoción liberadora e integral. Los empobrecidos son los protagonistas de sus procesos de emancipación y luchas por la justicia que se opone a todo mal, dominación e injusticia.

“El mundo de los pobres nos enseña que la liberación llegará en la medida en que, ellos mismos, son los actores y protagonistas de sus luchas y de su liberación, desenmascarando así la raíz última de falsos paternalismos” (Mons. Romero, Discurso por doctorado honoris causa, Lovaina).

Es “la verdadera opción por los pobres, de encarnarse en el mundo, de anunciarles la buena noticia, de darles una esperanza, de animarles a una praxis liberadora, de defender su causa y de participar en su destino… Éste es el prestigio de la Iglesia: sentir que los pobres la sienten como suya, sentir que la Iglesia vive una dimensión en la tierra, llamando a todos, también a los ricos, a convertirse y salvarse desde el mundo de los pobres, porque ellos son únicamente los bienaventurados. Los pobres le han enseñado a la Iglesia el camino verdadero. Una Iglesia que no se une a los pobres para hablar en contra de las injusticias que se cometen contra ellos, no es la verdadera Iglesia de Jesucristo” (Mons. Romero, Hom. 17- 02-80, 17- 02-80).

Ellos nos comunican ese amor solidario efectivo e inteligente que es honrado con lo real, que se hace cargo de la realidad social e histórica. Analizando y dando respuesta a las causas de los problemas sociales, como es la desigualdad e injusticia de la pobreza y el hambre.

Y es que si no se examina crítica-éticamente y se transforma profundamente las causas del mal de la pobreza, como sucede hoy, el hambre y el empobrecimiento no dejaran de cesar y aumentar. Sin comprender y asumir claramente que los pobres deben de ser los autores de sus vidas, protagonizado su promoción personal y comunitaria con sus procesos liberadores e integrales, lo que se consigue es mantener el orden injusto establecido que causa crecientemente la pobreza y el hambre.

En esta acción social y solidaria madura, Mons. Romero y Pablo VI fueron a esta raíz del mal y pecado que genera la pobreza: este egocentrismo e individualismo posesivo con dichos ídolos de la riqueza-ser rico y del tener, que se ponen por encima del ser persona en la solidaridad y lucha por la justicia con los pobres; estas idolatrías de la codicia y de la propiedad por encima del bien común, los falsos dioses del capital y del mercado que sacrifican al ser humano en el altar del beneficio.

“Este es el gran mal: la riqueza, la propiedad privada como un absoluto intocable y ¡ay del que toque ese alambre de alta tensión, se quema!” (Mons. Romero, Hom. 12 -08-1979).

De esta forma, Mons. Romero y Pablo VI hicieron una denuncia y crítica profética de los imperialismos e ideologías que causan todo este mal y desigualdad de la pobreza. Tales como el liberalismo económico con el capitalismo y esa mala respuesta a este sistema capitalista, el comunismo colectivista o colectivismo.

“Cuando se le da pan al que tiene hambre lo llaman a uno santo, pero si se pregunta por las causas de por qué el pueblo tiene hambre, “lo llaman comunista, ateísta”. Pero hay un ateísmo más cercano y más peligroso para nuestra Iglesia: el ateísmo del capitalismo cuando los bienes materiales se erigen en ídolos y sustituyen a Dios (Mons. Romero, Hom. 1 5 -09- 1978). Y es que, frente a la teología idólatra de la prosperidad, afirma Mons. Romero que “muchos quisieran que el pobre siempre dijera que es “voluntad de Dios” que así viva.  No es voluntad de Dios que unos tengan todo y otros no tengan nada.  No puede ser de Dios.  De Dios es la voluntad de que todos sus hijos sean felices” (Hom. 15-09-78).

Mons. Romero y Pablo VI sobre la justa distribución de los recursos

En esta línea, Pablo VI crítica y rechaza proféticamente al “capitalismo que ha sido la causa de muchos sufrimientos, de injusticias y luchas fratricidas….Un sistema que considera el lucro como motor esencial del progreso económico; la concurrencia, como ley suprema de la economía; la prosperidad privada de los medios de producción, como un derecho absoluto, sin límites ni obligaciones sociales correspondientes.

Este liberalismo sin freno, que conduce a la dictadura, justamente fue denunciado por Pío XI como generador del «imperialismo internacional del dinero». No hay mejor manera de reprobar tal abuso que recordando solemnemente una vez más que la economía está al servicio del hombre” (PP 26). El Papa va a la raíz del mal del capitalismo, su ideología del liberalismo economicista, que niega la regulación ética-política del mercado, de la economía y del trabajo. Manipulando la verdadera libertad que se realiza en la conciencia moral, en la justicia social y en el bien común universal  (PP 58-59).

Mons. Romero y Pablo VI afirman así los principios, valores y claves de la tradición y DSI. El principio y valor clave de la economía, el destino universal de los bienes que, con la justa distribución de los recursos, está por encima de la propiedad. Siguiendo a los Padres y Doctores de la Iglesia, enseñan que Dios ha destinado los bienes para todos y, por tanto, la riqueza-ser rico es inmoral e injusto.

Ya que se acumulan los bienes en pocas manos, a costa de no distribuir con equidad estos recursos que pertenecen los pobres y se les roba, causándoles la muerte (PP 23, 48-49). Se impone pues “la idolatrización que se hace de la riqueza, de la propiedad privada absolutizada en el sistema capitalista, del poder político en los regímenes de seguridad nacional en cuyo nombre se institucionaliza la inseguridad de los individuos (IV Carta Pastoral, nn. 43-48)” (Mons. Romero, Discurso por doctorado honoris causa, Lovaina).

Frente a estos ídolos, ellos nos manifiestan la existencia de la santidad en el amor fraterno y la pobreza solidaria con la comunión de vida, de bienes y de acción en la lucha por la justicia con los pobres. Y defienden la clave del trabajo, la dignidad del trabajador con sus derechos como es un salario justo, que está antes que el capital; con una empresa ética como comunidad humana, social y solidaria (PP 27-28).

Por todo ello, por toda esta enseñanza social y vida moral con la honradez de la santidad, le damos gracias a Dios y a nuestros santos como nos testimonia hoy Francisco, que quiere una iglesia pobre con los pobres como fue la voluntad de Jesús Pobre-Crucificado.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

Comments

  1. Excelente enseñanza de Mons. Romero y del papa Pablo VI. dan buena enseñanza a la Sociedad, en especial a esos politicos y terratenientes idolatras.

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