Sandra Racionero, directora del Departamento de Psicología.

Sandra Racionero: “La crisis ha erosionado de forma notable las relaciones humanas”

La violencia de género, el bullying o el acoso laboral, las relaciones tóxicas, en definitiva, y su prevención en todas las edades y contextos, son cuestiones trascendentales, con desenlaces a menudo dramáticos, sobre los que los medios de comunicación, las Administraciones Públicas y organizaciones de todo tipo, no suelen poner el foco de la ciencia.

Por ello, hemos querido hablar con Sandra Racionero, directora del Departamento de Psicología de la Universidad Loyola Andalucía, para abordar estas cuestiones, tan relevantes para el desarrollo humano positivo individual y social, desde la evidencia científica, muchas veces alejada del fundamento de las respuestas que se están dando actualmente a estas problemáticas.

Sandra Racionero es, asimismo, investigadora Ramón y Cajal en el Departamento de Psicología de la Universidad Loyola Andalucía, coordinando la línea de investigación en “Memoria, lenguaje y cognición” afiliada al Laboratorio de Neurociencia Humana de la Universidad. Con un Máster y un Doctorado doble en Psicología por la Universidad de Wisconsin-Madison, donde fue Fulbright scholar y también docente, es secretaria del Comité de Ética de la Universidad Loyola Andalucía, investigadora principal del proyecto I+D MEMO4LOVE (2017-2019) y miembro activo de sociedades como la Psychonomic Society, la Cognitive Neuroscience Society y la Federation of European Neuroscience Societies.

Pregunta (P): La Psicología ha despertado en los últimos años un creciente interés entre el público, como lo muestra el hecho de que numerosos medios de comunicación cuentan con secciones dedicadas a estas cuestiones, que además se encuentran entre las más leídas y compartidas en redes sociales ¿a qué crees que se debe?

Contestaré de la mano de un “gigante” de la psicología, a quién admiro, no solo por su excelencia científica sino también humana: Jerome Bruner, quien nos dejó hace menos de un año a la edad de 100, pasando a ser uno de los autores más importantes de la historia de la psicología.

En ‘The Culture of Education’, un precioso libro que Bruner publicó a mediados de los 90, dedicaba su último capítulo, ‘Psychology’s next chapter’, a reflexionar sobre el futuro de la psicología. Bruner era muy contundente en ese texto. Decía que, si la psicología pretendía perdurar, tenía que ser útil a la sociedad y, para ser útil a la sociedad, debía pasar a estudiar los problemas sociales ‘reales’, de la gente ‘real’. Decía, la psicología debe preocuparse por la “intersubjetividad”. Eso quiere decir, por lo que sucede entre las personas, en la interacción social, en la cultura, porque nuestra mente surge y se desarrolla en la matriz de relaciones humanas situadas en el contexto social y haciendo uso de herramientas simbólicas de naturaleza cultural, como el lenguaje.

Hasta el momento, la psicología más tradicional había infravalorado el valor de la cultura, de lo social, focalizándose solo en los principios de la biología y olvidando los procesos interpretativos de creación de significado. De esa forma, se alejaba de comprender mejor la naturaleza humana, las conductas y los sentimientos más complejos. Entonces, tenía menos de lo que ahora llamaríamos ‘impacto social’, era menos útil a las personas corrientes para entender lo que les pasaba y ayudarles a mejorar.

“La Psicología se ha acercado a la ciudadanía, se ha empezado a preocupar profundamente por sus problemas y horizontes, por la psicología de la vida cotidiana”

Sin embargo, desde finales de los 90, la psicología ha dado ese ‘giro cultural’ al que se refería Bruner y, al hacerlo, se ha acercado a la ciudadanía, se ha empezado a preocupar profundamente por sus problemas y horizontes, por la psicología de la vida cotidiana. Por eso, ahora, la psicología es más útil a las personas, porque les da herramientas para entenderse mejor a ellas y a quienes les rodean, iguales y diferentes, e incluso poder entender mejor a aquellos en otros contextos geográficos y socio-culturales distantes. Esa psicología tiene sentido y las personas somos seres en búsqueda permanente de sentido.

Además, la crisis ha tenido un impacto importante en la erosión de las relaciones humanas. Ha aumentado la desconfianza, la violencia, la incertidumbre, etc, y eso dificulta el bienestar psicológico de las personas, empeora su salud mental y, para hacerle frente, las mejores relaciones humanas son imprescindibles, pero el daño en las mismas estaba siendo el origen de esos problemas. En este sentido, la crisis también explica una mayor búsqueda de respuestas en la psicología, entre otras fuentes, así como el auge de lo emocional dentro de la psicología.

(P): Uno de los problemas sociales más graves de la actualidad es el de la violencia de género y las cifras de agresiones en lo que llevamos de año parecen evidenciar que no acabamos de encontrar la solución a cómo atajarlo…

Ciertamente es un problema muy grave, muy preocupante desde el punto de vista humano y que cada vez se manifiesta en edades más tempranas. Las soluciones deben basarse en las mejores evidencias disponibles, que se encuentran en las revistas científicas de primer nivel mundial, como Violence Against Women, de primer cuartil JCR en su área.

Esas evidencias nos indican que la prevención es clave; hay que actuar cuanto antes y hacerlo en ‘la base del iceberg’, al nivel de las causas que subyacen a esa violencia. En ese sentido, hay dos cuestiones que constituyen un importante error en el tratamiento del tema en España y que contradicen la evidencia.

En primer lugar, centrar el debate en las relaciones de pareja estable. Las investigaciones de referencia internacional en violencia de género indican que la violencia de género se produce en todo tipo de relaciones, estables y esporádicas y, de hecho, en la adolescencia se produce más en las primeras relaciones, muchas de ellas, no estables o lo que la literatura científica ha denominado ‘dating violence’.

Si el debate se centra solo en la violencia de género en parejas estables, no estamos visibilizando la mucha violencia que se produce los fines de semana en contextos de ocio y festivos y en relaciones esporádicas y, al no hacerlo, no estamos ayudando a las víctimas de esas relaciones e incluso, podemos empeorar la situación.

“Es muy grave error decir que el problema de la violencia de género en la adolescencia es soñar con el ‘amor ideal’. No existe ninguna evidencia científica que lo indique”

En segundo lugar, es muy grave error decir que el problema de la violencia de género en la adolescencia es soñar con el ‘amor ideal’. No existe ninguna evidencia publicada en revistas científicas de impacto que indique que una relación basada en el ‘amor ideal’ (ausencia de violencia, sinceridad, igualdad, respeto, confianza, enamoramiento, amistad y pasión al mismo tiempo) cause violencia de género. Lo que sí existe es evidencia de lo contrario.

Sí existen muchas evidencias científicas de que relaciones basadas en la humillación, el desprecio, el engaño, etc., producen violencia de género y graves consecuencias en la salud mental y física. Cuando una adolescente sueña con el ‘amor ideal’, eso le protege de la violencia, porque el amor ideal es el polo opuesto a la violencia de género. Si se les continúa diciendo a las niñas y a las adolescentes que el romanticismo o soñar con el ‘amor ideal’ mata, si se les quita ese sueño, se les está llevando hacia las peores relaciones. Si realmente queremos prevenir la violencia de género, debemos basarnos en las evidencias científicas y abandonar ocurrencias; las consecuencias de unas y otras son radicalmente opuestas y, las de las ocurrencias, dramáticas.

En la línea de encontrar soluciones a esta problemática, las actuaciones de socialización preventiva de la violencia de género con niñas y adolescentes se están demostrando especialmente efectivas en la investigación, ya que les ayudan a hacer conscientes sus patrones de atracción y elección, a reflexionar críticamente y a discernir sobre ellos, favoreciendo elegir a quien les trata bien y no a quien les desprecia, porque el problema no son las relaciones afectivas ni su tipo, si no a quién se elige.

Nuria Gordillo, periodista del Servicio de Comunicación de la Universidad, y Sandra Racionero, durante la entrevista.
Nuria Gordillo, periodista del Servicio de Comunicación de la Universidad, y Sandra Racionero, durante la entrevista.

(P): Esta violencia de la que hablamos no se restringe, desgraciadamente, al entorno familiar, sino que los casos de acoso escolar también están a la orden del día ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Es violenta nuestra sociedad? ¿Se desarrolla poco la inteligencia emocional en la formación desde la niñez?

El bullying es otro problema muy preocupante. Las consecuencias del acoso en la escuela son dramáticas, muy graves. La infancia que es víctima de bullying sufre mucho, pueden desarrollar trastornos psicológicos como la depresión y sabemos que algunas y algunos llegan al suicidio. Es urgente que se apliquen las evidencias científicas para hacer frente a esta situación.

En este tema, iré de la mano de la “Guía de Yale” (The Yale Child Study Center Guide to Understanding your Child), basada en las investigaciones llevadas a cabo en el prestigioso Yale Child Study Center. Esta guía apunta cuestiones fundamentales para acabar con el acoso escolar. Una de ellas es que los adultos no den la espalda al problema, abrir los ojos, verlo y actuar. Esto está en consonancia con otros programas europeos que han sido estudiados como exitosos en el marco de la convocatoria Daphne de la Unión Europea. Si los adultos no actúan o no se ponen del lado de la víctima, se da fuerza al acosador y a quienes le apoyan, aumentando así la violencia.

Toda la evidencia científica recogida, indica que es fundamental posicionarse siempre al lado del niño o niña víctima (víctima de primer orden), así como de aquellos amigos y aquellas amigas que tienen la valentía de apoyarle y ayudarle y que, por hacerlo, pueden convertirse en víctimas de segundo orden. Este posicionamiento da el mensaje al resto del grupo de que hay un apoyo social a la víctima y no al agresor.

“Si queremos superar el bullying, las acciones en los centros educativos deben priorizar los mejores sentimientos de la humanidad, como la solidaridad y la amistad”

Otro factor protector fundamental que indican los estudios científicos sobre el bullying es la amistad. Las niñas y los niños que tienen buenos amigos y buenas amigas, tienen menos probabilidad de ser víctimas de acoso y, de serlo, sus amistades le harán de “escudo”. De hecho, muchos centros educativos en España aplican con enorme éxito el enfoque del “Club de los y las Valientes”, formado solo por aquellas y aquellos que denuncian acciones violentas en la escuela y se posicionan y ayudan (como un escudo) a la víctima de bullying. El posicionamiento de todo el grupo con la víctima desactiva al acosador. Todas estas acciones son la mejor educación emocional de las niñas y niños: enseñarles a escoger bien sus amistades, ayudar a quien sufre y denunciar la violencia y al acosador.

Sin embargo, muchos programas de educación emocional desvían el foco de atención hacia cuestiones no avaladas científicamente. Un ejemplo: el enorme énfasis en la emoción y el olvido de los sentimientos. Puesto que las emociones son respuestas mayormente inconscientes del organismo, la promoción de la emoción como opuesta a la conciencia, a la reflexión, supone dar vía libre y poder llegar a justificar conductas que pueden ser muy violentas ‘porque le sale de dentro a la persona’. Si queremos superar el bullying, las acciones en los centros educativos deben priorizar los mejores sentimientos de la humanidad, como la solidaridad y la amistad, y su reflexión asociada sobre qué persona y sociedad queremos ser; hasta la neurociencia nos dice que eso tiene la capacidad de reconducir ciertas emociones.

(P): Después de la familia y la escuela, el trabajo es donde más tiempo pasamos. En los contextos laborales, uno de los comportamientos que más perjudican al rendimiento de las organizaciones es la del denominado “tóxico/a” ¿Cuál es el perfil del compañero/a tóxico/a? ¿Cómo identificarlo?

La Harvard Business School ha trabajado este tema en profundidad y define “toxic worker” como aquellas y aquellos que dañan el rendimiento de las organizaciones a través de una conducta “tóxica”. Ese rendimiento se puede dañar no solo vía un trabajo de mala o baja calidad sino también a través de generar un clima tóxico en las relaciones sociales en la empresa y deteriorar así las relaciones humanas.

“En un momento en el que el trabajo en equipo, la colaboración, la organización por proyectos es el procedimiento de trabajo en muchas organizaciones a nivel global, la conducta tóxica que deteriora las relaciones humanas es especialmente nociva”

En un momento en el que el trabajo en equipo, la colaboración, la organización por proyectos es el procedimiento de trabajo en muchas organizaciones a nivel global, la conducta tóxica que deteriora las relaciones humanas es especialmente nociva. Por otro lado, por supuesto, un/a trabajador/a con cualquier tipo de conducta agresiva, de coacción y acoso hacia otros/as es siempre tóxico/a.

La clave, así, para su identificación, es centrarse en sus actos y en las consecuencias de los mismos sobre el bienestar de otros compañeros/as y en el de la propia organización, y responder rápido. Me recuerda esto ahora al título de un maravilloso libro que una buena amiga me regaló: “Más en las obras, que en las palabras” y que tanto nos identifica.

(P): ¿Qué pueden hacer las organizaciones para promover el bienestar y la felicidad de sus empleados?

La orientación de la comunidad científica en la actualidad es analizar “success stories” para tomar de referencia en nuestras acciones aquello que ya se ha demostrado que ha tenido éxito. En este sentido, si miramos a las mejores universidades y centros de investigación del mundo, incluidas las universidades de la Compañía de Jesús, encontraremos respuestas.

Por ejemplo, esas universidades, como la nuestra, tienen un claro “código de conducta”, en el que se detalla la conducta esperable de su personal acorde con los derechos humanos y otros principios democráticos que identifican a la institución. En nuestro caso, disponemos del importante y compartido ‘código de conducta de la Compañía de Jesús en España’.

Disponer de y velar por esos códigos de conducta y éticos es fundamental para promover el bienestar de las personas que forman parte de la organización y mejorar su rendimiento. La apertura, la tolerancia 0 a la violencia, la diversidad y la solidaridad son otros rasgos esenciales de esos centros de investigación y universidades de alto prestigio internacional, que precisamente lo son por combinar al mismo nivel la excelencia científica y la excelencia humana.

Autor

Nuria Gordillo

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. ngordillo@uloyola.es Twitter: @Nuria_GR

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