Sabiduría Ignaciana desde la Cátedra del Crucificado y de la realidad

Por el 23 marzo 2016
El 12 de marzo se celebra el aniversario de la canonización de San Ignacio de Loyola
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El Servicio de Evangelización y Diálogo de la Universidad Loyola Andalucía, celebró el día 9 de marzo mesas redondas bajo el título “San Ignacio ¿Te suena? Vivió el riesgo de amar y servir”El objetivo de estos encuentros fue acercarnos a la figura de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.Para conocerlo más, en el contexto de la celebración de la fiesta de San Ignacio en dicha Universidad, en recuerdo de su canonización.

San Ignacio es un ejemplo de ser persona, un testimonio de la fe católica y de la santidad a la que todos estamos llamados. Su vida y obra, con ese gran legado que nos dejó de espiritualidad y mística como son los Ejercicios Espirituales (EE), siempre vienen muy bien para la experiencia de la fe. Tal como es el tiempo más importante de la vida cristiana, la Semana Santa, en donde hacemos memoria, vivencia de la Pasión y Pascua de Jesús, el Dios Crucificado-Resucitado.

En este sentido, en el Domingo de Ramos, el Papa Francisco “nos pide que estos días miremos al crucifijo, la cátedra de Dios”, al tiempo que denuncia que “nadie quiere asumir la responsabilidad del destino de los refugiados”. Lo mismo que le pasó a Jesús que “sufre también la infamia y la condena inicua de las autoridades, religiosas y políticas: es hecho pecado y reconocido injusto”.

En estas palabras, del Papa se encuentra el corazón de la espiritualidad ignaciana. Tal como ha sido actualizado y profundizado, hoy, en la identidad y misión de la Compañía de Jesús, con sus Congregaciones Generales. En especial, desde estos tiempos con los testimonios de sabiduría y vida. Como son, por ejemplo, K. Rahner, P. Arrupe o en la Iglesia del Sur empobrecido, con los mártires jesuitas como L. Espinal, R. Grande al que se quiere ahora canonizar, I. Ellacuría, I. Martín-Baró y el resto de compañeros mártires de la UCA en el Salvador.

Sabiduría ignaciana en la vida cotidiana

Efectivamente, en la vida u obra de San Ignacio y de todos estos testimonios jesuitas, se encuentra todo un método (camino) de sabiduría humana y espiritual. En la línea de J.B. Metz, es una “mística de los ojos abiertos”, una espiritualidad de la vida cotidiana en el mundo como nos enseña Rahner.

Una mística y ética que “se hace cargo de la realidad” (Ellacuría), que es “honrada con lo real” como nos transmite J. Sobrino SJ. Tal como  muestra San Ignacio en su Autobiografía (A), con su experiencia en el Cardoner, es asumir la mirada espiritual y trascendente, por la que se contempla renovadoramente la realidad, honda e integral, en todos sus aspectos (A 31).

Es la experiencia de la mirada del Otro, del Dios Trinitario (A 28). La contemplación compasiva y comprometida de (con) la realidad, de sus sufrimientos e injusticia, donde se encarna el Otro, Jesús, y nosotros con Él. Y, de esta forma, se promueve el cauce liberador de este mal e injusticia que sufre la realidad (EE 102-109). Tal como hizo Dios en Jesús, mediante esta Encarnación en la pobreza, solidaria con los pobres y la exclusión que sufren los seres humanos.

Esta encarnación en solidaridad liberadora con los pobres: es la plenitud de la humanización, culmen de lo espiritual. Frente al mal o pecado de la riqueza y del poder, de la codicia y ambición (EE 111-116. 136-157). Como nos enseña el Papa Francisco (cf. EG 226-230), la primacía no la tiene la idea, sino el don la realidad y de los otros. La fraternidad y amor liberador con los pobres, que es donde hay que encarnarse, como hizo Jesús el Verbo de Dios.

Es la inculturación del Evangelio que se hace cultura y fe de los pueblos humildes, de los pobres, con su sabiduría y religiosidad popular que visibiliza la fe en la entrega, solidaridad y lucha pacífica por la justicia. Como nos enseña en esta línea el jesuita J.C. Scannone, que fuera formador del Papa, en la conocida como escuela argentina de la teología del pueblo, que tanto marcó a Francisco.

Como nos sigue enseñando el Papa, la totalidad siempre es más que la parte (cf. EG 234-237). En la actualidad, hay que promover la globalización de esta solidaridad fraterna y de la justicia con los pobres, de la paz y dignidad del trabajo, de las personas y la ecología integral; frente a la globalización neoliberal de la indiferencia, del capital y del ídolo del mercado-beneficio, de la violencia y de las guerras.

Sin dejar de considerar lo local, más en esta era de la globalización en la que vivimos, hay que abrirse a lo global de la realidad, a la realidad mundial e internacional. Vemos así que la libertad y dignidad, regalada por el Otro, por Dios (el Principio y Fundamento, EE 23). Y que es atacada por el mal o pecado personal e histórico, es posibilitada renovadoramente por la misericordia y compasión ante los crucificados y pobres (primera semana de los EE).

Dicha libertad es impulsada por este seguimiento del Otro, de Dios en Jesús, desde la plenitud de la vida fraterna y en la pobreza solidaria, liberadora con los pobres. En contra de la riqueza, del ser rico y del poder. Tal como culmina en la segunda semana de los EE con la Tercera Manera de Humildad (3MH), de amor pleno (EE 167-168), en una transformación de la vida, que nos libera del egoísmo e interés individualista (EE 189).

De esta forma, este conocimiento y seguimiento experiencial se realiza desde el “cargar con la realidad” (Ellacuría), en el “principio-misericordia” (J Sobrino), con la pasión del mundo, con los crucificados por la injusticia. Lo que manifiesta la pasión del Dios Crucificado, Jesús, el Amor y la Divinidad escondida, oculta al poder (tercera semana de los EE). Ya que este Amor Divino no emplea la dominación violenta. Sino el amor encarnado, solidario en los sufrimientos de los crucificados y pobres, para liberarnos del mal y pecado, de la violencia e injusticia (EE 196-197).

Así se realiza la verdad profunda, la real humanidad (cf. Jn 18-19). Y es que, como nos enseñó San Ignacio en su memorable carta a la comunidad de Padua, la misión de Jesús se realiza desde el servicio solidario en la promoción y liberación integral con los pobres u oprimidos de la tierra (cf. Lc 4, 16-22). En los pobres encontramos la amistad con Jesucristo Pobre y Crucificado (cf. Mt 25,31-46).

Tal como experimentó trascendentalmente Ignacio en la Storta (A 96), en comunión espiritual con el Crucificado y los crucificados. Lo cual se expresará en vivencia comunitaria, con sus compañeros, en la Compañía de Jesús, amigos en el Señor, desde el seguimiento de Jesús para servir y amar transformadoramente a la humanidad-mundo.

Es asumir que la unidad es superior al conflicto (cf. EG 226-230). Es el constitutivo carácter púbico, social y ético-político de la fe que se encarna y asume el conflicto (humano-social y teologal). Esto es, la lucha entre la gracia y el pecado, el bien y el mal, las estructuras sociales de pecado que causan la injusticia y desigualdad de la pobreza. Pero teniendo claro siempre que la lucha por la justicia con los pobres, desde el Evangelio, se hace de forma activa y no violenta; sin odio ni venganzas.

El tiempo es superior al espacio (cf. EG 222-225), y de lo que se trata es de que los pueblos con sus culturas y tradiciones espirituales, éticas etc. sean protagonistas de la vida y realidad en su proceso o devenir socio-histórico. El “encargarse de la realidad” (I. Ellacuría), el que los pueblos y los pobres son los sujetos activos, principales de la historia, de la fe y de la misión-salvación, protagonizan sus proyectos de promoción y liberación integral; frente a la tiranía del cortoplacismo y elitismo, de espacios cerrados y excluyentes que solo buscan el ansia de poder y riqueza. He aquí la sabiduría Ignaciana en la Catedra del  Crucificado.

Agustín Ortega

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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