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Rosa Colmenarejo: «La gestión de datos masiva crea incertidumbre, no sabemos muy bien cuáles son las reglas del juego»

Rosa Colmenarejo, profesora del departamento de Humanidades y Filosofía e investigadora de la Universidad Loyola, acaba de publicar con la editorial de la UOC su libro «Una Ética para Big Data. Introducción a la gestión de datos masivas», una lectura imprescindible para plantearse cuestiones que nos ayuden a entender mejor, o al menos intentarlo,  el mundo digital en el que nos movemos. El currículum de Rosa es solo un pequeño reflejo de su interés y preocupación por temas sociales, culturales y solidarios.  Doctora por la Universidad de Córdoba con la tesis “Fundamentos para la Gestión Turística Sostenible de la Fiesta de los Patios de Córdoba”, tesis que recientemente ha sido reconocida con el Premio extraordinario de doctorado de la UCO; Máster en Métodos de Investigación en Economía y Empresa por ETEA-Loyola;  Licenciada en Humanidades, en el itinerario de Filosofía, por la Universidad de Córdoba e Ingeniera Agrícola por la Universidad Politécnica de Madrid. A todo esto se le suma una  ditalata implicación en jornadas y proyectos relacionados con temas de ética, género y urbanismo.

Pregunta (P): ¿Cuál crees que es el dilema ético más destacable que plantea el almacenamiento de datos?

Respuesta (R): Creo que el dilema fundamental que surge en el entorno del Big Data es que está transformando lo humano, está cambiando el como nos relacionamos con el entorno y como lo comprendemos, cómo entendemos la realidad y cómo tomamos decisiones.  Hace llamadas a la ética porque tomamos decisiones en entornos en los que estamos desconcertados. Hay algo de incertidumbre, no sabemos muy bien cuáles son las reglas del juego, esos son los dilemas, podemos ponerle nombre pero este sería como el paraguas.

(P): En todo este escenario actual ¿qué es lo que podemos considerar o definir como privacidad?

(R): Cada vez es más difícil. Recientemente en una clase con  alumnos de Comunicación planteábamos los espacios de responsabilidad y hablamos del espacio privado, del espacio de intimidad, del espacio público y de los diferentes espacios públicos. Una alumna se quejaba de que ni siquiera en whatsapp iba a tener intimidad y claro que no, es que whatsapp es un espacio público, no es intimidad. Confundimos ahora mismo los espacios, no sabemos muy bien dónde estamos y creemos que por estar en una habitación de nuestra casa, conectados con nuestro teléfono, en la oscuridad de nuestra habitación, estamos en una espacio de la intimidad. No es así, estamos en un espacio público y es muy difícil llegar a distinguir las fronteras. Tenemos que repensar cuál es ese espacio de privacidad.

«whatsapp es un espacio público, no es intimidad. Confundimos ahora mismo los espacios, no sabemos muy bien dónde estamos y creemos que por encontrarnos en una habitación de nuestra casa, conectados con nuestro teléfono, en la oscuridad de nuestra habitación, estamos en una espacio de la intimidad»

El problema que se plantea ahora mismo es si seguimos pensando con las mismas claves que hasta ahora, con las claves de la modernidad y con las claves que arrastramos desde el siglo XVIII, cuestionarnos si eso nos sirve a partir de ahora. Muchos pensadores creen que no. Filósofos y filósofas como Rosi Braidotti que opinan que tenemos que estar pensando ya en otra clave, en una clave de post humanismo y confrontar que eso es una realidad y que es el primer paso para empezar a encontrar soluciones.

(P):  ¿Quién es el responsable de salvaguardar todos esos datos que vamos dejando durante nuestro paso por la red?

(R): En principio habría que ver lo que dice el contrato de cada una de esas plataformas sociales. Cada una de esas redes es una empresa privada, no son empresas públicas por lo que se mueven por intereses particulares. No buscan el bien común ni  un interés general. Asumen una responsabilidad pero también unos derechos sobre esos datos. Creo que más que de responsabilidad tenemos que plantearnos quién tiene derecho a utilizar esa información. La responsabilidad es en principio de las personas que aportan esos datos pero la realidad constata que muchas no son conscientes de que están emitiéndolos y diciendo tantas cosas de sí mismas.

«La responsabilidad es en principio de las personas que aportan esos datos pero la realidad constata que muchas no son conscientes de que están emitiéndolos y diciendo tantas cosas de sí mismas»

Las máquinas aprenden muy rápido y cada día nos sorprenden, te encuentras sugerencias en google que tienen que ver con lo que pensaste el día anterior porque  alguna búsqueda que hiciste  lleva a intuir que tus pasos van por ahí y también tu interés. Tiene su ventaja porque te ahorra muchísimo tiempo y navegar ya no es una búsqueda errática, ir de un sitio a otro, sino que vas dirigido. Es una paradoja, te ahorra tiempo pero también hay cierto determinismo. Huimos del determinismo desde la modernidad y ahora resulta que nos lo volvemos a imponer.

(P): ¿Quién debe establecer los límites?

(R)- El estado es el responsable de las leyes pero las leyes a menudo llegan tarde. Ahora mismo es una responsabilidad de las empresas, son responsable de que sus diseñadores y programadores sigan criterios éticos cuando programan y que tengan en cuenta ciertos valores cuando lo hacen. Son ellas las que pueden seleccionar.

Con todo esto entramos en unos debates que creíamos que ya estaban superados relacionados con temas de censura, por ejemplo. Uno de los grandes cuestiones que se plantean es si Internet debe ser anónimo. Hay argumentos a favor y en contra y yo misma no lo tengo claro, algo dentro me dice que si.

El rastro que vas dejando permite a las empresas saber qué páginas has visitado y les permite optimizar qué es lo que puedes comprar mañana , eso es un uso comercial. Pero también hay usos de vigilancia masiva como los realizados por algunos gobiernos como es el caso de EEUU.  En este juego entran también las campañas electorales, el microtargeting está basado en eso y fue uno de los éxitos de la campaña de Obama. Como ciudadano te ofrecían partes del programa a las que sabían que tú eras sensible. Por ejemplo si te preocupaba el cambio climático te llegaban las partes del programa político que trataban este tema . Eso hace que se incremente la participación pero no deja de ser un modo de orientarte, llevarte hacia un lugar que elude la responsabilidad de la persona porque no hace falta leerse el programa completo. Todo esto es un problema que hay que confrontar.

En la actualidad la Ética no se estudia en las escuelas de ingeniería ni tampoco en la formación de programadores. Todo el mundo reclama que la ética entre pero todavía no ha entrado ni se la espera.

(P): En un mundo inmerso en la tecnología y en los datos, ¿ya no queda espacio para las Humanidades?

(R): Ahora es común el cuestionarse que si no sabemos hacernos preguntas qué tipo de preguntas le vamos a hacer a las máquinas. Los buenos programadores no necesitan hacerse preguntas para programar, ellos tienen conocimientos de código, son deterministas en el sentido de que quieren conseguir una cosa y saben cuál es el camino para conseguirla.  La ética, el sentido común o la misma vida, nos han enseñado que toda acción tiene unas consecuencias y que por eso debemos atender las consecuencias de esa finalidad, no hay una única solución puede haber varias y tenemos que elegir la mejor.

Es importante que las Humanidades sigan pensando cuál es esa nueva condición humana o super humana que nos hace estar ante un escenario que es totalmente distinto a lo que estábamos y estamos acostumbrados. Aún no somos conscientes de lo que hay, no solo de los cambios que están llegando sino de los que ya vivimos.

«te puedes aislar pero eso no significa que el mundo vaya a parar o a cambiar. Es una opción pero no es comprometida ni piensa en el problema real»

(P): ¿Es posible vivir sin dejar rastro digital?

Sí es posible, yo conozco a gente que por ejemplo no tiene móvil y no te quedas fuera. Es una opción personal, Thoreau en el siglo XIX se fue a vivir al lago Walden , sin relación con nadie porque no quería ser contaminado por la velocidad de los tiempos. Tú puedes hacer eso, te puedes aislar pero eso no significa que el mundo vaya a parar o a cambiar. Es una opción pero no es comprometida, ni piensa en el problema real.

Ya hay mucha gente trabajando en esto pero creo que desde las universidades, desde las instituciones públicas se debería crear un grupo de trabajo  que al igual que los actuales departamento de informática, se encargue de estar pendiente del aspecto ético,  que también puede llamarse reglas de circulación. Igual que tenemos unas reglas para conducir por la ciudad habría que tener unas reglas para conducirnos por la red.

Hay que programar teniendo en cuenta las consecuencias de la programación . No es hablar de ética como un manual de autoayuda, qué debemos hacer o cómo deberíamos ser mejores personas sino cumplir unos requisitos mínimos para poder movernos por la red. En todo esto es en lo que estoy trabajando, en cómo hacer que esto sea efectivo y  se formalice. Mi libro es un libro de ética y no aporta soluciones sino que expone los problemas que plantea la realidad que estamos viviendo para las personas y el bien común, de eso trata la ética, de plantear  preguntas y no de soluciones que deben ser dadas por expertos.

Autor

Nuria López

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. nlopez@uloyola.es Twitter: @Nurialsanchez

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