Noticias

Sevilla

Córdoba

Rocio Garcia Perez, estudiante del Doble Grado en Relaciones Internacionales y Comunicacion.

Rocío García: «Detrás de cada logro hay mucho trabajo y muchas muchas lágrimas. Soy una persona muy autoexigente»

Rocío García Pérez ama al kárate. Estudiante del Doble Grado en Relaciones Internacionales y Comunicación, aplica a la vida los mismos principios que infunde el kárate: respeto, justicia, armonía y esfuerzo. Recientemente consiguió una medalla de bronce en los Campeonatos Universitarios de España 2019 representando a la Universidad Loyola, algo que la llena de alegría y orgullo.

(P): ¿Qué sentiste cuando ganaste que la medalla en el Campeonato Universitario de España?

(R): Pese a que soy Rocío García Pérez y compito en una modalidad individual, cuando compito, nunca represento únicamente a mi persona. En los campeonatos de clubes, represento a mi club, el Touitsu Training Center. En los campeonatos en los que compito por la Federación Canaria de Kárate, represento a mi Comunidad. En los campeonatos en los que compito por la Real Federación Española de Kárate represento a mi país. En los campeonatos Universitarios, represento a Loyola, mi Universidad. Pero sobre todo, en todos y cada uno de los casos, represento a muchas personas y mucho trabajo por parte de todos ellas. Llegar hasta esos campeonatos y el hecho de subirse al pódium lo hace Rocío pero es un éxito que ha alcanzado gracias a todos los que hacen posible que llegue hasta allí.

Eso fue justamente lo que sentí al ganar esta medalla para nuestra Universidad. La presión es algo con lo que debe aprender a lidiar un competidor y más cuando te mueves en el alto nivel. Antes de comenzar nuestro viaje hacia Alicante sentía que debía volver a casa con una medalla para nuestra Loyola. No era una exigencia que me reclamara el Servicio de Deportes ni tampoco una condición o compromiso que me marcaba la Universidad para llevarme al campeonato en nombre de Loyola. Se trataba de una exigencia que yo misma me había marcado, considerando que era la mejor manera que tenía de agradecer a la Universidad su apoyo. Loyola y el Servicio de Deportes había confiado ciegamente en mí, había depositado su apoyo, energía y entusiasmo en que hubiese un representante de nuestra Universidad en el Campeonato Universitario de España, sentía la necesidad de devolverles todo lo que habían hecho por mí. Por eso, al ganar la medalla me quedé satisfecha con el trabajo realizado pero sobretodo porque sentía que había correspondido a la Universidad y la había dejado, en lo medida de lo posible, en un muy buen lugar dentro del karate universitario español.

 

(P): ¿Desde cuando practicas kárate?

(R): Tenía solo tres años cuando empecé a practicar kárate. Todo comenzó porque abrieron un club de kárate a solo cinco minutos de mi casa y mi madre, cansada de jugar al fútbol todas las tardes con mi hermano (mayor que yo tres años), pensó que sería bueno para él comenzar a hacer algún deporte de manera más ‘oficial’ en vez de únicamente jugar en el jardín de casa. Entonces mi madre iba con ambos al Touitsu Training Center donde mi hermano tenía sus clases de kárate y yo tomaba la merienda en la salita habilitada para que los padres vieran a sus hijos entrenar. Como era solo una niña y algo traviesa, me metía muchas tardes con mi hermano en el tatami y terminaba dando a la clase junto a los demás alumnos. Finalmente, el entrenador habló con mi madre para que me apuntara porque creía que pese a mi temprana edad podría seguir el ritmo del resto de niños.

Desde los tres a los doce años compaginé el kárate con el ballet y la equitación pero poco a poco fui dejando mis otras aficiones para dedicarme de lleno a esta arte marcial. En mis primeros años como karateka me tomaba la misma disciplina a mi aire. Mis entrenadores afirman que yo bailaba más que entrenaba y que decoraba todas las técnicas con algún movimiento principesco. De hecho, debo admitir que el kárate no fue mi hobby favorito hasta los 12 años. Fue entonces cuando comencé a competir en kumite (combate contra un adversario), la modalidad en la que he obtenido muy buenos resultados y a la que hoy en día me dedico de lleno.

Llevo dieciséis años entrenando en el mismo club, con los mismos entrenadores. Ahora que vivo en Sevilla, sigo mi formación en un club muy prestigioso que se encuentra en el Cerro del Águila donde estoy mejorando y aprendiendo mucho. Aún así, siempre que se aproxima una competición importante, trato de ir a Canarias para prepararla con mis entrenadores que son los que mejor me conocen.

 

(P): ¿Por qué practicas kárate y no otro deporte?

(R): En primer lugar, el kárate es, sin lugar a dudas uno de los deportes más completos que existen. Por un lado, requiere mucha más exigencia física que otros deportes. En kárate trabajas todos y cada uno los músculos de nuestro cuerpo. No podemos potenciar solo el tren inferior porque podemos recibir un golpe en la parte superior. No podemos trabajar solo la fuerza porque necesitamos velocidad para marcar puntos antes que el otro y escapar de sus ataques. Necesitamos trabajar la potencia para que nuestros movimientos sean efectivos y la resistencia para poder aguantar el ritmo del combate durante el tiempo del mismo. Pero además, el kárate requiere un trabajo psicológico impresionante. Nos jugamos una competición en tres minutos. Tienes que ser capaz en ese tiempo de gestionar tus pensamientos y emociones pero también de saber ‘manipular’ las del otro. Debes tomar decisiones muy rápidas, no tirar la toalla porque vas perdiendo y hacer al otro desesperarse precisamente por ello. Tienes que estudiar previamente a tu contrincante y escoger una estrategia según su manera de pelear, pero también debes tener la capacidad de cambiarla durante el combate porque ves que tu mismo rival no está compitiendo como suele hacerlo.

Pero ante todo el kárate te hace quedarte porque te enseña valores. Las artes marciales están caracterizadas por ello mismo y es que este deporte proviene de Okinawa, de una tradición en la que los guerreros defendían a su rey al que le mostraban su más sincero respeto y admiración. Es eso mismo lo que tratan de enseñarnos a todos los karatecas. Nuestros profesores son llamados senseis (maestros) y se les debe respeto al igual que a todos tus compañeros. El dojo (tatami o club) es un lugar donde aprender y en el que debes respetar. Mi club en particular no se caracteriza por ser tradicional pero sí te inculca los valores principales del kárate. Es el esfuerzo personal el que marca tu trayectoria como karateca, de hecho nos colocamos por niveles (en función del color de tu cinturón) y eres tú mismo el que por tu trabajo puedes llegar a un nivel más alto para así situarte en una posición de preferencia (más cercano al maestro). La autosuperación: se trata de un deporte en el que te pones frente a otra persona que sabes que te quiere pegar pero tú mismo debes saber que puedes evitarlo y ser el vencedor. El respeto: a todos y cada uno de los karatekas que te encuentras. Una vez que se termina un combate, una vez que has ganado o perdido, te hayas llevado golpes o no, saludas con un abrazo a tu contrincante. Lo que haya pasado dentro del tatami se ha quedado dentro del tatami y no se trasladará más allá de él.

 

(P): ¿Cuáles han sido los mejores momentos que te ha brindado este deporte?

(R): Sin duda los mejores momentos que me ha brindado este deporte son a nivel competitivo. Debo admitir que cuando comencé a practicar kárate veía como una meta aprobar el examen de cinturón negro cuando tuviese la edad oportuna o ganar algún campeonato regional. Hoy, casi no le doy importancia a esos acontecimientos puesto que he llegado a un nivel superior en el que casi no creí que fuera posible estar pero reconozco que no me debo olvidar todos esos momentos que marcaron mi trayectoria. El primer gran momento que viví gracias al kárate fue mi selección como miembro de la Selección Canaria de Kárate para representar a Canarias en el Campeonato de España de 2015, tras haber sido campeona de Canarias ese año. Fue el primer gran acontecimiento al que asistía y de todas las islas solo 10 karatekas representábamos a nuestra comunidad. Fue un evento muy importante para el club (solo cinco competidores a lo largo de toda la historia del mismo hemos sido miembros de la Selección Canaria) y también para mi familia que se desplazó hasta Albacete para verme.

Pero el evento que marcó un antes y un después en mi carrera deportiva fue el Campeonato de España de 2016 en el que me proclamé Campeona. Recuerdo ese día como uno de los mejores de mi vida por no decir el que mejor. Era una chica canaria, desconocida, que disputaba por segunda vez un Campeonato de España, habiendo perdido en primera ronda el año anterior. Después de ese momento comenzó ‘el sueño’. Tras haber conseguido la medalla de oro en el Campeonato de España de 2016, la Selección Española me hizo miembro del Equipo Nacional y representé a España en el Campeonato de Europa de 2017 en Bulgaria. Este fue otro momento inolvidable que he vivido gracias al kárate. Desde hacía seis años no había ningún canario en la Selección Española de kárate y representar a nuestro país fue un sueño que vivió canarias, mi club, mi familia y yo.

Pero la guinda del pastel llega cuando soy seleccionada para representar a España en el Campeonato del Mundo de 2017. Sin duda el mejor momento que me ha regalado el kárate. Salir a pelear con el escudo de tu país en el pecho mientras escuchas el himno de España sonando por y para ti se puede decir que es el mejor de los regalos. Disfruté y peleé ese campeonato como si fuese el último de mi vida quedando en cuarta posición, luchando por las medallas. En noviembre de 2018 me volví a proclamar Campeona de España, otro de los momentos más felices de mi vida. Es cierto que no era la primera vez, pero fue un evento determinante para mi autosuperación. Venía de una muy mala racha deportiva y una lesión grave de rodilla, mucha gente no confiaba en mí y había cambiado por completo mi forma de vida y de entrenar (me había mudado a Sevilla para comenzar mis estudios universitarios), temiendo que eso afectara a mi rendimiento deportivo. En febrero de este 2019 fui de nuevo seleccionada para formar parte del Equipo Nacional del que soy ahora mismo miembro para volver a vivir el sueño de representar a nuestro país en el Europeo de Dinamarca.

 

(P): Hay personas que afirman que cuando practican su deporte favorito se evaden de sus problemas, de su estrés diario. ¿Qué sientes cuando practicas kárate?

(R): Cuando practico kárate me siento completa. Este deporte ha dejado de ser un hobby para mi o una afición: el kárate es mi pasión, lo necesito. No puedo pasar ni un solo día sin mi dosis de kárate. Es el medio que tengo para recargar las pilas, para demostrarme a mi misma que no hay nada que no se pueda superar y que pase lo que pase siempre tendré conmigo eso que me hace feliz: el kárate.

Engañaría si dijese que todo es color de rosas. Detrás de cada logro hay mucho trabajo y muchas muchas lágrimas. No todos los días salgo de entrenar con una sonrisa, hay muchos en los que salgo con lágrimas. Soy una persona muy autoexigente y reclamo lo mejor de mí misma todos los días, cuando considero que no lo he dado, me siento insatisfecha y me frustro, pero eso es solo una motivación más para querer que llegue el próximo entrenamiento. Hay dolor, muchas lesiones y ganas de tirar la toalla. Hay nervios y miedo a perder (más cuando llegas a un nivel en el que todos están acostumbrados a que ganes siempre y si no lo haces creen que has fracasado). Pero llegas a acostumbrarte a todo ello y a convertirlo en el motor que te impulsa a seguir. Me gusta sudar hasta que siento que no tengo más fuerzas, me gusta hacer repeticiones hasta que me sale bien, me gusta enfrentarme a gente más fuerte que yo y me gusta entrenar día y tarde kárate porque me gusta el kárate, me hace infinitamente feliz.

 

(P): ¿Cual es tu sueño dentro del mundo del kárate?

(R): Creo que como todo deportista, mi sueño es llegar a ser olímpica. Sin embargo, esta es una cuestión que no parece tener mucho futuro teniendo en cuenta que el kárate no será deporte Olímpico en París 2024 y que la clasificación para Tokio 2020 se lleva ponderando desde hace dos años (antes de que tuviese edad para competir en la categoría senior, única que disputa los Juegos Olímpicos). Mi sueño es por ende mantener el nivel que he llegado a alcanzar. No hay nada más después de la Selección Española y competir un Europeo o un Mundial. Me encantaría poder seguir siendo miembro del equipo nacional y representando en mi país en campeonatos de este nivel y por supuesto, ganar una medalla en alguno de estos campeonatos.

 

(P): Si tuvieras que recomendar a alguien que practicase kárate, ¿qué le dirías?

(R): Si tuviese que recomendarle a alguien que practicase karate le diría sin duda que primero lo probase. Estoy segura de que entonces esa persona se engancharía de inmediato. Cuando descubra todos los valores que transmite este deporte y además cómo mejora su condición física a la vez que su coordinación y la concepción que uno tiene sobre sí mismo, quedará completamente absorto por este mundillo. También le diría que se olvide de todo los mitos de ‘rompen tablas con la mano’ o ‘ahí os hacéis daño’. Una cosa es el karate de competición al que entra el que quiere, al que yo me dedico;  y otra cosa muy diferente es el kárate como arte marcial. El kárate como tal implica una disciplina y enseñanza de la autodefensa. El kárate es, en todos los sentidos más que completo.

Autor

Francisco Javier Burrero

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. fjburrero@uloyola.es Twitter: @javierburrero

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *