Legado y retos de la teología de la liberación

Por el 7 marzo 2016
Teoría de la liberación
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Recientemente tuvo lugar en la Universidad Loyola Andalucía el XI Congreso de la Cátedra Latinoamericana Ignacio Ellacuría.

El congreso mostró el enorme potencial del pensamiento del jesuita hispano-salvadoreño Ignacio Ellaucría para pensar la realidad actual, y la importancia de su figura como modelo moral para los que trabajan en los entornos académicos de la Compañía de Jesús.

Ellacuría es modelo moral en cuanto que aúna en su persona rigor intelectual, capacidad investigadora, fe en la aportación de las instituciones académicas a la misión, compromiso experiencial e intelectual con los más pobres y entrega de su vida hasta la muerte.

El recuerdo de la figura del rector mártir de la UCA me lleva a reflexionar sobre la corriente de la teología de la liberación, que Ignacio Ellacuría ayudó a desarrollar y fundamentar.

Influencias y aportaciones de Ignacio Ellacuría

En primer lugar, habría que identificar esta tradición teológica como el decantado de varias líneas teológicas previas que confluyeron en una sola corriente en la Ameríca Latina de los primeros años 70. En ese sentido, podemos identificar la influencia de Joseph Cardijn y el movimiento de la Acción Católica. También, la fuerte afirmación del Vaticano II del papel de la historia en la teología, que invita a desarrollar una fe con consecuencias socio-históricas.

Por otra parte, también hay que tener en cuenta el llamado “Pacto de las Catacumbas”, firmado por unos 40 obispos en 1965, mientras terminaba el concilio Vaticano II, en que se comprometían a vivir su episcopado al servicio de los pobres.

Estas intuiciones cuajaron en el encuentro de los obispos latinoamericanos en Medellín, en 1968, e impulsaron el trabajo de una generación de teólogos latinoamericanos – Gustavo Gutiérrez, Juan Luis Segundo, Leonardo Boff, Ignacio Ellacuría, entre otros – que quisieron configurar su teología según estas premisas.

El legado de en la teología actual

¿Qué legado recibimos de esta corriente en la teología hoy? La pregunta se presta a muchos debates, con ánimo sintético podríamos referirnos a la opinión del jesuita Daniel Izuzquiza, quien habla de tres grandes aportaciones de la liberación a la teología universal: un método que otorga prioridad a la praxis de las comunidades cristianas; un discurso renovado sobre Dios, que le descubre presente en medio de conflictos, injustica, pobreza y luchas sociales; toda una serie de mártires – entre los que está Ignacio Ellacuría – que nos amplían la concepción de martirio; y una llamada a colocar a los pobres en el centro del discurso teológico por ser los preferidos de Dios.

Juan Pablo II, tras no pocas controversias, incorporó en el magisterio social de la Iglesia universal parte de este legado al integrar conceptos como las estructuras de pecado o la opción preferencial por los pobres.

Tareas para el futuro

En el espíritu del congreso de la Cátedra Ellacuría podríamos también preguntarnos por los caminos de actualización y los retos que la tradición de la liberación tiene por delante en estos momentos. En ese sentido yo identificaría tres retos principales que reclaman una consideración.

Por una parte, sería necesario repensar la comprensión que esta corriente teológica tiene de la relación entre naturaleza humana y gracia de Dios para responder a objeciones como las que ha planteado el gran teólogo menonita español Antonio González.

En segundo lugar, la tradición de la liberación habría de integrar en su reflexión la realidad de la secularización y sus consecuencias desgastantes en la vida y acción de la comunidad cristiana. Finalmente, un punto de capital importancia hoy en día y ausente en los años 70 y 80, es la realidad del pluralismo religioso y la consecuente necesidad de diálogo interreligioso para trabajar por el bien común de las sociedades plurales.

Gonzalo Villagran SJ

Gonzalo Villagran SJ

Gonzalo Villagrán, jesuita, licenciado en ADE y doctor en teología. Profesor en la Facultad de Teología de Granada. Su empeño es llevar la teología al debate público y enriquecer éste con la sabiduría de la fe. Le preocupa la voz de la Iglesia en la sociedad pluralista y el diálogo interreligioso.

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