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Grupo participante en el retiro ignaciano de El Puerto de Santa María.

Seguir a Jesús: retiro ignaciano en el Puerto de Santa María

El fin de semana 1-3 de marzo hemos tenido en el Puerto de Santa Maria un retiro ignaciano. Éramos 21 personas, 19 “ejercitantes” utilizando la expresión clásica, más Jose Juan Romero SJ, que ha dirigido la experiencia, y Mª Rita Martin que apoyaba en el acompañamiento personal y animaba la oración en común.

Desde el viernes a las cinco de la tarde hasta el domingo con la comida, todo fue en silencio. Sabemos que esto echa para atrás a muchas personas y hay quien no lo comprende, pero quién lo ha experimentado sabe que no es tan duro como se puede pensar, y sobre todo que facilita cualitativamente lo que se pretende: “Escuchar lo que pasa por dentro”, “acallar los ruidos exteriores”, “conectar con lo más profundo de uno mismo y descubrir, con sorpresa, que ese interior está habitado”, que dentro de uno mismo llega la Luz, hay Luz. A partir de ahí se percibe mejor lo que Dios espera de cada uno, la misión. En el fondo, se trata de ganar en libertad para amar más y servir mejor.

Este silencio vivido como regalo impagable, solo se veía interrumpido para escuchar por la mañana y al comienzo de la tarde, las pistas para la reflexión personal a partir de textos bíblicos, del Evangelio básicamente. Aunque el grupo era plural y algunas personas tenían experiencia de haber hecho Ejercicios Espirituales y otras era la primera vez, Jose Juan, centró sus intervenciones (breves, de no más de media hora) en lo que corresponde en los Ejercicios a la segunda semana, tratando al modo ignaciano de conocernos mejor contemplando la vida y el actuar de Jesús. El encuentro de Jesús con la samaritana; las comidas de Jesús en el Evangelio de Lucas, la viuda pobre, la unción en Betania, la meditación sobre las dos banderas, el sermón del Monte entre otros textos y algunas sugerentes preguntas para la vida ¿Dónde estoy? ¿A qué he venido? ¿Quién es Dios para mí, en este momento de mi vida? ¿Cuál es mi centro? ¿Dónde pongo mi mirada? ¿A que doy poder en mi vida? ¿Qué me aprisiona, me esclaviza o me libera? … han nutrido nuestros deseos y saciado nuestra sed. La oración en común de algún salmo, la contemplación del icono de la Trinidad de la misericordia, y el examen por la noche, han sido verdadera escuela de oración.

Aun no tenemos la evaluación, pero de lo compartido en la eucaristía final lo más subrayado es GRACIAS. “Cuánto necesitaba este espacio”. “Un momento de inflexión en mi vida”; “Venia confundido, enredado, me llevo luz para el camino”. “Aún sin hablar sentía comunión profunda con los demás”. “Gracias Universidad Loyola por cuidar también estas dimensiones de nuestra vida”…

Cuando nos paramos a ver lo que ha significado esta experiencia intensa del fin de semana, alguien recuerda que “Mostrar el camino hacia Dios mediante los Ejercicios Espirituales y el discernimiento” es una de la preferencia apostólicas de la Compañía en este tiempo… nos sentimos consolados, nos tomamos de las manos para decir al unísono, humildemente y de corazón GRACIAS. El Señor, ha estado grande con nosotros y estamos alegres.

María Rita Martín, directora del Servicio de Evangelización y Diálogo.

Autor

Loyola And News

Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía

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