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Reflexiones sencillas y cotidianas sobre comunicación

Hace unos días apareció en mi timeline de Twitter el enlace a un post de Rosa Llacer, experimentada DirCom andaluza, titulado ¿Qué no le puedo pedir a mi gabinete de comunicación?

La negrita, estoy enfatizando el adverbio de negación, es la llamada que me hizo abrir el enlace y leer el texto. Una argumentación precisa y muy directa de lo que, realmente, hacen los gabinetes de comunicación (o los departamentos, servicios y direcciones de la cosa), pero que parecen haberse instalado en el imaginario del expertise como un conjunto de obligaciones contractuales, da igual que estén en el ámbito público o en el privado; en la política o la gestión; en la administración o la empresa. En esto, en saber y pontificar sobre Comunicación, ocurre como con los entrenadores de fútbol: todo el mundo lleva uno dentro e incluso, en algunos casos, el club entero.

Como la cuestión es aportar soluciones y exponer alternativas, Rosa apuntó con la misma sencillez en el siguiente post Lo que se le puede pedir a un buen gabinete de comunicación. En esencia, que sea serio y honesto, esto es, confiable. Añado, creíble.

Gabinetes de comunicación versus periodistas

Sobre esto, hay toda una literatura, especialmente on line. Amplia y diversa. Desde la que se refiere a la tradicionalmente complicada y difícil relación de los gabinetes de comunicación con los periodistas hasta la que filosofa sobre este oficio fronterizo – el de la Comunicación- que mezcla acciones que no tendrían nada que ver pero se confunden de manera inevitable:  contar con venderrelatar con fabulardeclarar con actuar y en este plan…

La revolución tecnológica –extremadamente dinámica en un entorno de crisis económica y social desconocida en las últimas décadas- ha convertido definitivamente a la Comunicación en una acción puramente estratégica y a los DirCom en gestores de la reputación (un intangible en estado puro). Las herramientas para actuar en el universo digital son cada día más numerosas pero no son de aplicación generalizada. Cada organización, sea pública o privada, es un sujeto particular al que no tienen porque favorecerle las mismas herramientas que a los demás, o al menos, el mismo uso que a los demás.

La identidad es distinta, sí, pero el horizonte siempre debe tener la misma visión –desde arriba, contando con todos los elementos en juego, es decir, realmente estratégica- y, por supuesto, contando con gestores, sean públicos o privados, serios y honestos, esto es, confiables. Y añado, creíbles.

Estos son los fundamentos. Las conductas. Las realidades. Porque, los hechos, nos pongamos como nos pongamos, son los hechosno lo que pretendemos que sean. Y tarde o temprano se acaban poniendo en valor y es la organización quién acaba pagando por ello, no los responsables con nombre y apellidos, sobre todo en este país y con esta cultura corporativa. De ahí que, en efecto, haya cosas que se deben pedir a la Comunicación y a sus profesionales y otras, que, también en efecto, no.

Autor

Francisco José Bocero de la Rosa

Periodista. 29 años de trayectoria profesional. Periodismo económico. Prensa, revistas, radio y alguna experiencia en TV. Comunicación estratégica. Organizaciones empresariales y Corporaciones de Derecho Público. Empresas y entidades financieras. Universidad. Nuevos modelos de comunicación. Análisis. Aprendizaje constante. Director de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía.

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