Rankings y autoengaño

Este pasado mes de agosto nos ha sorprendido con la publicación del ranking ARWU (antes Shanghai) 2013 de universidades. Esta circunstancia ha merecido en nuestro país numerosos comentarios unos felicitándose por estar y otros criticando el propósito y la metodología. La cuestión de si se puede y/o se debe evaluar la calidad de las universidades es un tema trillado pero nunca bien asumido ¡Por supuesto que hay que medir para mejorar! El problema es qué pasa si no salimos bien en la foto. Sobre todo, si lo que en realidad se mide en muchos de estos rankings es la investigación científica realizada en las universidades (no la calidad de la docencia, por ejemplo).

Todo el mundo está de acuerdo que la investigación es la creación de conocimiento. Esto está muy bien, pero ¿quién dice que efectivamente el conocimiento es nuevo? Quizás un experto, una revista científica, mi grupo de investigación, yo investigador… Si nos fijamos en el mencionado ranking, al igual que pasa con tantos otros, lo que se mide es la cantidad de la producción científica publicada bien en revistas bien en congresos. En este sentido, la universidad debe tener en cuenta que la visibilidad internacional de su producción científica es absolutamente esencial y, por tanto, dichas revistas o congresos deben tener la etiqueta de internacionales.

En determinadas áreas de conocimiento como la biología, la medicina, la economía, las ingenierías, etc. la difusión del conocimiento en revistas o congresos que aparecen en los diferentes rankings nacionales e internacionales está completamente normalizada. Sin embargo, en otras esto no es así y, por tanto, si una universidad centra su actividad investigadora en estas últimas su posicionamiento global estará muy penalizado, aunque nadie discuta la calidad de los medios utilizados para su difusión.

La problemática asociada a dichas áreas de conocimiento es muy compleja, aunque atrincherarse en la tradición no me parece que sea la solución y si: incrementar el número de revistas científicas con procesos editoriales internacionalmente  reconocidos, explorar la pluridisciplinaridad y otros idiomas y crear redes internacionales de investigadores.

La normalización del proceso de evaluación de la actividad investigadora puede tener en cuenta las singularidades de las diferentes áreas de conocimiento, pero éstas no pueden estar ajenas a los criterios internacionalmente reconocidos. Cualquier otra cosa es autoengañarse y penalizar la visibilidad de la universidad española.

Autor

Carlos García

Doctor Ingeniero Agrónomo, profesor del departamento de Matemáticas, Vicerrector de Investigación y patrono de la Fundación ETEA para el Desarrollo y la Cooperación. Mi área de investigación es la Programación Matemática, estando mis intereses en la evaluación de la eficiencia, análisis espacial de datos y la teoría de la información generalizada.

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