Agenda

Noticias

Sevilla

Córdoba

La realización personal e interioridad, la relevancia de lo emocional y espiritual, una actitud optimista ante la vida.

Ciencias sociales y psicología en la postmodernidad

Desde diversos análisis y estudios con autores relevantes, podemos observar como la denominada postmodernidad va afectando e influyendo en distintos ámbitos de la cultura, del pensamiento y la misma ciencia. La posmodernidad que, como reacción a la modernidad, privilegia el fragmento sobre el meta-relato, la emoción sobre la razón y la ciencia que buscan verdad, la estética sobre la ética y la utopía, el individuo sobre la comunidad social.

Es cierto que estos aspectos y elementos subrayados por la postmodernidad, con su crítica a la modernidad, hay que tenerlos en cuenta y son muy importantes e imprescindibles. La cuestión y el problema de la postmodernidad es que le da tal prevalencia a dichos elementos, ligados a un subjetivismo e individualismo extremo con un sentimentalismo desaforado, que cae en una cosmovisión unilateral y segada.

Todo lo cual, como apuntamos, se ha introducido en el campo de las ciencias sociales o humanas, por ejemplo, en la psicología o realidades afines a la realidad psico-personal. Con campos y tendencias como la autoayuda, el desarrollo personal, el pensamiento positivo u optimismo, el liderazgo, la autoestima, el coaching, el mindfulness o el reiki, entre otros.

No podemos dejar de valorar las dimensiones y aspectos positivos de estas corrientes que subrayan la realización personal e interioridad, la relevancia de lo emocional y espiritual, una actitud optimista ante la vida. Más, como ya hemos apuntado, la postmodernidad y dichos enfoques pueden dar lugar a proyectos de vida hedonistas e individualistas, con un relativismo extremo.

Centrarse únicamente en la dimensión personal, individual y emocional del ser humano conlleva el peligro de ahogarse en los intereses egolátricos y relativizar a los otros y a lo otro, los principios y valores firmes, compartidos y universales. Tales como la verdad real, la honradez con la realidad social e histórica, la alteridad solidaria con los otros, la vida moral del bien común más universal y la justicia frente al mal e injusticia.

Como nos enseña lo más valioso de la ciencia y la psicología, no hay que separar ni oponer la razón y la emoción, el pensamiento y el sentimiento, lo personal y social e histórico, lo espiritual y moral, la mística y la política, la felicidad y el compromiso social por la justicia.

Una vida con sentido, feliz y realizada se va logrando en la medida en que, al igual que soy amado, voy amando y sirviendo a los otros con la responsabilidad, compromiso solidario y militancia socio-política por el bien común y la justicia con los pobres de la tierra.

La felicidad y el sentido de la existencia se van realizando en estos sentimientos, valores y principios como la misericordia con compasión ante el sufrimiento e injusticia que padecen los otros, la entrega por la promoción de la vida y dignidad de las personas, de los pueblos y de los empobrecidos. Nada más bello y que entusiasme tanto.

Es la estética del amor y de la ética, que se compromete por el desarrollo humano e integral con el buen vivir en una ecología integral. La vida buena o buen vivir es este desarrollo, cuidado y justicia: a nivel personal, con la experiencia de estos sentimientos y valores e ideales que nos dan sentido; en el plano social, en la equidad con los pobres de la tierra; y en el ámbito ecológico, que cuida la casa común que es nuestra planeta tierra. Es la vida e inteligencia espiritual, sentimental, ética, social, histórica y ambiental.

El sentido y belleza de la existencia no se pueden desentender de los sufrimientos e injusticias, cultivando una conciencia moral que valore nuestra responsabilidad personal, social y política ante el mal y la opresión que se causa en el mundo e historia. En esta línea, hay que comprender que el mal personal y socio-histórico, las estructuras sociales de pecado e injusticia, se retroalimentan mutuamente. Por lo que el cambio y transformación ha de realizarse, a la misma vez (de forma inseparable), en todas las dimensiones: personales, mentales (mentalidad), espirituales, culturales, sociales, políticas y económicas.

La persona va cambiando y desarrollándose, al mismo tiempo, que acoge el Don (Gracia) del amor y va amando, practicando la solidaridad y la justicia con los pobres. En una praxis transformadora de la sociedad-mundo y liberadora de todo mal e injusticia. De esta forma, una sociedad y mundo con condiciones socio-políticas e históricas dignas, que posibilitan el bien común y el desarrollo integral, va contribuyendo al sentido y realización de la persona.

Amor solidario

Y es por ello que nuestra sociedad-mundo actual con sus patologías e injusticias, con su individualismo insolidario y violencia estructural, enferma y destruye a la persona. Si la persona está constituida y llamada en el amor solidario, en la entrega de la vida por la justicia con los pobres, una sociedad-mundo individualista, injusto y competitivo como el nuestro, rompe al ser humano.

Los ídolos del capital, del mercado y del consumismo, las idolatrías de la riqueza-ser rico y del poder, esclavizan a las personas que tienen la vocación de ser libres en la responsabilidad por el bien de los otros y por la justicia con los pobres. Con la pobreza fraterna y solidaria en la comunión de vida, bienes y luchas por la justicia con los pobres que va dando felicidad y significado a nuestra existencia. Los falsos dioses del poseer y del tener van en contra de este ser persona, fraterna y solidaria que se dona en el compromiso por un mundo más justo y fraterno.

Y desde la fe, todo ello es lo que se nos revela en el Dios encarnado en Jesús de Nazaret, que vivió para los demás y entregó su vida por amor fraterno y en pobreza solidaria, al servicio del Reino de Dios y su justicia liberadora con los pobres de la tierra. Dios en Jesús viene a regalarnos vida, sentido, felicidad, realización y salvación liberadora del pecado del egoísmo con sus ídolos de la riqueza-ser rico y del poder. Jesús con su mensaje y existencia nos manifiesta al Dios de la vida y del amor, de la dignidad y justicia con los pobres.

Un Dios de misericordia, paz, reconciliación y perdón que ama incondicionalmente a todo ser humano, que quiere el bien y la vida humanizadora, plena y eterna para toda la humanidad. Y por tanto, el Dios que se muestra en Jesús de Nazaret rechaza todo mal, injusticia y violencia. Es el Dios salvador y liberador de toda esclavitud, opresión  desigualdad, guerra y daño a la vida.

El Dios anti-mal que nos libera de toda inequidad e injusticia, que se opone a esos falsos dioses e idolatrías de la codicia, de las cosas y de los privilegios que sacrifican la vida y dignidad de los seres humanos en el altar de avaricia, del lucro. Jesús nos revela al Dios de la humanidad y tierra nueva, de los cielos nuevos. Tal como nos está transmitiendo todo lo anterior el Papa Francisco, en el camino de la fe e iglesia con su santidad, su tradición como es la ignaciana y su enseñanza, por ejemplo, en el campo moral con la denominada Doctrina Social (DSI).

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Últimas noticias

Queda mucho por hacer en relación al estigma que sufren las personas que padecen un problema de salud mental.

Estigma en salud mental

A pesar de los avances científicos que se han producido en el ámbito psicológico, todavía queda mucho por hacer en relación al estigma en salud mental. Leer más →