El ser humano tiene esta naturaleza y vocación a vivir en la fraternidad solidaria y justicia con los pobres.

Neuroética solidaria y psicología de la justicia frente a la dominación

Todavía circula por algunos ambientes culturales e intelectuales, la concepción del ser humano como si, por naturaleza o física-biológicamente, fuera ser egoísta, individualista y competitivo que domina al otro.

Con una desigualdad e injusticia entre los seres humanos, pretendidamente naturales, que ha hecho a unos superiores y dominadores; frente a otros que están condenados a ser dominados y desiguales en las condiciones sociales e históricas propias.

Es obvio que esta concepción busca sancionar y legitimar la dominación, desigualdad e injusticia de unas personas o grupos sociales sobre otros. Y que, tanto desde el punto de vista científico como ético, no puede ser sostenida con rigor.

Es evidente que no se trata de negar o cancelar las diferencias o diversidad que tenemos los seres humanos en nuestra naturaleza y características personales, biológicas, físicas, cerebrales psíquicas o emocionales…. Frente a un igualitarismo mal entendido, en contra de un relativismo e individualismo postmoderno.

Esta diversidad, que es fecunda, se debe comprender u orientar en la complementariedad y unidad con el otro, como es la realidad del hombre y la mujer con su complementaria unión afectiva-sexual en el amor, matrimonio y familia.

Como nos muestran, por ejemplo, las neurocientíficas L. Brizendine (2010), N. López Moratalla (2007) o F. J. Rubia (2007) y la misma filosofía con autores tan diversos como Kant (MS 24; VI, 227), Marx (1964) o Proudhon (1892). Como nos enseña la Iglesia y los Papas como Francisco (LS 155; AL 56, 285, 292, 307).

Relaciones humanas

Pero eso no debe confundirse con la desigualdad e injusticias socio-históricas y globales, que se producen debido a la falta de ética y unas relaciones humanas dominadoras, a estructuras sociales perversas y a un sistema político-económico injusto.  Tal como nos enseñan las ciencias sociales y el propio pensamiento social católico (Alcaide Maestre, 2007; Segovia, 2013).

Frente a este supuesto “gen egoísta” que popularizara Dawkins, con el desarrollo y auge de la biología o neurociencias (Bonete, 2001; Cortina, 2011; Morgado, 2012), se muestra que la persona está constituida a nivel físico y psico-cerebral por la cooperación solidaria. Con el altruismo que trata de ir establecido una sociedad-mundo más habitable. Como nos enseñan la premio Nobel B. McClintock, C. Woese o J. Bauer (2008).

En este sentido, las conocidas como neuronas espejos nos indican que el ser humano tiene la capacidad de empatía, de sentir con los otros en una conciencia global, con una colaboración para la solidaridad en el mundo, como nos muestra J. Rifkin en su monumental obra (2010).

Esta cooperación solidaria, afecto y amor hacia los otros es lo que realmente nos ha hecho evolucionar y desarrollarnos como humanos. Lo que permite la cohesión y superar los obstáculos e inconvenientes o males que nos van surgiendo. Tal como ya intuía lo más valioso de la teoría madura de Darwin y ha estudiado G. Hunther (2015), que expone como el amor y la solidaridad va impregnado la vida de las personas, transformado la realidad en el compartir la existencia y los bienes.

Nuestro cerebro y psicología está conformada por la bondad y emociones empáticas o sentimientos como la amabilidad y compasión, la cooperación con los otros y la promoción de la justicia que permiten nuestra salud integral, realización y felicidad. Como ha estudiado en sus actividad e investigación R. Davidson (2012).

Es precisamente la desigualdad e injusticia, que va en contra de la dignidad del ser humano, la que causa el conflicto y violencia ya que desata la agresividad e ira de estas personas, que se ven violadas en su dignidad y justicia.

Como ha puesto de manifiesto el propio Bauer en su importante estudio (2013), que muestra como la violencia es fruto de rechazar la ética, la dignidad y justicia que constituye al ser humano. A causa del afán egoísta del tener y del economicismo que ha ido dominando en la realidad social e histórica, que rechaza la equidad y la paz.

Diversos autores, con diferentes perspectivas que se pueden matizar y complementar entre sí, como Damasio (2010), Rubia (2015) o Nogués (2013) nos indican como el cerebro y la propia constitución humana tiene una capacidad y apertura a estas emociones o sentimientos, creencias o valores.

Como la verdad, la belleza (estética) y el bien o ética (Gardner, 2011), la trascendencia y espiritualidad como se expresan en las diversas experiencias culturales, espirituales o místicas y religiosas.

A diferencia de los animales, el ser humano no se conforma con satisfacer los meros instintos o supervivencia. Sino que busca conferir sentido y existencia al ser humano, abrirse a los sentimientos y experiencias de trascendencia, espiritualidad o religiosidad que lo comunican y posibilitan el encuentro con los otros, con el todo y lo (el) Otro, Dios mismo.

En esta línea, como asimismo están estudiando las ciencias sociales en diálogo con estas ciencias naturales, es importante mostrar que las personas tienen una naturaleza humana. La cual posibilita las relaciones humanas y sociales con los otros, la aprobación y reconocimiento o desaprobación de dichas relaciones o conductas que son orientadas por las creencias que tenemos (Castro Nogueira, 2013).

En la línea de la antropología y filosofía (Sanigeneti, 2014), se nos muestra toda esta capacidad simbólica, moral y espiritual del ser humano que desarrolla sus inherentes relaciones familiares, culturales sociales, políticas, económicas, internacionales o universales, trascendentes y espirituales (Bauer, 2013).

Antropología y psicología

En las que se vaya estableciendo el sentido, principios espirituales y valores morales como la memoria compasiva y justicia con las víctimas, la opción por los pobres y la liberación integral del mal, de la opresión e injusticia que se estructura en la realidad histórica. Tal como nos enseñó I. Martín-Baró SJ con su psicología liberadora.

Esta antropología y psicología, en la línea de lo más valioso de las ciencias sociales como hemos señalado, nos indica una perspectiva humanista, solidaria e integral donde se abarcan e inter-relacionan todas las dimensiones del humano sin dualismos ni monismos.

Se conjugan o articulan la razón y emoción, el pensamiento y el sentimiento, la naturaleza y la cultura, el cuerpo y el alma, la materia y el espíritu, lo físico y la libertad, la biología y la ética con el compromiso moral, la mística y la política, lo económico y trascendente. Como nos enseña la filosofía y el personalismo con Maritain, Mounier, Rovirosa, Zubiri y el jesuita I. Ellacuría con Martín-Baró, el mismo pensamiento latinoaméricano con autores como J. C. Scannone SJ.

Como hemos apuntado, el ser humano es constituido y movido por sus bases físicas, biológicas y cerebrales que se expresan e inter-accionan en la libertad humana y ética con sus manifestaciones culturales; con la acción creadora y transformadora sobre la realidad social e histórica con la que inter-actúa.

Las diferentes y significativas corrientes de la antropología y psicología, con una teoría o perspectiva integradora, nos señalan esta inter-acción entre la herencia y el ambiente, lo genético-biológico y cerebral con la cultura e historia, etc. (Burgos, 2014).

El ser humano no es una tabula rasa o papel en blanco ya que posee una base psico-orgánica, es un espíritu encarnado (corpóreo) en el mundo, que le posibilita su vida socio-cultural. Está capacitado para pensar, razonar, creer, sentir amor y ser responsable moralmente. Y esta base racional-corporal, que constituye al ser humano, da de sí en la relación con los otros, se desarrolla y realiza en la realidad social e historia. Ya que, asimismo, tampoco el ser humano queda determinado por la biología o naturaleza en menoscabo de su libertad y responsabilidad ética, que debe ejercer en el mundo e historia (Fuster, 2014).

El ser humano, con sus momentos o dimensiones diferenciadas en una unidad estructural, es a la vez naturaleza e historia, inteligencia sentiente. En donde lo físico-biológico y la libertad o creación cultural e histórica se potencian mutuamente. Lo psico-orgánico se co-relaciona, de forma fecunda, con la ética y el compromiso sociopolítico por un mundo más justo.

Como nos muestran de nuevo Zubiri y Ellacuría. Todo lo anterior nos lo transmite asimismo, desde su propia especificidad, la fe y la teología que nos presenta al ser humano constituido y llamado al amor fraterno, a la paz y justicia liberadora con los pobres de la tierra Ya que es imagen y semejanza del Dios Amor en Jesús, del Dios Trinitario, Dios Comunión y Solidaridad.

El ser humano tiene esta naturaleza y vocación a vivir en la fraternidad solidaria y justicia con los pobres, en la liberación integral de toda dominación, mal, muerte e injusticia con la acogida y promoción del don de la vida de amor, vida plena y eterna en Dios.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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