Antonio Leal hace una reflexión del curso académico e invita a reflexionar sobre cómo prepararse para el cambio.

Prepararse para el cambio

Se aproxima el final del curso académico 2014-2015, un curso que tanto en lo profesional como en lo personal, al menos para el que escribe estas líneas, ha venido cargado de retos. Pienso que el final de curso constituye un momento idóneo para hacer balance, reflexionar un poco y, por qué no, compartir lo que se ha aprendido. Pues bien, esto es lo que he aprendido últimamente: a veces, tanto los seres humanos como las organizaciones –que no son sino agrupaciones de recursos y personas estratégicamente alineados hacia la consecución de una serie de objetivos–, nos empeñamos obcecadamente en mantenernos inflexiblemente inmóviles, “unavoidably stuck to our own customs and beliefs”.

Solemos recelar sin miramientos de cuanto nos sugiere el más mínimo cambio. Y es que tendemos a considerar el cambio como algo negativo, como algo potencialmente dañino y perverso, cuando no tiene porqué ser así. Hace algunos meses, durante este curso, volví a leer el libro “¿Quién se ha llevado mi queso?: cómo adaptarnos a un mundo en constante cambio“, una lectura fascinante y enriquecedora, sabiduría condensada en unas pocas páginas. Para muestra un botón:

Reflexionó sobre los errores que había cometido en el pasado y los utilizó para planificar para el futuro. Ahora sabía que se puede aprender a afrontar el cambio. 
Se puede ser más consciente de la necesidad de procurar que las cosas sean simples, de ser flexible y moverse con rapidez.
 No hay necesidad alguna de supercomplicar las cosas o de confundirse uno mismo con temerosas creencias. 
Hay que permanecer atento para detectar cuándo empiezan los pequeños cambios y estar así mejor preparado para el gran cambio que puede llegar a producirse.


Conocía ahora la necesidad de adaptarse con mayor rapidez, pues si uno no se adapta a tiempo, es muy posible que ya no pueda hacerlo.
 Debía admitir que el mayor inhibidor del cambio se encuentra dentro de uno mismo, y que nada puede mejorar mientras no cambie uno mismo. 
Y, quizá lo más importante, se dio cuenta que siempre hay queso nuevo ahí fuera, tanto si uno sabe reconocerlo a tiempo como si no. Y que uno se ve recompensado con él en cuanto se dejan atrás los temores y se disfruta con la aventura.


También sabía que es necesario respetar algunos temores, capaces de evitarle a uno el verdadero peligro. Pero ahora comprendía que la mayoría de sus temores eran irracionales y que le habían impedido cambiar cuando más lo necesitaba.
En su momento no le gustó admitirlo, pero sabía que el cambio había resultado ser una bendición disfrazada, puesto que le condujo incluso a descubrir la mejor parte de sí mismo“.

Hechos inexplicables

Aprovecho para recomendar la lectura de este libro, un relato corto y ameno que podéis leer mientras disfrutáis de unos merecidos días de descanso estival. También recomiendo la lectura de otro libro que leí por recomendación de mi compañero y amigo José Luis Trechera. Se trata de un libro de Nassim Taleb, titulado “El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable”.

En este ensayo se aborda con precisión y exquisita pedagogía el impacto los denominados “cisnes negros”, aquellos hechos inexplicables, incontrolables y en teoría altamente improbables, que sin embargo suceden y que llevan a la reflexión sobre el importante peso del azar y el ingente número de factores que escapan a nuestro control. En palabras del autor:“¿Qué es un cisne negro? Para empezar, es un hecho improbable, sus consecuencias son importantes y todas las explicaciones que se puedan ofrecer a posteriori no tienen en cuenta el azar y sólo buscan encajar lo imprevisible en un modelo perfecto. El éxito de Google y YouTube, y hasta el 11-S, son «cisnes negros»”.

Nos vemos en septiembre, ¡Felices vacaciones!

Autor

Antonio Leal

Entusiasta del aprendizaje. En la Universidad Loyola Andalucía investigo en temas de gestión del conocimiento, innovación y cultura organizacional. Never stop learning!!! - alleal@uloyola.es | @alealrguez

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