Por una alfabetización informática real

Hace más de dos décadas, mi instituto de bachillerato enseñaba a programar en lenguaje Basic a casi la mitad de sus alumnos de 15 años. En aquel tiempo especulábamos sobre la inminente explosión de las tecnologías de la información, desde la convicción de que en pocos años la práctica totalidad de los jóvenes serían competentes en materias de programación y afines.

No se cumplió el vaticinio. Al contrario, presiento que las competencias informáticas, más allá de ciertos cursos de ofimática, se dan por adquiridas en el ámbito privado por pura necesidad  de integración en una sociedad digital. Pero lo aprendido en este contexto, como navegación web, redes sociales y correo electrónico, ni es de calado intelectual ni prepara suficientemente a nuestros futuros profesionales. La ausencia de competencias técnicas informáticas desde temprana edad es una avería de nuestro sistema educativo, y se manifestará en el momento menos sospechado como un bug, cuando no malware.

Las mismas razones que se esgrimen para la impartición de matemáticas justifican la enseñanza de la programación de ordenadores en secundaria y bachillerato. Donde una sirve para plantear formalmente problemas cuantitativos, la otra facilita las soluciones a los mismos. Desde el punto de vista psicopedagógico, tampoco faltan argumentos: si las matemáticas promueven el pensamiento formal abstracto y la destreza cuantitativa, la programación desarrolla la planificación de tareas y recursos, la comprensión del concepto de información, la conciencia de las posibilidades y límites de la tecnología, y finalmente la creatividad. Demasiado esencial para retrasarlo y confinarlo a un reducto de especialistas.

La programación de ordenadores hace tiempo que dejó ser competencia exclusiva de especialistas en TIC. En nuestro país se imparte invariablemente como asignatura obligatoria en las ingenierías de más demanda, incluyendo aquellas a priori menos afines como ingeniería química o de caminos. En contraste con materias como física y matemáticas, la informática sería la única que siendo formación básica común a estas carreras, no encuentra su debido arranque en el bachillerato. No es tampoco aventurado reclamar su necesidad en cualquier currículo donde lo cuantitativo o lo gráfico juegue un papel relevante, como la economía y la arquitectura.

Esta ausencia se debe tanto a la juventud del sector como al factor sociocultural que privilegia intelectualmente la ciencia frente a la técnica, un vicio enraizado en el siglo XIX. Otras sociedades más jóvenes y dinámicas se esfuerzan por corregir el déficit con iniciativas como el sistema Scratch del célebre MIT, que ofrece a niños de cualquier lugar un entorno visual muy intuitivo para la creación de sus primeros videojuegos. Y para una audiencia más diversa, proyectos como el Code Academy nos enseñan interactivamente a programar sin necesidad conocimientos previos. Es hora de que entremos en el bucle.

Autor

Fabio Gómez Estern

Año 2050. Sentado en un parque, un viejo profesor de ingeniería repasa mentalmente las revoluciones tecnológicas de la primera mitad del siglo XXI. Al hacerlo, se pregunta por las transformaciones sociales, culturales, económicas y medioambientales que éstas trajeron, y sobre el qué se pudo hacer. Alza la cabeza y cruza la mirada con un artilugio volador que en estático silencio levita frente a él. Ambos se adivinan el pensamiento. Este blog servirá al profesor Fabio Gómez Estern, director de la escuela de Ingeniería de la Universidad Loyola Andalucía, de guía en ese viaje retrospectivo, en forma de diminutos 'breadcrumbs''.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Calendario de Eventos

« diciembre 2017 » loading...
L M X J V S D
27
28
29
30
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31