Por la entrañable misericordia…

No puede haber otra razón que mueva a Dios a visitarnos que su entrañable misericordia.  En las entrañas amorosas de quién es presentado como “el Dios-con-nosotros” se dibuja el  cómo, el por qué y el para qué de esta VISITA.

Nos visita en la forma que toda persona de cualquier raza, tiempo y lugar pueda reconocerlo. Nos visita en forma de Encuentro. Este es el modo más real y cierto de reconocerlo.  El Esperado de los pueblos y anunciado por los profetas viene. Irrumpe en la historia de la humanidad en el momento oportuno, sin ser notado, sin bombo ni platillo. Viene en el silencio de la noche, en la sonrisa de un pequeño, en la fragancia de  una flor, en el latido del corazón humano… Viene y con Él comienza el tiempo nuevo que sólo se descubre al contemplar una historia tan humana y tan divina que se nos hace Misterio. Dios en medio de nosotros.

Viene como Luz y trae la Paz.

En medio del caos, la confusión y la oscuridad de la noche, Él viene y resplandece su Luz aunque tenuemente.

En medio de las fatigosas búsquedas que cansan y aturden Él viene y resplandece su Luz aunque tenuemente.

En medio de las luchas por la vida, la dignidad de la persona, el respeto y acogida del  diferente, Él viene y resplandece su Luz aunque tenuemente.

En medio del cotidiano aburrido y monótono, estresado y veloz, apasionante y vivo,  Él viene, resplandece su luz aunque tenuemente.

En medio del deseo insaciable de felicidad, de sabiduría, de bondad infinita que a veces experimentamos, Él viene y resplandece su Luz aunque tenuemente

Y  con su VENIDA incesante a un lugar concreto, extraño, provocador…  una cueva  inhóspita,  un mundo que convive con el mal y la injusticia, un pueblo distraído en la abundancia, un corazón cerrado, una familia rota, una comunidad olvidadiza,  un rostro desfigurado y  sufriente, un  …   A ese lugar concreto y en esa circunstancia concreta llega, viene con su LUZ en forma de ENCUENTRO.

Y fruto del Encuentro con el Dios nacido de mujer, hecho carne en Jesús, la PAZ.  La Paz que transforma el corazón de las personas y de los pueblos. La Paz anhelada y prometida. La Paz que se construye cada día, y que se activa, se sueña y casi tocamos con los dedos al celebrar la Navidad.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios

                nos visitará el Sol que nace de lo alto

para iluminar a los que viven en tinieblas y

  guiar nuestros pasos por el camino de la Paz.

 

Autor

Maria Rita Martín Artacho

Estudié Teología en Madrid en la década de los 80, después de una significativa experiencia profesional en el extranjero, motivada por el deseo de poder dar razón de mi fe y de dialogar con tanta gente que ya entonces se declaraba agnóstica, atea o sencillamente se alejaba de la iglesia; nunca agradeceré suficientemente esta decisión. Dirigir el Servicio de Evangelización y Diálogo de la Universidad Loyola Andalucía comporta un irresistible atractivo y un inmenso desafío en una sociedad multicultural llamada a caminar hacia la interculturalidad. Me lanzo a ello convencida de que el mensaje que anunciamos y tratamos de vivir es fuente de sentido que conecta, aviva y sacia la sed más honda del ser humano cuando se abre a la novedad de Dios.

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