Ian Simpson reta a sus alumnos a poner a prueba sus sentidos

Poniendo a prueba los sentidos

El profesor del Departamento de Psicología Ian Craig Simpson ha organizado, para la asignatura Percepción y Atención, de primer curso del grado de psicología y del doble grado en psicología y criminología, una práctica en la que los estudiantes han puesto a prueba sus sentidos, concretamente el olfato y el gusto

En la actividad participaron todos los estudiantes de la clase que, organizados por grupos, realizaron una serie de experimentos para poner a prueba los sentidos. Concretamente se realizaron tres tipos de ejercicios. En el primero los estudiantes tuvieron que oler una serie de sustancias (por ejemplo, vainilla, nutella, anchoas, queso parmesano, etc.) con los ojos cerrados e intentar poner adjetivos para cada olor. Según afirma Ian: “Suele ser muy difícil describir cómo son los olores, aunque se puede llegar a reconocer qué son”. Sin embargo, el reto incidía en el sentido del olfato, porque en el caso de la vista, tal y como explica Ian, es más fácil etiquetar lo que se percibe. “Si aún no se ha desarrollado un sistema satisfactorio para la clasificación de olores esto es debido, en parte, a nuestra inhabilidad para describir cómo son los olores“.

El segundo experimento trataba una idea antigua que dice que hay zonas específicas en la lengua para sentir diferentes los diferentes sabores. De la misma manera de que se puede mezclar tres colores básicos (azul, rojo, y amarillo) para crear cualquier color, hay 5 sabores básicos (salado, dulce, acido, amargo y umami) que dan lugar a todos sabores que experimentamos. Hace 100 años nació la idea de que cada parte de la lengua puede percibir tan sólo uno de estos 5 sabores básicos, y se publicó un mapa de la lengua mostrando estas zonas. El propósito de este experimento era verificar o rechazar esta idea y aplicar algunos sabores básicos a partes diferentes de la lengua para ver si los alumnos eran capaces de percibirlos o no.

El último experimento trató sobre la percepción de sabores. Con los ojos cerrados, los estudiantes tuvieron que probar una serie de comidas con la nariz tapada, y luego destapada. Aun con cosas comunes y distintas (por ejemplo, café, ajo, chocolate o piña), la mayoría de ellos fueron incapaces de identificarlos con la nariz tapada. A pesar de que tenemos los receptores de sabores en la lengua, el sentido del gusto viene del sentido del olfato. Esto explica por qué perdemos la habilidad de percibir sabores cuando estamos resfriados, la nariz queda bloqueada y nos falta la fuente principal de nuestro sentido del gusto.

A continuación mostramos un vídeo realizado por los propios estudiantes:

Autor

Javier Llorente Gutiérrez

Alumno en prácticas del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía

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