Pobreza, Trabajo y Misión

Por el 19 octubre 2015
Causas de la pobreza, desigualdad e injusticia social
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En mi experiencia docente e investigadora, todavía me encuentro con opiniones y posturas que aún mantienen que la pobreza y las personas que la sufren, los pobres, son fundamentalmente fruto de no querer trabajar o esforzarse, que lo son por su culpa…u opiniones similares.

Son los conocidos como mitos de la pobreza, que en realidad se nos impone por parte de los poderes de todo tipo, para ocultar y negar las verdaderas causas de las mismas. Entre estos mitos, asimismo, podemos encontrar otros similares como que la causa de la pobreza es que los pobres tienen muchos hijos, la superpoblación que impide que haya recursos y bienes para todos, etc.

Una realidad social e histórica

Realmente, como nos muestran las ciencias sociales, autores, estudios e informes sociales de todo tipo, de diferentes organismos u organizaciones e instituciones, más allá de una perspectiva individual, la pobreza es sobre todo una realidad social e histórica.

Esto es, la pobreza es causada por relaciones humanas, culturales y sociales, por estructuras y sistemas políticos y económicos, laborales, comerciales y financieros que generan desigualdad e injusticia social-global. La pobreza es primordialmente provocada por estas causas sociales y estructurales que originan privaciones y condiciones desiguales e injustas.

Como han estudiado las ciencias sociales, es la denominada estratificación social y desigualdad. En donde unos poderes, grupos o estratos sociales dominan y acumulan bienes, recursos y capacidades de todo tipo a costa de privar, empobrecer y excluir o expulsar a otros grupos sociales, pueblos y países. Como se observa, por tanto, la causa principal de la pobreza es la inequidad e injusticia en la distribución de los bienes de la tierra.

La riqueza en manos de pocos

Los informes y datos nos muestran con claridad como un grupo reducido de personas, los más ricos y poderosos con sus empresas, corporaciones multinacionales y financieras-bancarias: cada vez se enriquecen más, acumulan en pocas manos y en mayor medida todo tipo de riqueza y poder; lo que causa el empobrecimiento y la exclusión de todos estos grupos, pueblos o países, cada vez más empobrecidos y marginados, la mayor parte de la humanidad del planeta.

Entre estas causas reales de la pobreza predomina la desigualdad e injusticia en el mundo laboral, con un trabajo basura e indecente y con un paro planificado u organizado. Quien conozca y estudie la realidad del mundo del trabajo, observará que existe una estructura y sistema socio-laboral que precariza y explota cada vez más a los trabadore-as.

Con unas condiciones laborales infrahumanas e injustas, un trabajo deshumanizado y alienado, en donde al trabajador-a se les niega su dignidad y derechos. Tales como un trabajo estable que permita la seguridad y un proyecto con futuro de las personas y sus familias. Un  salario justo para él o ella y su familia. Una jornada laboral adecuada, que permita compatibilizar la vida profesional con la familiar y social.

La seguridad en el trabajo e higiene laboral. Rentas, pensiones y seguros sociales que permitan vivir con dignidad  a las personas cuando, por cualquier motivo, no pueden trabajar. En este sentido, la lacra del desempleo es estructural, el paro está planificado y organizado para generar la precariedad y explotación laboral, por lo cual, en esta línea, los trabajadores se ven obligados a aceptar cualquier empleo degradante e indecente.

Todo lo anterior, asimismo, lo ha estudiado y mostrado la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), en un dialogo fecundo e interdisciplinar con estas ciencias sociales. Los Papas, por ejemplo, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco nos han manifestado, de forma permanente y sistemática, la desigual e injusta distribución de los bienes que  genera la pobreza.

Lo que es causado por estas relaciones y estructuras inhumanas, perversas y de pecado, en donde la pobreza y los pobres son, principalmente, el resultado de un sistema laboral injusto que genera la explotación laboral y el paro, que niega la dignidad y los derechos de las personas.

Como estudian hoy las ciencias sociales, la DSI ha analizado y denunciado el fundamentalismo del mercado y del beneficio, la idolatría dictatorial y totalitaria del capital, el falso dios del lucro o ganancia, que se impone sobre el trabajo.

Esta idolatría del mercado, esta dictadura del capital, esta sacralización de la propiedad y de la competitividad del dios falso de la riqueza, del ser rico, genera y aumenta: el hambre y la pobreza en el mundo; el trabajo basura e indecente que lleva al denominado “precariado” y empobrecimiento cada vez mayor de los trabajadores y sus familias, los conocidos como working poor”, al incremento de la pobreza infantil.

Todo ello en un mundo que, como está más que estudiado y ha mostrado la DSI, posee bienes, recursos y posibilidades o capacidades de todo tipo, más que de sobra, para que toda la humanidad viva con dignidad, para que se erradique el hambre y la pobreza en el mundo.

Compromiso y lucha

En el amor y justicia liberadora que nos regala Dios en Jesús, la vocación (llamada) de las personas y de los cristianos, el sentido y la misión de la iglesia en este amor fraterno y compasivo que se hace justicia, iglesia pobre con los pobres, se realiza constitutivamente en el compromiso por la lucha contra la pobreza y por un trabajo digno.

Todo lo cual adquiere un sentido aún más profundo en estas fechas, que hacemos memoria del trabajo decente y de la erradicación de la pobreza en el mundo. Como nos enseña el Papa Francisco, se trata de buscar el “bien fundamental por cuanto se refiere a la dignidad, a la formación de una familia, a la realización del bien común y de la paz.

La educación y el empleo, el acceso al bienestar para todos son elementos clave para el desarrollo y la justa distribución de los bienes, tanto para lograr la justicia social, como para pertenecer a la sociedad. Las ideas que pretenden aumentar la rentabilidad a costa de la restricción del mercado del trabajo que crea nuevos excluidos, no son conformes con una economía al servicio de la humanidad y el bien común, ni con una democracia inclusiva y participativa” (Mensaje a Justicia y Paz, 2 de octubre del 2014).

Agustín Ortega

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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