El Papa Francisco durante una de sus homilías.

Pensamiento iberoamericano y el Papa Francisco

Actualmente, se viene estudiando, investigando y escribiendo sobre las raíces e influencias del Papa Francisco que se reflejan en su enseñanza y testimonio. Según estos estudios y autores, estos orígenes o referentes que han marcado al Papa Francisco se puede encontrar en la teología argentina, conocida como teología del pueblo.

Autores como L. Gera, R. Tello y el jesuita J. C. Scannone, que fuera formador del Papa, son representantes de esta teología latinoamericana que es una de las corrientes de la denominada teología de la liberación. Esta teología argentina del pueblo y de la liberación muestra lo más valioso del pensamiento iberoamericano, que se ha desarrollado en la época contemporánea, y es acogida por la iglesia.

Con autores tan significativos, juntos a los argentinos ya mencionados, como P. Freire, G. Gutiérrez o los jesuitas I. Ellacuría e I.  Martín-Baró, dos de los conocidos mártires de la UCA.

Este pensamiento y teología muestra una antropología integral que abarca las dimensiones constitutivas del ser humano como son la espiritual, cultural, ética, social, política y económica. Y que encuentra su entraña en el amor fraterno, solidaridad, paz y justicia liberadora con los pobres de la tierra; en la liberación integral con los empobrecidos, oprimidos y víctimas de la historia, con los pueblos crucificados por el mal e injusticia.

Cultura y espiritualidad del pueblo

Tal como se nos manifiesta en el Dios revelado en Jesucristo, el Dios Encarnado y Liberador. El Dios de la vida que nos trae el don (Gracia) de su amor, de su salvación y justicia liberadora de todo pecado, mal, opresión e injusticia, del egoísmo con sus ídolos del poder y la riqueza-ser rico que dan muerte.

En especial, este pensamiento y teología subraya la cultura y espiritualidad del pueblo, de las gentes más humildes y pobres, sus tradiciones, religiosidad popular y virtudes que muestran la fe en el Evangelio de Jesucristo.

La fe y espiritualidad del pueblo y de los pueblos empobrecidos, de los pobres expresan los valores y virtudes del Evangelio del Reino de Dios, como se manifestó en Jesús. Tales como el amor fraterno, solidaridad, paz y justicia con los pobres.

Aquí se está haciendo presente el Espíritu de Dios, en estos signos de los tiempos marcados: por la vida de fe y espiritual de los pueblos; por su misericordia y compasión fraterna, solidaria y esperanza en las luchas por la justicia y liberación integral de la opresión e injusticia que sufren.

Por tanto, este pueblo de Dios, iglesia pobre con los pobres, indica el camino en el seguimiento de Jesús. Es la fe en el servicio al Reino de Dios con sus exigencias de paz, justicia y liberación integral con los pobres, con los pueblos y crucificados de la historia.

Es pues una fe encarnada e inculturada en la vida del pueblo, de las culturas y de los pueblos. Lo que expresa toda esta espiritualidad, virtudes y valores del Evangelio que, en el Espíritu, se hace vida, cultura e historia.

La encarnación e inculturación del Evangelio y de la fe que acoge todo lo verdadero, bello y verdadero de todas estas tradiciones espirituales, culturales y populares, del pueblo y de los pueblos crucificados por la injusticia. Lo cual muestra siempre estos signos del Espíritu, de los tiempos en la vida solidaria y esperanza por la liberación integral de las cruces del mal, de la exclusión e injusticia que padecen los pueblos empobrecidos.

Este es el camino (método) de la fe y de la teología, la espiritualidad encarnada en la pasión de (por) la realidad, de la vida e historia. Es el principio de que la realidad tiene la prioridad sobre la idea, frente a todo espiritualismo e idealismo desencarnado.

El ver (conocer y comprender) la realidad desde la inteligencia de la fe, de la esperanza y del amor, con la mediación de las ciencias sociales, como la antropología, la historia y la sociología. Para la fe y la teología es clave este ver (contemplación de la) realidad.

El conocer y comprender las culturas, las relaciones sociales, políticas, económicas e históricas que es el lugar donde se encarna e incultura el Evangelio del Reino y su justicia liberadora con los pobres de la tierra.

Una realidad que, desde la mirada del Evangelio (del amor y misericordia), hay que contemplar y discernir. Con sus “gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren” (GS1).

Globalización y desafío ecológico

Una realidad donde existen los conflictos e injusticias, el mal y el bien, la gracia y el pecado, con el principio de que el conflicto no está por encima de la unidad. Es el juzgar la realidad, discernir y valorar esta realidad en el principio-misericordia con sus semillas de justicia. Y asumiendo el sufrimiento, opresión e injusticia que padecen los pobres e impide la paz, la comunión fraterna y la justicia liberadora.

Un ver y juzgar desde el Evangelio del amor universal, con una mirada global, en el principio de que el todo es mayor que la parte, que abarque el mundo con lo local y lo global. Más en estos tiempos de la era de la globalización y de la época de desafío ecológico, en la que vivimos, que reclama una cosmovisión planetaria.

Esta inteligencia de la fe, de la esperanza y amor encarnado, la inteligencia espiritual, social e histórica se realiza en la praxis de la justicia liberadora con los pobres de la tierra, en el actuar para transformar toda la realidad y el mundo.

Contra todo asistencialismo-paternalismo, y en coherencia con el ver-juzgar la realidad (análisis social e histórico), se trata de que las personas, los pueblos y los pobres sean sujetos de la historia, protagonistas y gestores de la realidad cultural, social, política y económica.

Es el principio de que el tiempo es superior al espacio, que lo primero y principal son los procesos emancipadores, liberadores de las personas, pueblos y pobres. Proyectos de los pobres como sujetos protagonistas de su promoción y liberación integral; frente a los espacios del poder, de los elitismos (élites) o “selectos” que se oponen a la autogestión y democracia real protagonizadas por toda persona, por los pueblos y los pobres como sujetos de su desarrollo liberador e integral.

Se trata por tanto, desde la Gracia en la fe, de impulsar esta promoción y liberación integral de los pobres como protagonistas de sus luchas por la paz, por la justicia y una ecología integral que vaya a las causas de los problemas, del mal e injusticia.

Contra el asistencialismo paternalista, hay que realizar un cambio personal, cultural y socio-estructural, ir a las raíces y causas del mal e injusticia como son el hambre, la pobreza y la exclusión social. Es la transformación radical (desde la raíz) de toda la realidad y del mundo, del pecado personal y socio-estructural.

Impulsar la mundialización de la solidaridad

La revolución cultural y de las estructuras (sociales) de pecado, de los sistemas políticos y económicos perversos. Como el que domina hoy, el neoliberalismo, el capitalismo (ya) global, la globalización neoliberal del capital con sus ídolos del mercado, del beneficio y de la competitividad erigidos como dioses (falsos).

Es la actual idolatría del dinero-riqueza, del ser rico y del capital que como falsos dioses exigen el sacrificio de los pueblos, de los pobres en el altar de la ganancia y de un supuesto mercado libre que no es más que una falsa libertad, manipulada por el individualismo posesivo e insolidario.

Frente a lo anterior, a la cultura del descarte y de la exclusión, a la globalización de la indiferencia, hay que impulsar la mundialización de la solidaridad, de la pobreza solidaria, la justicia social-global y ecológica. Una ecología integral y una globalización de la paz justa con las 3 “T”.

Tierra con el destino universal de los bienes, que está por encima de la propiedad. Trabajo decente, que tiene la prioridad sobre el capital. Y techo, vivienda digna. Es el estado social de derechos que, a nivel global, posibilita la civilización del amor.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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