Pedro Caldentey: “Europa necesita líderes valientes que miren a largo plazo y capaces de interpretar a los ciudadanos”

Pedro Caldentey, director del Departamento de Economía de la Universidad Loyola, e investigador de la Fundación ETEA, ha dedicado gran parte de su vida al estudio de regionalismos y procesos de integración, especialmente, en CentroAmérica y es presidente de la sección Europa-América Latina de LASA, Asociación de Estudios Latinoamericanos.

La Universidad Loyola Andalucía, en sus inicios cuando desarrollaba su actividad en Córdoba como ETEA, se especializó en integración regional. Como explica Caldentey “empezamos trabajando con la Unión Europea porque nuestro entorno era propicio, si te asomas a las ventanas del sur del campus de Córdoba están las tierras de la campiña protegidas, los cereales,  por la Política Agraria Comunitaria; por la ventanas del norte están los olivos y más allá los Pedroches, con productos subvencionados y desarrollados dentro del marco del PAC”.

(P): ¿Cuándo comenzó la preocupación y el trabajo de la Universidad por la integración regional en latinoamérica?

Comenzó con el desarrollo de mi tesis doctoral, desde ese momento nos abrimos a la integración latinoamericana. Son procesos mucho menos desarrollados que el europeo pero parecidos o con la misma lógica, como son la Comunidad Andina, Mercosur, CARICOM de los países del Caribe, o el SICA que la integración de países centroamericanos. En el entorno de la integración latinoamericana está también ALBA,  UNASUR, o el más reciente, la Alianza del Pacífico. En 1991 comencé a trabajar bajo la dirección José Juan Romero, S.I.  en integración latinoamericana, especialmente centroamericana, y desde entonces no hemos parado, realizando trabajos muy significativos en esa área. Somos expertos en el análisis comparado de la integración europea y latinoamericana pero ahora estamos atentos a otras experiencias en África y en Asia. Es un tema con grandes altibajos, en América Latina especialmente, lo mismo está en el centro de la agenda de desarrollo  que desaparece o es la solución a todos los problemas, según los expertos y los políticos, y de repente cambia el momento y comienza a escribirse del tema con el convencimiento de que no es un entorno eficaz. Lo que si está claro es que es un tema clave para el desarrollo  latinoamericano.

(P): ¿En qué momento se encuentran todos estos procesos?

Después de unos años de gobiernos de izquierdas en América Latina, con el multilateralismo y la organización mundial de comercio  en crisis,  la integración parecía la solución a todo y aparecieron procesos nuevos como URNASUR, ALBA y la Alianza del Pacífico. Después de ese periodo con un alto protagonismo  político, ha llegado una fase de escepticismo profundo. Pero para eso estamos los investigadores, nuestro papel es no exagerar en las épocas buenas ni dramatizar en las épocas malas porque la integración, al igual que en Europa, no es más que un instrumento complementario al desarrollo de los países. Cada país tiene sus propias fuerzas, recursos y planes nacionales pero hay un plano adicional de colaboración con aquellos que se parecen  y están próximos que puede contribuir a que los países sean más eficaces y lleguen mucho más lejos de lo que pensábamos. Europa a pesar de su crisis ha demostrado ser eficaz y en América Latina la integración es todavía más deseo que realidad pero está profundamente enraizado en la propia identidad latinoamericana.

Actualmente todos los países participan en algún proceso pero hay dos que lo hacen con muy poca intensidad y solo en el ámbito de los acuerdos comerciales que son México y Chile .  Para tener esta postura hay que ser grande, estar al lado de Estados Unidos o ser un país con ciertas peculiaridades y mucha diversidad productiva como Chile. Pero en general todos participan en alguno de los procesos latinoamericanos de integración.

(P): ¿Cuáles son las mayores trabas o impedimentos que se encuentran estos procesos de integración?

Latinoamérica como concepto es muy superficial y hablamos de Latinoamérica sin distinguir que está Brasil, Nicaragua, Argentina, o cualquiera de los países caribeños, que no es lo mismo estar muy cerca de Estados Unidos que muy lejos, que hay zonas que son muy vulnerables a los desastres naturales y otras no, que hay barreras físicas muy condicionantes en América latina como por ejemplo los Andes, que separan unos países de forma muy importante, o el Amazonas, que hace difícil la relación entre países vecinos si tienen que atravesar esa zona.  Es una región muy heterogénea y hablar de Latinoamérica en general es cada vez menos útil. Paradójicamente pese a que existe una identidad común muy fuerte,  la relación,  por ejemplo, económica es muy reducida.

Uno de los trabajos que estamos realizando desde la Universidad, en el Departamento de Economía, es analizar el comercio intrarregional latinoamericano y es muy bajo, los países latinoamericanos negocian o comercian más con China o Estados Unidos que entre sí mismos. Éste es uno de los grande obstáculos de la integración, la interdependencia de sus economías no es nada intensa y es difícil encontrar incentivos que hagan a los presidentes apostar por la integración. Es un proceso que no se hace en una legislatura, las elecciones no se ganan diciendo voy a impulsar la integración porque en cuatro años no se notan grandes cambios, si embargo,  con un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos o China te apuntas un tanto político enorme, así que los incentivos son poco evidentes a corto plazo ya que la integración es un asunto a largo plazo.  Son procesos de 20 años,  como fue el caso España en la Unión Europea, llegamos a un acuerdo, a un proceso que tenía muchas cosas en marcha , nos sumamos a ellas y en 30 años hemos visto cambios interesantes.

Otro de los grandes problemas es el presidencialismo  que condiciona mucho como se define el interés nacional y los consensos de estado y todo eso porque fuerza a actuaciones que son de 4 a 8 años o de 5 a 10, depende si hay reelección o no. En latinoamérica tienen más fuerza los liderazgos personales que los partidos políticos y así es difícil construir procesos de largo plazo.

(P): Y hablemos de futuro, ¿hacía donde se encaminan todos estos procesos?

En la reunión que hemos tenido en Lima reciente de LASA,  la asociación de latinoamericanistas más grande del mundo,  dialogamos de todo: de diversidad de género, de políticas sociales, de cultura, de arte, narrativa, todos los asuntos que afectan a América Latina. Comencé mi intervención recordando que en el año 2016 en LASA una ola de escepticimo había recorrido el Congreso y todos salimos con la sensación de que la integración estaba casi acabada. Sin embargo, este año,  la integración no ocupa un papel central pero el ambiente es un poco más sensato, no optimista pero sí sensato. Salieron temas como la crisis de la Unión Europea y el estado actual de los procesos que hay en latinoamerica, repasando cuáles de ellos estaba más en forma y poniéndonos de acuerdo en qué es integración, qué es libre comercio, qué es cooperación,  supranacionalidad, qué naturaleza tienen los procesos y cuáles son los condicionantes de su funcionamiento.

“En América Latina los presidencialismos no tienden a reconstruir procesos ya creados sino a crear otros nuevos”

Mi participación se ha centrado  en los patrones del regionalismo latinoamericano, en un patrón común evidente en muchos de los procesos en los que un grupo de líderes ,que en general tienen confluencia política mas cercana a la izquierda que a la derecha, ponen en marcha un proceso siempre con contenidos multidimensionales, no solo económicos, pero con un proyecto político estratégico de fondo.  Durante dos o cuatro o cinco años la integración,  como le pasó a UNASUR, ALBA y ahora a la Alianza del Pacífico, parecía un proceso exitoso alrededor del cual hay una voluntad política intensa. Sin embargo, cuando los líderes que impulsaron el proceso se van y llegan sus recambios el proceso pierde empuje político y entra en un periodo de calma que conlleva una perdida de interés de los ciudadanos  o a que no se impulsen los acuerdos.  Uno de los grandes defectos que tiene la integración latinoamericana  es que no cierra nada, y los presidencialismos no tienden a reconstruir procesos ya creados sino a crear otros nuevos con lo que se ha producido una inflación de acuerdos abiertos que da una imagen negativa.

(P): ¿Cómo ha afectado el cambio político de Estados Unidos o  la crisis de Europa a la integración de latinoamérica?

Al principio pensamos que Trump iba a tener un protagonismo mayor pero por ejemplo, en LASA,   hablamos más de China que de Donald Trump porque el problema que genera el presidente de los Estados Unidos es que amenaza con renegociar o romper el acuerdo con México y Cánada, referencia imprescindible para el regionalismo latinoamericano. En un foro en el que participé nos contaba Enrique Dusell, académico mexicano, que su percepción es que México no debía estar especialmente asustada porque parecía más un posición negociadora la de Trump amenazando con cerrar el NAFTA, ya que el primer perjudicado seria EEUU. A pesar de la espectacularidad de los tweets de Donald Trump los latinoamericanistas piensan que su impacto no va a ser tan grande.

“Es importante la confluencia de la crisis del euro y el rechazo social que ha generado en los ciudadanos la política de austeridad”

Sobre la Unión Europea en LASA se habló mucho de las elecciones francesas y sobre todo de la crisis. Es importante la confluencia de la crisis del euro y el rechazo social que ha generado en los ciudadanos la política de austeridad aplicada ante la crisis global y la del euro y que ha generado un desapego tremendo en los ciudadanos en incluso en los países más integracionistas como el nuestro.  La combinación de esa crisis, con el tema de las migraciones enturbia mucho la idea que habíamos forjado de Europa como potencia internacional benigna, pacificadora y generadora de consensos. El conflicto alrededor de los migrantes y los casos de Siria y otros países de Oriente Medio nos han dejado en ridículo pero además ha puesto en evidencia que el proyecto común europeo está muy cuestionado y que hay muchos países que no asumen la visión tradicional de la integración que hemos mantenido todos estos años haciendo caso omiso a las decisiones tomadas sobre los migrantes.

“hay que redefinir todos los proyectos igual que estamos redefiniendo todos los paradigmas económicos”

También por supuesto está el Brexit, la estupefacción que nos causó que un país, aunque fuera el Reino Unido, se quisiera ir de la Unión y con amenazas de seguir sus pasos en  Francia u Holanda que se han resuelto bien en las últimas elecciones. Yo planteaba en LASA que la crisis es una crisis muy intensa, que efectivamente la Unión Europea se la juega, que el fondo de la crisis es que hay un cambio de modelo, un cambio de ciclo en la economía global que se puede explicar como la 4ª revolución industrial o la crisis de la globalización,  pero que va a construir un sistema de relaciones económicas y políticas y sociales distintas y hay que redefinir todos los proyectos igual que estamos redefiniendo todos los paradigmas económicos. Hemos sido perdedores de la globalización, pensábamos que nos íbamos ganar mucho y ha resultado que  potencias como China y otras emergentes han salido ganando de este escenario. Nos vemos con la sorpresa que algunos de nuestros sectores productivos se vienen abajo y de que hay un parte importante de nuestras clases medias que se encuentra en una situación de pobreza o vulneralidad ante la falta de empleo y sobre todo de poca esperanza en el futuro. Esa es la reacción que explica el rechazo a la unión, el brexit, y otros tantos procesos. Yo explicaba en LASA que la solución es que la UE revise su proceso , que las élites políticas lo miren de otra manera y lo adapten a lo que el entorno y los ciudadanos demandan. La Unión necesita hacer un esfuerzo, un diseño y ser tan valiente como lo fue en 1951 cuando proponían a los que se acababan de enfrentar en la guerra que la solución a los conflictos era trabjar más, entrelazar intereses, poner recursos estratégicos como el carbón y el acero en común. Necesitamos otra vez lideres valientes que miren a largo plazo y que sean capaces de interpretar a los ciudadanos.

Autor

Nuria López

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. nlopez@uloyola.es Twitter: @Nurialsanchez

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