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Resumen del discurso del papa Francisco en la FAO en el Día Mundial de la Alimentación.

Pensamiento social y el Papa Francisco ante el capitalismo

Estamos celebrando el quinto aniversario de la llegada del Papa Francisco al ministerio petrino. Y uno de los frutos más fecundos de Francisco es su enseñanza social, que prosigue y profundiza ese tesoro desconocido u ocultado como es la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).

El mensaje social del Papa con sus documentos más importantes (EG y LS) o encuentros con los movimientos populares, asimismo, lo muestra con su vida y testimonio. Y ha causado escándalo y rechazo por parte de los sectores neoliberales (del liberalismo economicista) y capitalistas. Lo cual no es nuevo ya que, de forma similar, había sucedido con la DSI anterior y los Papas que precedieron a Francisco, en toda esta época contemporánea.

En este sentido, el profesor y especialista en DSI Ildefonso Camacho SJ (jesuita), responsable de la Universidad Loyola Andalucía, ha publicado un artículo en la revista de Fomento Social (nº 287-288, 3-4/2018) sobre estas cuestiones. Con el título Capitalismo y mercado en el pensamiento de Francisco en sus cuatro primeros años de pontificado”, recogiendo dichas críticas que le hacen al Papa, el profesor Camacho hace un recorrido minucioso por sus diversos documentos en relación al mercado, a la economía y al capital.

En las conclusiones afirma que “el capitalismo de mercado no ha sido capaz de garantizar un acceso de todos a los bienes producidos y a la renta generada: ha sido un sistema excluyente, que no solo explota y margina, sino que excluye” (a partir de ahora, todos los textos entrecomillados pertenecen a las conclusiones de dicho artículo de I. Camacho).

El pensamiento social católico cuestiona el capitalismo

Teniendo en cuenta dicho artículo en diálogo con su autor, con las referencias de la DSI de los Papas como Francisco, vamos seguir tratando y profundizando como este pensamiento social católico critica y deslegitima moralmente al capitalismo en su misma entraña perversa. La DSI con Francisco, como vamos vez, cuestiona y niega los elementos constitutivos-estructurales perversos del capitalismo teórico, práctico y real.

Como bien sigue afirmando Camacho en dichas conclusiones de su trabajo citado, al igual que la DSI, “el magisterio del Papa Francisco no se entiende sin tener en cuenta su preocupación por los pobres y excluidos y por su convicción de que la Iglesia está llamada a empeñarse en la lucha contra esta injusticia. Esta perspectiva se amplía con la preocupación por la casa común, que Francisco relaciona estrechamente con la pobreza”.

La DSI tiene su corazón en el Dios revelado en Jesús, el Dios del amor fraterno, de la vida y de la justicia con los pobres de la tierra. Dios se encarna en Jesús Pobre-Crucificado por el Reino de Dios y su justicia, en fraternidad solidaria con los pobres, para salvarnos y liberarnos de todo mal, pecado, muerte e injusticia. Dios en Jesús nos viene a liberar del pecado del egoísmo y sus ídolos de la riqueza-ser rico, del poder y de la violencia.

Como ha estudiado el profesor Camacho en sus diversos libros e investigaciones, y tal como nos sigue diciendo en su artículo, el problema y mal de fondo del capitalismo no “es el mercado mismo, sino la lógica que le inspira cuando se absolutiza y tiende a invadir todos los ámbitos de la sociedad. Esta lógica lleva a la idolatría del dinero e impide que el norte que da sentido a toda actividad económica sea la persona humana.

El problema de fondo es ético y antropológico: la centralidad del sujeto humano, propia del pensamiento moderno, se ha desviado llevando a un dominio sin límites  del sujeto sobre cualquier objeto. Este antropocentrismo desviado (fruto del paradigma tecnocrático) desemboca además en un individualismo que todo lo relativiza en función de los puros intereses del sujeto”.

La DSI con los Papas como Francisco ha rechazado esta inhumana antropología burguesa del individualismo posesivo e insolidario del capitalismo, que pervierte la libertad con su egolatría del tener e interés individualista, con la idolatría de la riqueza-ser rico. Es la falsa libertad sin ética ni política del bien común.

Frente a esta esencia deshumanizadora y anti-evangélica del capitalismo, la DSI con Francisco nos propone otra antropología y ética solidaria con el cambio (conversión) personal. Tal como nos sigue transmitiendo muy bien el profesor Camacho, “un cambio de sistema es necesario, pero no será posible sin un cambio de mentalidad, de valores y de cultura, que se oriente a la solidaridad, a la compasión y la misericordia, al encuentro y al diálogo”.

Frente a estos falsos dioses del poseer, del dinero-riqueza (ser rico) y del tener que se imponen sobre el ser solidario, el pensamiento social cristiano y la DSI nos propone, como iglesia pobre con los pobres, la civilización de la pobreza. Esto es, una existencia austera, sobria y de pobreza evangélica en la solidaridad con la comunión de vida, de bienes y de luchas por la justicia con los pobres de la tierra. Es la fe e iglesia pobre con la opción por los pobres como sujetos de su promoción y liberación integral, frente a todo asistencialismo paternalista.

En esta transformación del sistema, “la persona ha de ser el centro. Lo que implica la tutela y promoción de los derechos humanos, evitando una deriva individualista de estos y promoviendo los derechos sociales para todos y una democracia participativa, en la línea de la mejor tradición del humanismo europeo. Porque la lucha contra la pobreza no puede reducirse a tareas asistencialistas…

El bien común de la sociedad es tarea también de todos los ciudadanos, no solo de los poderes públicos. En la construcción de un sistema nuevo corresponde un papel relevante a las clases populares: aportan creatividad y esperanza, aportan pequeñas realizaciones basadas en la cercanía y en la solidaridad. En esto consiste una auténtica democracia”.

El Papa Francisco ante el capitalismo

En oposición a la entraña perversa del capitalismo, la DSI con los Papas como Francisco nos muestra que, frente a la idolatría mercantilista, la sociedad civil y el estado, conformado por esta comunidad social (el pueblo), han de controlar al mercado y a la economía para que sea ética y justa. Es la verdadera democracia con el principio de subsidiariedad, que está al servicio del bien común y de las necesidades de los pueblos, en la defensa de los derechos y la justicia con los pobres.

“Un sistema alternativo exige contar con el Estado y los poderes públicos, que han de velar por el bien común de la sociedad y por los más vulnerables. Para ello es imprescindible encauzar el mercado e impedir que su lógica sea el último criterio de funcionamiento”.

Se rechaza así la dictadura económica y el totalitarismo del mercado que ha de ser regulado e intervenido a nivel ético, civil y político con valores, leyes e instituciones (estructuras) para asegurar el bien común más universal, la solidaridad y la justicia social-global. Y esta línea, de nuevo en contra del corazón maligno del capitalismo, implantar el valor básico del destino universal de los bienes que tiene la prioridad sobre la propiedad.

En contra del mal del capitalismo, la DSI con los Papas como Francisco nos enseña que la propiedad no es un derecho absoluto e intocable, sino que está subordinado a este principio ético-social esencial del destino universal de los bienes. La propiedad, de forma inseparable, tiene una índole personal y a la vez social que hace posible el reparto con equidad de los bienes, la socialización justa de los recursos para toda la humanidad.

En este sentido, frente a la esencia injusta del capitalismo, hay que defender el principio moral social imprescindible: el trabajo está antes que el capital. El trabajo decente con la dignidad y derechos de la persona trabajadora, como es el valor ético primordial de un salario justo, está por encima del capital, de los medios de producción, del beneficio y de la competitividad.

Frente a la empresa capitalista, de ahí se sigue la clave de la socialización de los medios de producción. En donde los trabajadores sean sujetos, dueños y artífices de la vida y propiedad de la empresa como comunidad humana. Es la economía social y cooperativa, del don y la comunión. Y de nuevo contra la lógica perversa de la economía y banca capitalista, el pensamiento social y la DSI con Francisco se oponen al mal y pecado tan grave de la usura con los prestamos e intereses abusivos, usureros e injustos.

Esta economía usurera y especulativa del capitalismo: endeuda, empobrece y arruina a los pueblos, a las familias y a los pobres; especula con todo, hasta con los bienes más vitales como son los alimentos; y permanentemente, de forma sistemática e histórica, genera las estafas e injusticias de las crisis. Por las que unos pocos se enriquecen cada vez más, con toda esta creciente desigualdad e injusticia social-global que padecemos, a costa del sufrimiento, empobrecimiento y exclusión de la humanidad.

Como nos enseña Francisco, hay que “pasar de una economía que apunta al rédito y al beneficio, basados en la especulación y el  préstamo con interés, a una economía social que invierta en las personas creando puestos de trabajo y cualificación. Igualmente pasar de una economía líquida, que tiende a favorecer la corrupción como medio para obtener beneficios, a una economía social que garantice el acceso a la tierra y al techo por medio del trabajo”.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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