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Pablo Santamaría, Director del Departamento de I+D+i de TEA Ediciones y profesor de Loyola Másteres.

Pablo Santamaría: «Bien utilizados, los tests son un compañero útil en la ardua tarea del psicólogo»

Pablo Santamaría es Doctor en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Metodología. Director del Departamento de I+D+i de TEA Ediciones, es especialista en la creación, desarrollo y adaptación de instrumentos de evaluación. Recientemente ha impartido clase en el Máster Universitario en Psicología General Sanitaria de Loyola Másteres, la escuela de postgrado de la Universidad Loyola.

 

(P): ¿Piensas que los tests son necesarios en la práctica clínica?

(R): Si trasladamos esta pregunta a otro entorno profesional sería algo así como preguntar si son necesarios los martillos en el mundo del bricolaje o las radiografías en el mundo de la medicina. Un profesional de estas áreas nos miraría desconcertado y sorprendido ante la pregunta, y, si le insistiéramos para responder, su respuesta posiblemente sería “sí, claro, cuando se utilizan para lo que se tienen que utilizar, cuando se tienen que utilizar y por quién se tienen que utilizar”.

Un buen martillo empleado para la tarea adecuada y por alguien con habilidad en su manejo puede ahorrar mucho tiempo y esfuerzo y permitir completar de forma excelente un trabajo, ¡imagínense que no existieran los martillos! Ahora bien, un martillo empleado por alguien que solo tiene un martillo y que trata todos los problemas como si fueran un clavo, resultará nefasto. La cuestión, lógicamente, no es el martillo, sino saber cuándo utilizar, cómo utilizar y para qué utilizar un martillo. Ah, claro, y ser un profesional competente en su uso.

(P): ¿Qué papel deben jugar los test en la labor de un psicólogo?

(R): Los tests son una herramienta más dentro de la caja de recursos del psicólogo. Su utilidad no puede separarse del uso concreto que se realice, ni de la habilidad del profesional que lo emplee para entender sus virtudes y limitaciones y su correcto encaje dentro de un proceso completo de evaluación o intervención con todo el resto de fuentes de información disponibles. En palabras de Gregory Meyer: “Los tests no piensan por sí solos ni se comunican con las personas evaluadas. Como un estetoscopio, un aparato para medir la presión de la sangre o un escáner de resonancia magnética, un test psicológico es una herramienta “tonta” cuyo valor no puede ser separado de la pericia y sofisticación del profesional que extrae inferencias de él y que las comunica a las personas evaluadas y a otros profesionales”.

Por lo tanto, y volviendo a la pregunta anterior, el debate no sería tanto si los tests son necesarios o no. Afirmar ciegamente la necesidad de los tests o renegar de ellos resultaría tan absurdo, bajo mi punto de vista, como hacerlo de un martillo, una radiografía o cualquier otra herramienta profesional. No me imagino a un médico afirmando que “no cree en las radiografías”, porque el problema nunca estaría en la propia técnica de la radiografía sino en no saber adecuadamente cuándo usarla y con qué objetivo. Como con cualquier herramienta profesional, la cuestión es el para qué, el cómo y el por quién.

Bien utilizados serán un compañero útil en la ardua tarea del psicólogo, ayudándonos a complementar nuestras valoraciones e impresiones, a no pasar por alto aspectos relevantes en la evaluación, a poder hacer un buen seguimiento y a verificar la mejora o empeoramiento de nuestros pacientes, entre otras muchas funciones.

(P): ¿Podrías ponernos algún ejemplo concreto de cómo pueden ayudar en la labor del psicólogo?

(R): Por poner solo un ejemplo, Lilienfeld y colaboradores publicaron en 2014 un interesante estudio analizando cuántos sesgos cognitivos podían jugarnos malas pasadas a los terapeutas a la hora de valorar la mejoría de un paciente. En su estudio identificaron hasta 26 sesgos diferentes que pueden distorsionar nuestras valoraciones y hacernos engañosamente considerar una mejoría. Esto no es algo aislado en la literatura, ni siquiera es aislado en la psicología, sino que es algo propio del ser humano en todas las áreas de conocimiento, de ahí la necesidad de disponer de tecnología que complemente nuestro sistema cognitivo y nos sirva de contraste para reducir los sesgos naturales que solemos cometer.

Es sabio mantener un sano escepticismo con relación a nuestro ojo clínico y utilizar medidas complementarias que nos enriquezcan nuestra práctica. Los tests pueden ayudar mucho en esta labor.

(P): En este sentido, ¿de qué forma pueden complementarse entrevistas clínicas y tests psicológicos?

(R): Roberto Colom expresaba con claridad meridiana un punto clave con relación a esta cuestión: “Pienso que los graduados suelen salir de la universidad con una concepción infundada sobre los test porque el hecho de que los test se desarrollaron para sistematizar la exploración psicológica no es algo que se subraye adecuadamente en su proceso de formación. Al fin y al cabo, la realidad es que un test estandarizado es una entrevista psicológica estructurada que debe atenerse a una serie de estrictos criterios para facilitar la obtención de información sobre el evaluado, así como la comunicación entre colegas y con otros profesionales como profesores, médicos o jueces.”(Colom, 2020).

Los test psicológicos son creados exprofeso con el objetivo de enriquecer la evaluación, aportando información estructurada al respecto y que complemente tanto la entrevista como cualquier otra fuente de información que se disponga. Una buena evaluación debería integrar los datos de cuántas más fuentes de información posibles mejor (historial, entrevista, observación, terceros informantes, tests…).

Cualquier proceso de evaluación es un círculo con varias etapas en las que se van alternando diversas técnicas. Puede empezarse con una entrevista, continuar con un test clínico de amplio espectro que nos permita tener una visión amplia y estructurada de las diversas áreas de problemas de la persona y, a partir de los resultados obtenidos y de la entrevista, seguir profundizando en las áreas necesarias para la formulación del caso y después hacer seguimiento durante la intervención. En este sentido los tests se integran dentro de todo un proceso de evaluación que se inicia en la terapia y la acompaña durante todo su recorrido.

(P): ¿En qué áreas de la Psicología se utilizan más frecuentemente los test?

(R): Los tests son usados actualmente en prácticamente todas las áreas de la psicología (clínica, educativa, recursos humanos, forense, neuropsicología…). Un test no es ni más ni menos que un aparato de medición y, como tal, siempre está presente en cualquier área, ya sea para valorar el nivel de sintomatología ansiosa o depresiva de una persona, la presencia de un problema de dependencia emocional, el riesgo de que haga daño a otras personas o a sí mismo, su competencia para cuidar de un familiar, su ajuste a un puesto de trabajo… Son infinitas las posibles razones por las que se puede utilizar una prueba. Siempre que sea necesaria una medición, los tests jugarán un papel destacado, precisamente porque es una de las tecnologías más potentes que tenemos para poder hacer mediciones fiables y válidas.

Por ejemplo, en el campo clínico se ha evidenciado la utilidad de la introducción de tests para garantizar que se están abordando todos los problemas presentes y que no se pasa por alto ningún componente relevante, así como realizar un oportuno seguimiento, de forma que puede mejorarse el éxito de la intervención. Igualmente, en el campo de recursos humanos hay múltiples estudios que resaltan la eficiencia del uso de los test en procesos de selección proporcionando una medida menos sesgada y más precisa de los componentes clave.

Además, no se ha de olvidar que, cada día más, los psicólogos y las decisiones que tomamos con nuestras evaluaciones e intervenciones tienen consecuencias y podemos vernos en la arena legal para tener que defenderlas o justificarlas, y la calidad de las herramientas de evaluación que utilizamos es una de las áreas clave a este respecto. En este sentido, los tests pueden resultar especialmente valiosos.

(P): ¿Hay alguna área en la que su uso sea especialmente relevante o imprescindible?

(R): Por razones obvias, los psicólogos forenses siempre han sido más conscientes de la necesidad de justificar y argumentar con criterio sus decisiones y de ahí que sea una de las áreas donde el uso de los tests sea más imprescindible para poder documentar correctamente los datos recogidos de forma que puedan estar sometidos al escrutinio profesional. Pero esto es algo que progresivamente irá extendiéndose más y más a otras áreas de la psicología, con la necesidad de justificar en nuestros informes la toma de decisiones realizada (en el educativo sobre por qué asignar o no asignar una determinada necesidad de educación especial, en el sanitario sobre la formulación del caso realizada y la intervención propuesta…).

(P): ¿Cómo son vistos los tests desde otras profesiones?

(R): Siempre me ha sorprendido que otras profesiones afines a la psicología (enfermería, trabajo social, educación social, pedagogía, logopedia, fisioterapia, magisterio…) valoran enormemente los test y están deseando poder acceder a ellos. De hecho, el conflicto frecuentemente es precisamente con relación al acceso y uso de los tests, ya que es uno de los objetos codiciados por lo que les permitiría avanzar en tecnología de medición y su inclusión dentro de sus evaluaciones. El contraste es enorme con la cierta indolencia o indiferencia con la que se contemplan a veces los tests por parte de los psicólogos, quizás por un desconocimiento de la potencia que nos permite esta tecnología y lo que puede facilitarnos nuestro trabajo.

(P): ¿Hace falta una preparación especial para la aplicación de tests?

(R): Rocío Fernández Ballesteros suele decir que prefiere a un buen psicólogo sin tests frente a un mal psicólogo con tests, siendo ella una obvia defensora acérrima de los tests en evaluación psicológica. Y efectivamente, por su aparente sencillez, los tests pueden ser fácilmente mal usados. Bajo esa aparente sencillez de los tests subyace una tecnología que requiere su adecuada comprensión para saber cómo aplicar, corregir e interpretar coherentemente un test.

Por lo tanto, el primer gran error que se puede cometer en el uso de los tests es no dedicarle el suficiente tiempo a formarse en su utilización, empezando con la detenida lectura de su manual (algo que desafortunadamente no ocurre la mayoría de las veces) y pidiendo el apoyo y supervisión de compañeros que ya conozcan la herramienta, entre otras posibles vías de aprendizaje.

Otro error habitual es seguir utilizando inadvertidamente pruebas que tienen 30, 40 o 50 años y que pueden haber perdido su adecuación en la actualidad (simplemente eran las que se utilizaban en la institución cuando se entró a trabajar o en las que se formó, pero que a lo mejor no son las óptimas actualmente). Como en cualquier otra área, es necesario estar al tanto de las novedades. Casi todas las editoriales de tests tienen newsletter o boletines de noticias que permiten estar informado automáticamente de las novedades que se publican. Igualmente, los colegios también suelen informar en sus boletines de noticias o en sus revistas incluyen un apartado de reseñas de nuevas pruebas de evaluación para mantener informados a los profesionales.

(P): ¿Qué le recomendaría al psicólogo/a para mantenerse al día en la actualización de los tests?

(R): Ahora mismo están a disposición de los profesionales numerosos webinars que permiten formarse on-line gratuitamente directamente de la mano de los autores o adaptadores de las pruebas. Son videos de apenas 45 minutos donde se explican los fundamentos del test o prueba y se ilustran con casos en los que se muestra cómo interpretar adecuadamente los resultados obtenidos.

También los diversos colegios de psicólogos están realizando múltiples acciones de actualización y talleres de actualización en evaluación que son una buena fuente de información. En algunos de ellos se imparten específicamente talleres sobre el buen uso de los test, precisión y buena praxis en la interpretación, que están teniendo una excelente acogida.

En esos talleres se ilustra cómo seleccionar correctamente un test y evitar utilizar pseudotests, pruebas con apariencia de tests pero con características técnicas claramente insuficientes y que dudosamente ayudarán al profesional. En este sentido es necesario tener formación adecuada sobre cómo seleccionar el test adecuado. Igualmente, también se forma en pautas adecuadas para la aplicación, corrección e interpretación de los tests.

(P): Una frase con la que le gustaría acabar esta entrevista…

(R): Pues una de Alan Kaufman, una de las figuras en evaluación psicológica, que afirmaba que “los tests son válidos en manos de un profesional competente que es capaz de ir más allá de los números (…) para integrar las puntuaciones de los test con la persona concreta a la que se está evaluado y armonizar ambas informaciones (comportamientos y puntuaciones) para generar recomendaciones que resulten útiles”.

Autor

Francisco Javier Burrero

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. fjburrero@uloyola.es Twitter: @javierburrero

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