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Jaime Tatay SJ reflexiona sobre el papel de la universidad con los ODS (Foto: Infomadrid)

“La Compañía de Jesús puede y debe poner al servicio de la misión de los ODS su extensa red educativa”

Jaime Tatay Nieto SJ, profesor de la Universidad Pontificia Comillas, es ingeniero de montes y colabora como asistente de la Facultad de Teología en la que enseña sobre Ecología, Ética y Doctrina Social de la Iglesia. Sus áreas de investigación se centran en la Ética ambiental y Sostenibilidad. Es licenciado y doctor en Teología, y desde 2017 es director de la revista Razón y Fe.

Este sacerdote jesuita ha realizado numerosas publicaciones en medios y revistas especializadas sobre temas como justicia, ecología, ética, pobreza o economía colaborativa, entre otras. El pasado 16 de junio tuvo lugar el XI Seminario Abierto y Permanente de Comisión de Desarrollo en el que pudo hablar sobre el papel de la Universidad para avanzar hacia los ODS/Agenda 2030. En esta línea ha querido reflexionar y analizar sobre los retos y desafíos a los que se enfrenta la Universidad Loyola. Además, ha dado su visión sobre la importancia de establecer las bases para cumplir con los ODS en el ámbito universitario.

Pregunta: ¿Por qué la Universidad Loyola necesita de los ODS y viceversa?

Respuesta: Todas las universidades están invitadas a tomarse la Agenda 2030 muy en serio. Es la hoja de ruta establecida por la comunidad internacional para los próximos años. En ella se recogen los retos más urgentes que enfrentamos a nivel social, económico y ambiental. No tenerla en consideración sería de ser muy miope. Al mismo tiempo, todos los ODS necesitan de la investigación y la transferencia de conocimiento. La contribución de la universidad aquí puede ser fundamental para ver con claridad y trazar el camino a seguir basándonos en la evidencia y la mejor ciencia disponible.

» Todas las universidades están invitadas a tomarse la Agenda 2030 muy en serio»

P: ¿Crees que las universidades se reconocen como actores principales en estos desafíos ambientales y humanos? ¿O por el contrario queda aún mucho camino por recorrer?

R: Creo que cada vez más, aunque las inercias institucionales, sociales y personales son enormes. El énfasis puesto en la especialización y el modo como se ha diseñado la carrera docente e investigadora tiene aspectos muy positivos para generar conocimiento. Sus frutos los vemos a diario en múltiples áreas, como la innovación tecnológica. Sin embargo, puede también dificultar la investigación en ámbitos interdisciplinares (como el de la sostenibilidad) donde se requiere una apertura de miras y una visión panorámica. También requiere aceptar que los resultados no son inmediatos. En este sentido, queda mucho camino por recorrer

P: ¿Cuáles son los principales obstáculos a los que se enfrentan los ODS en el ámbito universitario para su implantación?

R: Como he señalado más arriba, hay barreras institucionales (como el modo de diseñar los departamentos en compartimentos estancos), sicológicas (como el planteamiento individualista de la carrera investigadora en muchas disciplinas), financieras (aunque en este aspecto cada vez hay más oportunidades) y hasta personales (como la dificultad para captar la urgencia de los retos planteados por los ODS). Desde el punto de vista de los estudiantes hay una creciente sensibilidad hacia estas cuestiones, aunque no se percibe en la mayoría de los casos como algo que condicione la elección de los estudios o la orientación profesional.

«Hay barreras institucionales, sicológicas, financieras y hasta personales»

P: Los principios de la Compañía de Jesús están estrechamente relacionados con los ODS. Poco antes de que se adoptara la Agenda 2030 el Papa Francisco publicó la Encíclica ‘Laudato Sí’ sobre el cuidado de la casa común ¿Cómo puede la Compañía, como orden religiosa, colaborar en el cumplimiento de los objetivos?

R: La Compañía está invitada a responder a las llamadas de los pontífices, y así ha tratado de hacerlo a lo largo del tiempo, con sus aciertos y sus equivocaciones. En esta cuestión la Iglesia Católica (y los jesuitas dentro de ella) no ha sido la primera en tomárselo en serio. Ortodoxos y protestantes, en el ámbito cristiano, nos llevan la delantera y hemos de reconocerlo con humildad. Los jesuitas, a diferencia de los franciscanos o los benedictinos, por poner dos ejemplos, tampoco hemos sido los primeros en hablar de estas cuestiones y, menos todavía, en ponerlas en práctica.

Quizás por el énfasis histórico en la justicia social. Eso no significa que en estos momentos—con un papa jesuita—no estemos afrontando el reto y dándole cada vez más importancia. Mi impresión es que, tanto fuera como dentro de la Iglesia, el ‘cuidado de la casa común’ y el ‘cuidado de los más vulnerables’ se han convertido en las grandes prioridades de nuestro tiempo. La Compañía, en particular, puede y debe poner al servicio de esta misión su extensa red educativa. Es su gran fortaleza y sería una irresponsabilidad no hacerlo.

«La Compañía está invitada a responder a las llamadas de los pontífices»

P: ¿Qué dificultad principal cree que plantea aplicar los ODS a las líneas de investigación de una universidad con respecto a la interdisciplinariedad necesaria? 

R: La dificultad es doble. Por un lado, cuesta encontrar publicaciones donde ‘colocar’ investigaciones interdisciplinares. Como he señalado, en la práctica se privilegia la hiperespecialización. Por otro lado, en muchos casos la dificultad es más de lenguaje, de estructura mental y de inercias sicológicas. Cuesta cambiar modos de proceder que han funcionado en compartimentos estancos y que están acostumbrados a dar frutos de una manera ya establecida.

P: En el punto 60 de ‘Laudato Sí’ el Papa Francisco menciona el mito del progreso y la propia encíclica habla del enfoque de la ecología integral ¿Es posible resolver problemas ecológicos sin una profunda reflexión y sin tener presente consideraciones éticas?

R: Creo que no. A pesar del enorme prestigio de la ‘ciencia básica’ y de la tecnología, las humanidades y la filosofía siguen siendo enormemente relevantes para pensar con claridad y, sobre todo, para ayudarnos a hacernos las preguntas adecuadas. Sin ellas, podemos estar ofreciendo soluciones a cuestiones mal planteadas u olvidándonos de cuáles son las verdaderas preguntas que debemos hacernos. La reflexión ética en particular juega un papel clave en este debate.

«Como ha señalado Francisco hasta la saciedad, las cuestiones ambientales son siempre cuestiones sociales»

Como ha señalado Francisco hasta la saciedad, las cuestiones ambientales son siempre cuestiones sociales y, por tanto, éticas y políticas, no sólo técnicas. En este sentido, Laudato si’ articula de un modo magnífico la mejor ciencia disponible con una fina reflexión proveniente de las ciencias sociales, la filosofía y la teología. Creo que es un modelo que podría servir de referencia o inspiración para el tipo de investigación interdisciplinar sobre la que hemos hablado.

P: Si hablamos de responsabilidad por parte de las universidades, además de referirnos a la investigación, indudablemente hay que hablar de formación ¿Deben, entonces, incluir en su plan de estudios asignaturas o actividades relacionadas con la Agenda 2030?

R: Sin duda. Y lo deben hacer por varias vías: por medio de la introducción de nuevas asignaturas de sostenibilidad en todos los grados, por medio de la referencia a la Agenda 2030 en diversas asignaturas, en los TFGs y TFMs y por medio de los proyectos de investigación que se seleccionan y financian. Al mismo tiempo, el aprendizaje-servicio puede ser también una magnífica forma de que los ODS vayan permeando la vida universitaria, así como el propio funcionamiento de la universidad, por ejemplo mediante la elaboración de una memoria de sostenibilidad y la creación de una oficina de sostenibilidad. La tarea que tenemos por delante es enorme, pero es muy ilusionante.

Autor

Jaime Pastor

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía.

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