Sevilla acogió unas jornadas internacionales sobre la obra de la escritora Flannery O'Connor

Flannery O’Connor entre nosotros

Con una discreción exquisita se han celebrado en Sevilla unas jornadas internacionales sobre la escritora norteamericana Flannery O’Connor (1925-1964), bajo el título «Andalusia in Andalucía», organizadas por las universidades Loyola Andalucía y Loyola Chicago, con la colaboración de la Fundación Valentín de Madariaga y el Ayuntamiento de Sevilla.

Digo que fueron discretas porque habría sido deseable gozar de una mayor asistencia, pero añado que fueron exquisitas porque Beatriz Valverde Jiménez —filóloga y profesora de la Universidad Loyola Andalucía— ha sido el alma de unas jornadas que han fascinado a los especialistas de la obra de Flannery O’Connor.

Escritora de culto, artesana de la prosa, católica vehemente y autora de unas narraciones de extrema violencia, el prestigio de Flannery O’Connor ha crecido exponencialmente en las últimas décadas, porque la crueldad y la virulencia de sus criaturas ha conectado como por arte de magia con las propuestas de un amplio abanico de creadores contemporáneos que van desde Tobias Wolf hasta Quentin Tarantino, pasando por Raymond Carver, Samanta Schweblin o los hermanos Coen.

La obra de Flannery O’Connor

¿Por qué una ferviente católica como Flannery O’Connor escribió historias tan crudas como «La buena gente del campo», «Las dulzuras del hogar» o «Un buen hombre es difícil de encontrar»? ¿La violencia de su literatura era gratuita por expiatoria o consentía una alevosía redentora?

Mientras los profesores invitados debatían en Sevilla sobre cómo pudo afectarle a Flannery ser parte de la minoría católica en USA, en Granada un energúmeno le rompía la nariz de un puñetazo a una religiosa («por monja», le espetó) y en Madrid unas alimañas le prendían fuego la capilla de la Universidad Autónoma y garrapatearon una amenaza en la pared: «La única iglesia que ilumina es la que arde».

Me parece una irónica simetría que estas gratuitas expresiones de violencia se hayan producido en un país donde los católicos constituyen la mayoría, precisamente mientras en Loyola Andalucía discutíamos sobre la violencia en la obra de Flannery O’Connor.

Si caemos en la persuasión de constreñir a cada escritor en su ámbito nacional/cultural, quizá la crueldad de las criaturas de Flannery O’Connor sea solamente expiatoria. No obstante, si saliéramos del «Deep South» americano y ampliáramos el marco de la violencia a la persecución de los coptos en Egipto y los ataques gratuitos en diversos lugares del mundo —como los de Granada y Madrid—, quizá entonces la maldad que impregna la obra de Flannery O’Connor sea en realidad la alegoría de una violencia redentora.

Debo añadir que esa es la tesis del filólogo jesuita Mark Bosco, quien sin duda ignora que andan sueltos, por Madrid y Granada, varios personajes de Flannery O’Connor.

En realidad, la canalla que hoza en las ficciones de Flannery O’Connor ha dejado de ser marginal para convertirse en hegemónica. Incluso ha tomado el poder en varios lugares. Quizá Flannery lo intuyó y debamos releerla como otra Casandra maldecida por un dios.

Este artículo ha sido publicado el 25 de junio de 2017 en ABC.

Autor

Fernando Iwasaki

Licenciado en Historia y Magister en Historia por la Pontificia Universidad Católica del Perú, Doctor en Historia de América por la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla) y candidato al doctorado en Literatura Española e Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca. Profesor de Retórica y Comunicación Argumentativa en el Grado de Comunicación, y profesor de Comunicación Oral y Escrita y de Estudios Regionales III: Estado, Conflicto y Sociedad en Iberoamérica en el Grado de Relaciones Internacionales. Es autor de tres libros de investigaciones históricas, seis libros de ensayos, dos novelas, siete libros de relatos y siete compilaciones de crónicas y artículos.

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