La aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) por Naciones Unidas supone un reto para los países que suscribieron dicho acuerdo.

Objetivos de Desarrollo Sostenible y sociedades del siglo XXI (1)

Iniciamos con ésta una serie de reflexiones sobre los conceptos fundamentales que conforman el corpus teórico del Máster en Investigación en Desarrollo Inclusivo y Sostenible de la Escuela de Doctorado de la Universidad Loyola Andalucía.

La aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en septiembre de 2015 por la asamblea general de Naciones Unidas supone un reto para los países que suscribieron dicho acuerdo. No sólo para las instituciones, que deberán integrar la agenda de desarrollo sostenible a su propia agenda de trabajo, que incluye el reto del acuerdo global sobre cambio climático, sino que, además y por primera vez, las empresas han quedado incorporadas como elementos fundamentales para el cumplimiento de dichos ODS.[1]

Las sociedades deberán atender en los próximos quince años, y de forma inaplazable, dos cuestiones fundamentales:

  • La formación técnica y ética de profesionales comprometidos en la aplicación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible a su área de experticia
  • El desarrollo de indicadores que permita la evaluación del grado de seguimiento anual de los 17 objetivos y sus 169 metas con las que se pretende erradicar la pobreza, combatir las desigualdades y promover la prosperidad y desarrollo de los pueblos, al tiempo que se protege el medio ambiente y se combate el cambio climático.

Sostenibilidad en las políticas de Responsabilidad Social de la Empresa

La premisa de la que partimos incluiría una tercera cuestión también esencial: cómo hacer efectiva la incorporación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible a las políticas de Responsabilidad Social de la Empresa[2] (RSE) y cómo evidenciar que el cumplimiento de estos objetivos contribuye a conformar una cultura ética empresarial, paso previo ineludible para desarrollar unas políticas de responsabilidad verosímiles y que dispongan, ahora sí, de suficiente potencia como para incrementar la credibilidad y reputación de la empresa.

En los últimos años, instituciones y empresas han realizado grandes esfuerzos por incorporar la idea de sostenibilidad a sus políticas de RSE. El denominado triple bottom line que caracteriza a la RSE emana de la definición primera de “desarrollo sostenible” esgrimida en el informe “Nuestro futuro común” y aprobado en Asamblea general por la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 1984[3].

El mismo Libro verde de la Unión Europea (UE) sobre RSE, ya consideraba al establecer la definición del concepto que “ser socialmente responsable no significa solamente cumplir plenamente las obligaciones jurídicas, sino también ir más allá de su cumplimiento invirtiendo «más» en el capital humano, el entorno y las relaciones con los interlocutores”[4].

Por otro lado, a nivel nacional, primero con la Ley 2/2011, 4 de marzo, de Economía Sostenible[5] y, más tarde y de un modo más específico con la aprobación en 2015 de la Estrategia Española de Responsabilidad Social de las Empresas (EERSE), a propuesta del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, la “sostenibilidad” se incorporaba como uno de los principios que orientan, de hecho, el cumplimiento de los objetivos de dicha estrategia.[6]

Estos esfuerzos institucionales por aprovechar el impulso de las políticas de RSE para incorporar la idea de sostenibilidad a la vida cotidiana no sólo no han sido suficientes sino que en muchos casos han generado mayor desconfianza hacia algunas grandes empresas ya que, a pesar de publicar impecables memorias de RSE, han incumplido sistemáticamente aquellos valores que mantenían acatar de forma voluntaria, al tiempo que no atendían, además, y de forma flagrante, las leyes vigentes o los derechos humanos esenciales.[7]

Referencias

[1] ONU. (2015). Proyecto de documento final de la cumbre de las Naciones Unidas para la aprobación de la agenda para el desarrollo después de 2015 (Seguimiento de los resultados de la Cumbre del Milenio No. A/69/L.85). New York.

[2] Nos referiremos a la Responsabilidad de las Empresas (RSE) en el cuerpo de texto de este ensayo, en vez de Responsabilidad Social de las Corporaciones (RSC), como aparece en el título, por mantener la coherencia respecto a la denominación habitual en nuestro idioma. Por otro lado, nos gustaría apuntar que cuando se habla de RSE, y así lo hace la Estrategia Española, se incluye también a administraciones y empresas públicas, así como empresas de economía social, por lo que parecería más acertado considerar el término, más amplio, de las “Organizaciones”, en vez del habitual, de las “Empresas”.

[3] Nos referimos al documento “Our Common Future: Report of the World Commission on Environment and Development, Center for a World in Balance”: http://worldinbalance.net/intagreements/1987-brundtland.php. Consultado 26 enero de 2016.

[4] Véase Libro verde COM (2001), de la Unión Europea (UE), “Fomentar un marco europeo para la responsabilidad social de las empresas”: http://www.mas-business.com/docs/Libro%20verde%20de%20la%20RSE%20CCE%202001.pdf. Consultado 2 de abril de 2016.

[5] En su capítulo 2, la ley especifica: “[…] Se entiende por economía sostenible un patrón de crecimiento que concilie el desarrollo económico, social y ambiental en una economía productiva y competitiva, que favorezca el empleo de calidad, la igualdad de oportunidades y la cohesión social, y que garantice el respeto ambiental y el uso racional de los recursos naturales, de forma que permita satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades”. Véase BOE núm. 55, de 05/03/2011: https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2011-4117. Consultado 25 de abril de 2016.

[6] En su Epígrafe 6.1, la EERS especifica: “El objetivo es extender la cultura de la RSE al conjunto de la sociedad a través de actuaciones como la promoción de sus principios, de las recomendaciones de consenso internacional en esta materia y la difusión de buenas prácticas en este ámbito. La RSE es un elemento impulsor de la sostenibilidad, de la igualdad de oportunidades y de la cohesión social”, “Estrategia española de responsabilidad social de las empresas”, publicado en línea por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social:  http://www.empleo.gob.es/es/sec_trabajo/EERSE_WEB.pdf. Consultado 25 de abril de 2016.

[7] El ejemplo más reciente es el caso Volkswagen. El compromiso con el Medio ambiente que dice mantener en su memoria de sostenibilidad, no ha evitado la búsqueda del incremento de rentabilidad que supone vender coches con un software trucado con el objetivo de “certificar” menor cantidad de emisiones de CO2 que las reales. Cfr. Washington Post: “AP News Guide: A look at the Volkswagen emissions scandal”, 21 de abril de 2016: https://www.washingtonpost.com/business/technology/ap-news-guide-a-look-at-the-volkswagen-emissions-scandal/2016/04/21/c4565814-07e3-11e6-bfed-ef65dff5970d_story.html; y la web corporativa de Volkswagen España: http://www.volkswagen-audi-espana.es/compania/rsc.php. Consultados 27 de abril de 2016.

Autor

Rosa Colmenarejo

Aprendo cada día, de mis estudiantes, de mis hij@s, de mis amig@s y compañer@s… Enseño en el área de Humanidades y Filosofía: Ética social y profesional, Epistemología, Philosophy & Persons…. Investigo en las implicaciones éticas de la Internet of Things en la promoción de Capacidades (Capability approach): Big Data, Machine learning… Leo novelas, cuentos, guiones, poesía… Curioseo y exploro ciudades, el time-line de Twitter, la sierra de Guadarrama… Juego al tenis ¿el orden de los factores altera el producto?

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