Ildefonso Camacho, presidente de la Fundación Universidad Loyola Andalucía, en la conferencia 'Los estudiantes, reserva moral ante una realidad perturbadora en Nicaragua'

Nicaragua, en plena encrucijada ante la vulnerabilidad de los Derechos Humanos

Nicaragua atraviesa desde hace más de dos meses la crisis más sangrienta desde 1980, con el inicio de la Revolución Sandinista: un proceso abierto que puso fin a la dictadura de la familia Somoza. Nadie podría imaginar por aquel entonces que casi 40 años después, el pueblo y sobre todo sus jóvenes, se levantaría contra el que fue la esperanza de muchos, Daniel Ortega, actual presidente del Gobierno y baluarte del sanidismo. Las protestas contra el actual Gobierno comenzaron por unas fallidas reformas a la seguridad social, convirtiéndose en un reclamo que pide la renuncia del mandatario, ante el reiterado abuso de poder y acusaciones de corrupción en su contra.

La Universidad Loyola, comparte  la declaración del Provincial de Centro América de la Compañía de Jesús, Rolando Alvarado, ante la grave situación que está pasando este país y que afecta directamente a nuestra universidad hermana UCA de Nicaragua.

Vulneración de Derechos Humanos

Ante este escenario de vulneración de Derechos Humanos, civiles y políticos, Loyola manifiesta su más profunda repulsa por los acontecimientos acaecidos en las últimas semanas. Nicaragua es un país por el que sentimos aprecio y respeto, donde muchos miembros de nuestra facultad se formaron académica y humanamente. Además, con la Universidad Centroamericana de Managua (UCA), nos une una larga historia de colaboración que se remonta a más de 40 años.

La situación descrita no es un estallido social derivado solamente de las implicaciones de la reforma del seguro social nicaragüense, sino que está alimentado por una serie de sucesos y eventos en el tiempo: la venta de la soberanía nacional a inversionistas asiáticos, la corrupción generalizada de los principales colaboradores del régimen, el enriquecimiento ilícito y nepotismo de la pareja presidencial, etc. Pero, sobre todo, el desmantelamiento de las instituciones de Nicaragua, la concentración de los tres poderes del Estado y los continuos fraudes electorales.

Desde nuestras más hondas convicciones, rechazamos la violencia contra el derecho a manifestarse, y reivindicamos enérgicamente la actuación de la justicia sobre los responsables de esta situación.

Jessica Cisneros y Yerling Aguilera, defensoras de los Derechos Humanos, realizan un balance sobre la grave situación de Nicaragua

Los estudiantes, reserva moral ante una realidad perturbadora en Nicaragua

En una entrevista con Mildred Largaespada, periodista y autora del Blog 1001 Trópicos, Jessica Cisneros, activista y defensora de los Derechos Humanos, señala que su objetivo es tratar de contextualizar lo que ha pasado a través de las manifestaciones. Pero, también hacer llegar que todas estas movilizaciones no inician con un tema de seguro social, sino que son 11 años acumulados de no participación, de silencio por parte de los ciudadanos. “Es un cúmulo de emociones en la ciudadanía que explota principalmente en el sector juvenil, estudiantil”, apunta Cisneros.

Respecto a la Democracia que han perdido en Nicaragua, Yerling Aguilera, también activista, afirma que los canales de participación habían sido prácticamente suprimidos; no había ninguna consulta dirigida hacia el pueblo nicaragüense para la construcción, por ejemplo, de políticas públicas; no existía autonomía por parte de las universidades y de los mismos estudiantes; se arrebató la libertad también de manifestación, de reunión, porque generalmente eran reprimidas por las fuerzas policiales; y, en términos de la Democracia representativa, los partidos políticos estaban coaccionados por el brazo partidario de Daniel Ortega.

Ser activista, ser joven y ser nicaragüense en estos momentos es ser un criminal”, sentencia Jessica. En Nicaragua, en los últimos años y meses, es muy difícil abrir una división de pensamiento crítico, pero también de adoctrinamiento por parte del Gobierno, en las instituciones públicas, en colegios públicos. No obstante, sobrellevar esta carga de defensa de los Derechos Humanos a nivel nacional es complejo porque los espacios de participación estaban cerrados, por lo tanto, ser un voz crítica representaba una amenaza letal para el Gobierno.

Autor

Carlos Cánovas

Estudiante del Grado en Comunicación de la Universidad Loyola Andalucía. Alumno becado por el Servicio de Comunicación y RRII.

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