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La neuroeducación es indispensable conocer la constitución y funcionamiento de nuestro cerebro para educar.

Neuroeducación e inteligencias para el desarrollo integral

En este artículo, quiero seguir profundizando algunas claves que he enseñado e investigado en diversos ámbitos universitarios, educativos y culturales con algunas publicaciones que igualmente he realizado respecto. Como es sabido, la disciplina de las neurociencias está en auge con abundantes estudios e investigaciones sobre estas cuestiones, con algunas aplicaciones muy interesantes e importantes.

Por ejemplo, la conocida como neuroeducación, que trata de plasmar estos estudios e investigaciones neurocientíficas en el campo pedagógico y educativo. Ciertamente, es indispensable conocer la constitución y funcionamiento de nuestro cerebro para educar.

Las neurociencias nos transmiten buenas noticias para el desarrollo educativo. Nos muestran que nuestro cerebro posee una plasticidad que, lejos de todo pesimismo antropológico, nos indica que el ser humano está abierto al conocer y aprendizaje. Por lo que la adquisición de la cultura y de la educación es posible en el ser humano, que puede constantemente ir acogiendo los conocimientos y pensamientos adecuados, cambiando y mejorando en un buen desarrollo humano e integral.

Se rompe así cierto “mito”, que incluso desde algún planteamiento supuestamente científico se ha querido extender, como es el que no somos libres y estamos determinados a tendencias o fuerzas como, por ejemplo, ser egoístas, malos, individualistas y violentos.

Y es que además de esta capacidad del cerebro en su apertura a la realidad y a los otros, dicha libertad y trascendencia del ser humano se fecunda u orienta por la constitución emocional, sentimental, racional y reflexiva del cerebro.

La neuroeducación posibilita la educación integral

Nuestra configuración cerebral-neuronal nos posibilita de forma fecunda e inter-relacionada la razón y la emoción, el pensamiento y el sentimiento, los valores como la justicia y el sentido del amor, el principio de la dignidad humana y la empatía compasiva.

La persona está conformada a nivel psico-espiritual por estas experiencias afectivas y el pensamiento crítico-ético del amor fraterno, de la cooperación solidaria y la responsabilidad por la justicia en la promoción de la vida digna.

De ahí que se posibilita esa educación integral, vital e imprescindible, que abarca e incluye todas las dimensiones del ser humano: la personal con su vida psico-afectiva, emocional, sentimental en la empatía y memoria compasiva ante el sufrimiento e injusticia que padecen los otros, las víctimas y los pobres de la tierra; la ética con los valores y la responsabilidad moral por la solidaridad, la justicia y la vida digna de la humanidad; la espiritual que nos abre a toda esta trascendencia en la búsqueda de la verdad, de lo real y verdadero, de la belleza en la armonía e inteligencia que el cosmos o las leyes de la naturaleza nos comunican, del bien en ese amor fraterno y vida realizada, plena, trascendente y eterna.

Esta educación humanista, ética, espiritual e integral que nuestro mismo cerebro hace posible se constituye en nuestra mente o mentalidad por la que adquiero conciencia de la identidad y sentido de la vida humana, conciencia crítica, compasiva, ética y social en la realidad histórica.

El cerebro posibilita y se plasma de forma humana en la mente por la que me hago un ser consciente, moral y social en la vida real con todos estos sentimientos, principios, valores y virtudes del amor fraterno, la solidaridad y el compromiso por la justicia ante todo mal e injusticia.

La educación se realiza en toda esta formación integral de la persona con este conocimiento y concientización crítica, ética y social de la realidad que en la inte-relación con los otros le damos sentido, orientamos y transformamos para que sea más humana, fraterna y justa. Tal como nos ha enseñado la filosofía, la psicología y la pedagogía actual.

En  esta línea, desde las neurociencias se expresa esa diversidad y complementariedad psico-cerebral del hombre con la mujer en el amor fiel que se manifiesta con el matrimonio, la familia abierta a la vida que es fecunda en los hijos, en la vida solidaria y el compromiso por el bien común en la justicia con los pobres.

La educación inteligente

Es esa inteligencia sentiente, emocional, sentimental, ética, social y ecológica que se hace cargo, carga y se encarga de la realidad con la  moral compasiva y el principio misericordia por el que asumo solidariamente el sufrimiento e injusticia que padecen los otros, los pobres y víctimas. La inteligencia auténtica es honrada con lo real, con las alegrías, las esperanzas, el dolor y la opresión de los seres humanos y de los pobres como sujetos y protagonistas de su promoción liberadora e integral.

Las personas y sociedades inteligentes son aquellas que promueven la libertad y la justicia, la participación democrática e igualdad, el bien común y el estado social de derecho-s, que defienden la vida y la dignidad de las personas, de los pueblos y de los pobres.

Una educación inteligente, crítica y ética hace que las personas sean protagonistas de los procesos pedagógicos, culturales, sociales, políticos, económicos e históricos con la autogestión y co-responsabilidad en la vida solidaria y la lucha por la justicia con los pobres. De lo contrario, la estupidez e irracionalidad humana domina en las personas, en las sociedades y en el mundo con toda clase de esclavitudes, desigualdades e injusticias que llevan a todo tipo de conflictos, violencias y muerte.

Las mismas neurociencias, las ciencias sociales y la ética nos muestran que cuando impera el egoísmo con sus ídolos de la riqueza-ser rico y el poder, causando todas estas formas de desigualdad e injusticia que agreden a la vida humana, se generan la violencia, el caos y la destrucción.

La fe y diversas tradiciones espirituales como la cristiana e ignaciana nos enseñan asimismo toda esta antropología y ética de la educación con una vida competente, de santidad y excelencia humana, consciente, compasiva y comprometida.

La existencia del amor fraterno y la pobreza solidaria en la comunión de vida, de bienes y de luchas sociales por la justicia con los pobres de la tierra como sujetos de su desarrollo y liberación integral. En oposición a todos estas idolatrías del dinero y del capital, esos falsos dioses del mercado y de la propiedad, de la competitividad y del crecimiento económico, de todo poder económico y político que  dañe u oprima.

Es la inteligencia espiritual con el buen vivir y la ecología integral en el cuidado de la persona, en la justicia social-global con los pobres del mundo y ambiental con esa común que es la hermana tierra, que nos religa con el Dios de la vida.

Hoy más que nunca se hace necesario, apremiante e imprescindible toda esta educación en la inteligencia espiritual, el buen vivir y la ecología integral que impulse la inter-relación solidaria y comunión fraterna con nosotros mismos, con los otros y con los pobres, con la naturaleza humana y ecológica, con el Dios del amor y de la vida. Tal como se reveló en el Evangelio de Jesús y, asimismo desde su propia realidad específica, nos transmite todo ello la fe e iglesia con los Papas como el querido Francisco.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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