La naturaleza humana y ley natural han generado un debate complejo sobre aspectos que son claves para comprender a la persona con su antropología y ética.

Naturaleza humana y ley natural como teoría crítica-liberadora

Las cuestiones de la naturaleza humana y la denominada ley natural han hecho correr ríos de tinta, en un debate complejo y apasionante sobre aspectos que son claves para comprender o tratar sobre la persona con su antropología y ética.

En la actualidad, desde diversos campos como las ciencias sociales o humanas, la filosofía y la teología se siguen reflexionando e investigando sobre estas cuestiones. El propio magisterio moral y doctrina social de la iglesia, por ejemplo, el Papa Francisco siguen transmitiendo la relevancia e importancia de la comprensión y sentido de la naturaleza humana, de la ley natural.

A partir de lo expuesto, con base en una filosofía o antropología contemporánea y actual, como puede ser el personalismo o el pensamiento latinoamericano, vamos a tratar de exponer una serie de puntos o claves al respecto. En diálogo con la fe e inspirado por la tradición bíblica y de la iglesia, en especial en el conocido como humanismo cristiano y su ética o pensamiento social. Tal como se actualiza en esta enseñanza moral y social de la iglesia, como muestra Francisco.

Ley natural

La denominada ley natural hace referencia al sentido y compresión de la persona, a la esencia o naturaleza humana, aquello que es propio y característico del ser humano, que lo diferencia de otros seres como son los animales.

El ser humano llega al mundo con el don de una naturaleza y constitución específica, con unas dimensiones que constituyen a la persona como tal. Tales como su dimensión física y biológica, corporal y afectiva-sexual, psico-emocional o sentimental y racional, con memoria, entendimiento y voluntad, con libertad, moral o ética y un carácter comunitario, sociopolítico e histórico. El ser humano es un sujeto personal, único e irrepetible, libre y en relación con los otros, a la búsqueda del sentido en la vida y relaciones humanas, sociales e históricas.

La persona con su razón, conciencia e inteligencia se realiza en este sentido de la existencia. Con unas creencias, valores e ideales que confieren significado a la vida y realidad social e histórica, a las relaciones y reconocimiento de los otros; con la aprobación y desaprobación de unas u otras relaciones y comportamiento o actitudes, de la acción y estilos de vidas, de proyectos vitales que se van logrando con los otros. Y que requieren de este sentido humano, moral y espiritual o trascendente.

En la búsqueda del conocimiento y verdad, de lo real y verdadero, de lo correcto y justo, del bien o bondad y de la belleza, de la hondura o trascendencia de la existencia, del tiempo e historia.

Como se observa, todas estas dimensiones y aspectos que hemos expuestos, que constituyen a la personal como tal, conforman la base filosófica, metafísica, antropológica y ética que sustenta a la naturaleza humana, al ser humano como expresa la ley natural.

Esta fundamentación o base filosófica y antropológica es clave para la adecuada comprensión de la naturaleza humana, de la ley natural que está entrañada en esta antropología integral. Y que debe ser el sustrato o pilar de todo ordenamiento moral, jurídico u político que tiene como fundamento o esencia dicha antropología, el ser persona con estas dimensiones inherentes que deben ser respetadas, cuidadas y protegidas o aseguradas.

Derechos y deberes

Toda esta vida, centralidad y dignidad de la persona, con sus derechos y deberes correspondientes, son la clave de bóveda del orden moral, cultural, social, civil, político, económico y jurídico. De esta forma, los deberes y derechos humanos no son una especie de creación e invención de unos hombres, sabios o eruditos, gobernantes, no son producto como tal de las autoridades o leyes. Sino que nacen del propio don y reconocimiento de la persona como tal.

Frente a todo idealismo, relativismo e individualismo, la ética con sus valores o principios, deberes y derechos tiene como base propia, objetiva y universal a la persona con su naturaleza humana, con sus constitutivas dimensiones y aspectos que constituyen de suyo al ser humano.

Desde lo visto, los derechos humanos de primera generación como los civiles y políticos tienen como base la inherente libertad, voluntad y ser sujeto protagonista de la realidad que es lo define a la persona. El ser humano es actor, autor y gestor de la vida, de toda la realidad. No se puede negar pues esta libertad, participación y gestión democrática de la realidad, tal como ha impuesto el comunismo colectivista o colectivismo.

Los derechos humanos de segunda generación, los económicos y sociales. Como son la alimentación y el agua, la educación-cultura y la sanidad o salud con sus tratamientos, la vivienda, el trabajo digno…tienen su fundamento en la dimensión o naturaleza biológica, física, corporal y vital de las personas. Sin la cual no puede sobrevivir ni desarrollarse como humano.

El ser humano con sus dimensiones, necesidades, vida y dignidad, como es la de la persona trabajadora, está antes que el capital y el beneficio. La economía tiene como sentido real la satisfacción de dichas necesidades vitales, que se aseguren estas capacidades y sustento del ser humano, del trabajo y del trabajador. Como es un salario digno, unas condiciones humanizadoras de trabajo, etc.

En estos derechos de segunda generación, que manifiestan el valor esencial de la justicia social, es clave el principio del destino universal de los bienes. Esta justa distribución de los recursos y bienes está sustentada en la intrínseca dimensión sociable, comunitaria y solidaria de la naturaleza humana.

Por lo tanto, este destino común y universal de los bienes tiene prioridad sobre la propiedad, que no es más que un simple derecho positivo. La propiedad solo es ética si asegura su socialización y equidad, con la propiedad y bienes para toda la humanidad.

Por lo tanto, la ideología del liberalismo económico o neoliberalismo con el sistema económico del capitalismo no es natural ni humano. Ya que niega la justicia y naturaleza social de la persona. Convierte en absolutos e ídolos-idolatría: la libertad económica e individual y propiedad, el mercado y capital; con una falsa libertad y naturaleza de la persona impuesta por el individualismo posesivo, insolidario e insociable.

Al igual que la justicia social e igualdad no pueden hacerse en contra de la libertad, frente al comunismo, la libertad para ser real y humana ha de servir a la justicia e igualdad, a la solidaridad y al bien común. No hay auténtica libertad, ley y autoridad si no es ética y no está al servicio de la fraternidad solidaria, del bien común y de la justicia con los pobres de la tierra, de las víctimas de la historia. Asegurando la vida, con sus necesidades vitales.

Nos abrimos pues al carácter universal e internacional de la ética, de la solidaridad y derechos de tercera generación. Con la paz y el desarrollo humano, sostenible e integral para todos los pueblos de la tierra, con una globalización solidaria y ecología global. La ley natural con su universal y común naturaleza humana, en la que es inherente su hábitat bio-natural (ambiental) con la protección de la naturaleza ecológica, fundamenta una ética cosmopolita y mundial.

Una moral, bioética y ecología global que, en una cosmovisión solidaria-planetaria, cuida y protege la vida humana en todas sus fases, desde su mismo inicio en la concepción. Posibilita el diálogo, encuentro y convivencia entre las culturas y religiones.

La naturaleza humana en su diversidad biológica, afectiva-sexual y humana explica la complementariedad y unión entre el hombre y la mujer abierto a la vida, con el matrimonio, la familia e hijos al servicio de la solidaridad, del bien común y de la justicia con los pobres. Y hace posible la sagrada e inviolable dignidad del sexo femenino, de la mujer que por naturaleza es persona con su libertad e igualdad, con su participación y ser sujeto protagonista en la familia, sociedad e historia; frente a todo machismo o patriarcado.

Como vemos, la adecuada comprensión de la naturaleza humana, en la ley natural, fundamenta la vida, dignidad y derechos de las personas o pueblos, la solidaridad, paz y justicia con los pobres que va dando de sí en el dinamismo de la realidad social e histórica. Hace posible la crítica transformadora, liberación integral y trascendencia de la historia en la sagrada naturaleza humana de la persona, en la fraternidad y amor, en la vida plena y eterna que se abre a la utopía, a la esperanza trascendente del Dios-Vida.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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