Noticias

Sevilla

Córdoba

Jesús de la Torre, alumni del Grado en Relaciones Internacionales que trabaja en la Fundación ETEA.

Mi experiencia con (gracias a) el SED

Jesús de la Torre trabaja como asistente de investigación del profesor Pedro Caldentey en la Fundación ETEA, el Instituto de Desarrollo de la Universidad Loyola que es una iniciativa social de la Compañía de Jesús. En este artículo nos cuenta cómo fue su experiencia con Loyola SED durante su etapa de estudiante, pues cursó en la Universidad Loyola el Grado en Relaciones Internacionales.

Aún recuerdo mi confusión durante mis primeros días como estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Loyola. A la dificultad de encontrar cuál era el aula que me correspondía en las jornadas de introducción se sumaba la ininteligibilidad de todas las siglas con las que nos bombardeaban cuando nos explicaban la estructura de los Servicios de la universidad: el SRI, el SOI, el SEE, el VOA… y el SED. El SED fue el primero que se me quedó grabado en la mente porque sus siglas eran las únicas que parecían formar una palabra con sentido. Bueno, en realidad tampoco le veía mucho sentido, no entendía por qué una universidad iba a llamar a algo “sed”. ¿Sed de qué?

“Digamos que desconfiaba… Pero, una vez más y por fortuna, mis prejuicios eran erróneos”

Cuando me explicaron que SED significaba ‘Servicio de Evangelización y Diálogo’ me quedé algo más tranquilo, pero no demasiado. A pesar de ser católico practicante, me generaba un cierto rechazo que hubiera un servicio dedicado a la evangelización porque había visto algunos casos en los que la evangelización era más una imposición que una sugerencia. Al final, estas formas de evangelizar generaban más rechazo que atracción, más distancia que acercamiento, más cerrazón que apertura a una posible espiritualidad (por no hablar de religiosidad). Por tanto, mis reticencias iniciales hacia el SED eran grandes. Digamos que desconfiaba no de lo que pudiera proponer, sino de cómo pudiera hacerlo. Pero, una vez más y por fortuna, mis prejuicios eran erróneos (como casi siempre suele suceder con los prejuicios).

“El SED te ofrece… la invitación transparente y sincera a mirar dentro de mí para conocer realmente mis capacidades y mis debilidades y poder discernir cuál es mi vocación”

Gracias al SED puedo afirmar con rotundidad que mis cuatro años como estudiante universitario han sido más importantes y profundos de lo que nunca hubiera podido esperar. Las razones principales podrían ser dos: por un lado, por la experiencia transformadora que suponen los voluntariados que ofrece el SED; por otro, por la invitación transparente y sincera a mirar dentro de mí para conocer realmente mis capacidades y mis debilidades y poder discernir cuál es mi vocación, es decir, dónde quiero poner mi vida durante mi etapa como estudiante y posteriormente como profesional.

“El voluntariado… Te muestra esa faceta de la sociedad que sabes que existe, pero que prefieres no ver porque incomoda.”

Cuando me preguntan sobre lo que más recuerdo de mis años de universitario, el voluntariado es una de las primeras experiencias que se me vienen a la cabeza. Aunque muchas veces el voluntariado es visto como una forma de autorrealización y autosatisfacción del voluntario (y es cierto que esos aspectos están, queramos o no), para mí supuso un punto de inflexión en mi vida que me aportó más frustración e indignación que felicidad y autocomplacencia. El voluntariado te expone irremediablemente ante la cara más amarga de la sociedad, te lleva a entrar en contacto con todos aquellos que han sido excluidos del juego social y que han quedado al amparo de ONGs, parroquias o asociaciones ciudadanas. Te muestra esa faceta de la sociedad que sabes que existe, pero que prefieres no ver porque incomoda.

“Cuando escuchaba testimonios de inmigrantes me sentía impotente… Pero, con el tiempo, esa impotencia se ha ido transformando en esperanza”

En mi caso, me llevó a acercarme a la realidad de las personas migrantes gracias a mi voluntariado como profesor de español en la Asociación Pro-Inmigrantes de Córdoba. Entre explicaciones de los verbos irregulares y bromas, mis alumnos (desde menores inmigrantes no acompañados a familias completas refugiadas) me contaban anécdotas sobre sus gustos musicales, sus fiestas, sus nuevas comunidades de vecinos o sus rutinas aquí. Pero, cuando sus barreras se desplomaban, a veces afloraban recuerdos dolorosos del exilio y de la guerra, experiencias traumáticas de sus procesos migratorios porque las vías legales de llegada a España son casi inexistentes, o situaciones de racismo que les había tocado sufrir aquí. En esos momentos, me sentía totalmente impotente: no podía cambiar su pasado y podía hacer poco por su presente más allá de la mera escucha comprensiva. Pero, con el tiempo, esa impotencia se ha ido transformando en esperanza: podía y debía hacer algo para que el sistema (o una parte de él, empezando por mí mismo) cambiara, para que algún día esas experiencias traumáticas y de odio sean la excepción y no la norma.

“La importancia de las sesiones de formación… En ellas aprendí (y sigo aprendiendo) a cómo ir gestionando esa impotencia, a cómo tratar a los demás sin condescendencia o a cómo abordar ciertas situaciones inesperadas”

El SED era consciente de que, como yo, muchos de los estudiantes de la Universidad Loyola que hacíamos voluntariado enfrentábamos experiencias similares con colectivos diversos. De ahí la importancia de las sesiones de formación que nos ofrecían varias veces cada semestre. En ellas aprendí (y sigo aprendiendo) a cómo ir gestionando esa impotencia, a cómo tratar a los demás sin condescendencia o a cómo abordar ciertas situaciones inesperadas. Igualmente, en esas formaciones comencé a vislumbrar la forma de trabajar del SED de la que tanto recelaba en un principio. Me di cuenta de que su objetivo no era otro que el de trabajar por la dignidad de cada persona para conseguir que cada una de ellas pudiese realizar su propio proyecto de vida. Por ello, el voluntariado cobraba pleno sentido, ya que permitía poner al servicio de lo más olvidados todas las capacidades y conocimientos de los miembros de la universidad. Pero, partiendo de esa misma idea, cobraban también sentido todas las actividades que el SED proponía a los alumnos para que fuésemos capaces de dilucidar cómo realizar nuestro proyecto de vida en dignidad, es decir, de descubrir nuestra verdadera vocación.

“Los grupos de fe eran encuentros donde surgían más preguntas que respuestas. En vez de encontrar soluciones aprendíamos a hallarlas por nosotros mismos”

Esa invitación que realizaba el SED cada vez que tenía oportunidad fue la que me llevó a participar en los grupos de fe junto a unos pocos, pero excelentes compañeros. Lejos de ser una catequesis al uso donde se exponen unos planteamientos y sobre ellos se razona, los grupos de fe eran encuentros donde surgían más preguntas que respuestas. En vez de encontrar soluciones, aprendíamos a hallarlas por nosotros mismos siguiendo ejemplos de personas que ya las habían encontrado. Entre ellas, cómo no, San Ignacio. Sin duda, el descubrimiento del discernimiento ignaciano en los grupos de fe ha sido una de las claves que más me han ayudado en los momentos de mayor incertidumbre. Es una herramienta que me acompañará durante toda mi vida.

En definitiva, cuando reviso estos cuatro años frenéticos de carrera, llenos de experiencias de esas de las que podrías hablar durante horas, me doy cuenta de la importancia que ha tenido el SED en ellos. Podría decir que parte de mi actual vocación a trabajar con personas migrantes ha sido fruto de un proceso largo y sosegado de discernimiento en el que mi experiencia de voluntariado ha jugado un papel fundamental. Por ello, siempre le estaré agradecido a María Rita, Marco, Natxo, Juan, Óscar, José Mª y tantos otros por su labor discreta y humilde. Sin ellos, una parte de mí no sería lo que es hoy.

Así que, si habéis llegado hasta aquí, solo me queda deciros que, a veces, en aquello que más desdeñamos en un principio está la clave de lo que estábamos buscando. Para mí el SED fue una pieza indispensable en esa búsqueda y puede que para ti también lo sea (o no).

Autor

Francisco Javier Burrero

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. fjburrero@uloyola.es Twitter: @javierburrero

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *