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Ignacio Ellacuría. Fuenta: Periodista Digital

Realidad, utopía profética y esperanza desde Ellacuría con Romero

Estamos celebrando ya la semana del aniversario de I. Ellacuría, I. Martín-Baró y  sus compañeros mártires jesuitas de la UCA. Por ejemplo, en la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México), Cátedra Latinoamericana Ignacio Ellacuría, con motivo de la preparación del lanzamiento del libro “Ignacio Ellacuría en las fronteras”.

En el cual, aparecerá publicado mi trabajo “Filosofía de la acción-formación social en el horizonte de la espiritualidad. Claves desde Ellacuría, Martín-Baró y los jesuitas mártires de la UCA”. Este libro será publicado por la Universidad Tecnológica del Valle de Chalco, Sistema Universitario Jesuita, con la posibilidad de co-edición de dicha Universidad IBERO-Ciudad de México.

Este artículo, de nuevo, pretende contribuir a la memoria a Ellacuría y los jesuitas mártires de la UCA con la exposición de su pensamiento, su filosofía y teología en relación con Mons. Romero. Y es que como se ha estudiado, el arzobispo santo y también mártir salvadoreño marcó la vida y el pensamiento de Ellacuría, que admiraba profundamente a San Oscar A. Romero.

Tal como afirmó Ellacuría, con Mons. Romero pasó Dios por El Salvador. San Romero es modelo para la fe y la  iglesia fiel al Reino de Dios con su gracia, amor, vida y justicia liberadora con los pobres de la tierra que se va realizando ya en la realidad histórica y que se consuma en la vida eterna.

Ellacuría y Mons. Romero con su vida, obra y pensamiento fueron honrados con la realidad, se religaron a lo real, a la verdad real con sus posibilidades, capacidades, dinamismos, esperanzas, trascendencia, sufrimientos, males, opresiones e injusticia.

Ellacuría y Mons. Romero

En su tiempo o en el nuestro, donde esta honradez con la realidad es peligrosa (subversiva), Ellacuría y Mons. Romero son ejemplos de la búsqueda honrada de esa verdad real, del bien más universal y de la justicia global. Frente a los idealismos y posmodernismos con su individualismo relativista, Ellacuría y Romero nos transmiten el conocimiento con el desvelamiento de la realidad, en sus diversas e inter-relacionadas dimensiones: la física, biológica, material, corporal, económica, social, política, cultural, espiritual y trascendente.

Como está poniendo de relieve el Papa Francisco, en contra del gnosticismo y del espiritualismo doceta e individualista burgués, ellos nos comunican el principio de “la realidad que está antes que la idea”. La ciencia o el pensamiento se realizan contemplando y acogiendo el don de lo real, de la realidad de la biología, del cuerpo, de los otros, de lo social e histórico para orientarlas en esta verdad real con el amor fraterno, el bien común y la justicia con los pobres.

Relativizar o negar lo material, lo real y biológico-corporal: es caer en el error gnóstico, doceta, espiritualista y posmoderno que, con su evasionismo y pesimismo de toda esta realidad, rechaza la verdad y la vida del otro, del sufrimiento, del mal e injusticia que padecen las víctimas, los pobres y oprimidos.

En la línea de Francisco, en contra de este individualismo relativista práctico,  Ellacuría y Romero hacen vida ese otro principio, “el todo está antes que la parte”, con una visión más completa y global de la realidad que no se queda en el emotivismo y parcialización de lo real. Una cosmovisión y ética universal con la realidad global que incluye y co-relaciona todas sus dimensiones, con el amor a todo ser humano en una solidaridad internacional, paz cosmopolita, justicia mundial y liberación planetaria e integral.

Y es que Ellacuría con Romero proponen una utopía y esperanza profética, real, concreta, histórica y trascendente inspirada en la fe. No hay verdad ni fe sin profecía en el anuncio del Reino de Dios y su justicia, que va unido inseparablemente a la denuncia de todo mal, pecado, muerte, opresión e injusticia.

La utopía de lo real y de la fe efectúa este profetismo en el principio-misericordia, que asume fraternal y solidariamente el sufrimiento real e injusticia histórica que padecen los seres humanos, los pueblos y los pobres. Rechazando por tanto el mal y pecado del egoísmo con sus ídolos de la riqueza-ser rico, del poder y de la violencia, las idolatrías del capital, del mercado y del estado que da muerte, negando la vida y dignidad del ser humano.

Es la utopía y esperanza que sirve a la fe, a la cultura y a la justicia en la opción por los pobres que, como clave hermenéutica y epistemológica de la realidad, son sujetos de la misión, de un auténtico desarrollo y protagonistas de su promoción liberadora e integral. Desde la Gracia de Dios revelada en Cristo pobre-crucificado, los pobres y crucificados de la historia nos transmiten luz, verdad y salvación liberadora de todos estos falsos dioses del poseer, de la propiedad y del tener que se imponen sobre el ser, que sacrifican la vida y dignidad de las personas.

Frente a la civilización del capital, hay que promocionar la del trabajo, defendiendo esa vida y dignidad de la persona trabajadora, con sus derechos como es un salario justo; con una economía al servicio de las necesidades de los pueblos, del desarrollo humano liberador del pecado estructural.

Esas estructuras de pecado e injustas que convierten al lucro, al beneficio y al capital en el motor de la historia. Y en contra de la civilización de la riqueza, la de la pobreza con la solidaridad como principio de humanización. Es ese compartir la vida, los bienes y las luchas por la justicia con los pobres en contra de la riqueza-ser rico y del tener.

Impulsando pues el principio básico del destino universal de los bienes, la justa distribución de los recursos, que está por encima de la propiedad para que se reparta con equidad. Es esa liberación personal de la egolatría e individualismo posesivo que con dichos ídolos de la codicia, la avaricia y el dinero esclavizan al ser humano. La liberación espiritual en la comunión con el Dios de la vida, con los otros y con los pobres en el amor fraterno que se hace pobreza solidaria para la promoción de la justicia, con la naturaleza y la creación en una verdadera ecología integral.

Siguiendo más de cerca a Mons. Romero, es una bioética global y amor fiel que respeta la vida en todas sus fases (desde el momento de la concepción), dimensiones y aspectos, en la unión del hombre con la mujer que se abren a la vida, a los hijos, a la solidaridad y al bien común.

Y es que en este sentido, en oposición a la colonización cultural, Ellacuría ya alertó de toda esta imposición de la vida economicista, consumista y hedonista que no posibilita la vida en todas sus formas, obstaculizando la solidaridad y la felicidad del ser humano. Esa verdadera felicidad que se va alcanzando en el amor fraterno y la solidaridad, en la lucha por la justicia social (global) con los pobres y ambiental (por la naturaleza del planeta), consumándose en la vida plena, trascendente y eterna, en la tierra nueva y en los cielos nuevos.

Tal como afirma Ellacuría, “la historia se dirige siempre hacia adelante y tiene una tarea de realización creciente hacia la plenitud de Dios. En la historia luchan antagónicos poderes radicales, a favor o en contra del futuro proyectado en Jesucristo: estos poderes cobran históricamente concreción objetiva, que con el Evangelio pueden interpretarse como tales; lo cual lleva a presentar la acción históricamente, pero con los criterios propios de su dimensión escatológica.

Pertenecen a la promesa un juicio de Dios sobre el mundo, a través del juicio de Cristo sobre él en un regreso por el que hay que luchar. Un juicio sobre cada uno, una promesa de resurrección de los muertos y glorificación del mundo” (Escatología e historia, 1974).

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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