La violencia de género más sutil

Uno de los actos de discriminación machista que las mujeres sufren con mayor frecuencia es la cosificación sexual,

Mucho se habla de la violencia de género como un problema con dimensiones epidémicas y con consecuencias nefastas para la salud de las mujeres, invirtiendo grandes cantidades dinero público a la prevención de la violencia contra las mujeres.

Pese a todos los esfuerzos que se están haciendo para evitar el número de mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas, la realidad es que no han disminuido las trágicas cifras de homicidios machistas y las mujeres siguen sufriendo violencia por parte de sus parejas. Muchos y muchas nos preguntamos ¿qué se está haciendo mal? ¿qué se nos está escapando en la lucha contra la violencia machista?

Los expertos y las expertas en la materia defienden la visión de la violencia machista como una punta de un iceberg, contra el que no se puede combatir a no ser que se trabaje en la base del problema. Esta metáfora ilustra muy bien, el hecho de que la violencia machista se sustenta en muchos actos de discriminación sexista que pasan desapercibidos o incluso son aprobados a nivel social.

Cosificación sexual

Uno de los actos de discriminación machista que las mujeres sufren con mayor frecuencia es la cosificación sexual, entendida como el foco de atención en la apariencia de la mujer y valorarla solo por el placer que su cuerpo puede dar y no percibiéndola como una persona íntegra. Este fenómeno se traduce en piropos callejeros, miradas al cuerpo de mujer o tocamientos no deseados en las partes sexuales de su cuerpo.

Además, estas experiencias han sido ampliamente estudiadas por investigadoras feministas que demuestran que estar sometida a cosificación sexual en la vida diaria lleva a mayor probabilidad de sufrir problemas de salud mental.

De especial importancia es el hecho de que estar expuesta a continua cosificación sexual en la calle, en el trabajo o en tu propia casa, lleva a que las mujeres se empiecen a ver a ellas mismas como objetos sexuales, estando más centradas en lo cómo su cuerpo parece que a cómo ellas se sienten o lo que pueden llegar a hacer.

Esto tiene grandes repercusiones sociales, haciendo que las mujeres tengan menos aspiraciones profesionales, estén más a favor de someterse a operaciones de cirugía estética, sean menos capaces de luchar por sus derechos e incluso, sufran en el futuro más episodios de violencia machista.

Todo esto nos lleva a considerar de extrema importancia comprender y analizar el fenómeno de la violencia de género desde una perspectiva más amplia y trabajar en prevención de la visión distorsionada que la sociedad tiene de las mujeres como objetos sexuales.

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Gemma Sáez Díaz

Gemma Sáez Díaz

Profesora del Departamento de Psicología de la Universidad Loyola.

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