Que no olviden cómo les hicimos sentir

comunicación y emociones

“Las personas pueden olvidar lo que les dijiste o hiciste, pero nunca olvidarán cómo las hiciste sentir”.

La célebre frase de la artista norteamericana Maya Angelou puede aplicarse a muchas facetas de nuestra vida pero si hay una en la que indudablemente queda clara es en nuestra comunicación pública. Unas semanas después de una charla a la que asistimos quizá aún recordamos el nombre del conferenciante y el tema tratado, pero sobre todo recordaremos si la ponencia “estuvo bien”, “fue muy amena”, “fue un peñazo insoportable”, “era interesante pero se me hizo larga” o “fue súper original”…

Todos esos calificativos no entran a valorar el fondo de la cuestión. Damos por hecho que la persona que dio la charla sabía de lo que hablaba. Pero lo que recordamos es cómo se expresó y cómo nos hizo sentir. Porque de eso se trata una comunicación pública: de alguien que nos mira a la cara y nos cuenta en primera persona su información, experiencia, teoría, sentimientos… Es el toque humano lo que nos diferencia y provoca que un mismo tema tratado por dos conferenciantes distintos pueda parecer radicalmente distinto. Así debe ser.

Cada día tiene menos sentido un orador con tono neutro que se dedica a leer lo que se ha preparado. Para eso es mucho más productivo que nos envíe la información por correo electrónico o nos firme su libro, que ya nos lo leeremos en casa más cómodos y sin dormirnos en su charla. La imagen de profesionalidad asociada a seriedad/aburrimiento de un conferenciante es un cliché que ha sido válido buena parte del siglo XX. Sin embargo, a día de hoy es impensable que un orador no sea ameno por muy técnico o científico que sea el tema del que trate.

En un ámbito académico como la Universidad podemos caer también en el error de obsesionarnos sólo con el “temario”. Tiene cierta lógica. Al fin y al cabo se evalúa a los alumnos por unos conocimientos adquiridos. No se evalúa si son graciosos o aburridos, si son sociables o tímidos, si son originales o del montón… Pero al salir al mercado de trabajo van a comprobar que en muchas ocasiones son esos matices los que les hacen diferentes y los que pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso laboral. Y por ello debemos empezar a trabajarlo desde ya.

¿Pero se puede hacer amena una charla jurídica, sobre ingeniería o sobre finanzas? Es precisamente en materias complejas como esas en las que hay que redoblar los esfuerzos para que nuestra audiencia nos siga, nos entienda y hasta nos pida más. Si sólo queremos demostrar nuestros conocimientos científico-técnicos escribamos una ponencia para enviar por correo o publicar. Pero si lo que me piden es una ponencia es porque quieren ver a la persona que sabe contarlo, a la persona que sabe entretener a la vez que nos informa, a la persona que compagina rigor y profesionalidad con cercanía y sencillez, e incluso a la persona que sabe inspirarnos.

Esos oradores que marcan la diferencia son los que aspiramos a formar en la Universidad Loyola Andalucía. Oradores de los que recordemos qué nos dijeron pero también cómo nos hicieron sentir.

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José Luis Losa Ranz

José Luis Losa Ranz

Licenciado en Periodismo por la Pontifica de Salamanca. Ha sido jefe de la Sección Local y de Economía de ABC de Sevilla, jefe de Informativos en Sevilla TV y Punto Radio, y jefe de Economía en la agencia Europa Press. Fundador de Edeteatro (Estudio de Teatro) en Sevilla, en el que ha dirigido más de 20 espectáculos. Socio fundador de Comunica y convence, consultora especializada en comunicación.

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