Plasticidad cerebral

la plasticidad cerebral

Las personas somos arquitectas de nuestro propio cerebro (Ramón y Cajal) 

Eric Kandel, premio nobel de fisiología o medicina en el año 2000, es una de las principales referencias mundiales en el ámbito de la neurociencia. Es, por tanto, un autor central para los profesionales de la psicología y la neuropsicología que quieran basar sus intervenciones en las mejores evidencias científicas disponibles en este ámbito.

Uno de los más sustanciales principios que Kandel expone en Principios de Neurociencia (2007) es el de plasticidad cerebral, superando así el típico y antiguo debate entre genes o ambiente. “Cuando hablamos de plasticidad, nos referimos a la habilidad de las sinapsis, las neuronas o las regiones cerebrales para cambiar sus propiedades en respuesta al uso o a diferentes perfiles de estimulación. También se llama cambio plástico”  (Kandel, 2007, p. 504).

Cada vez son más las evidencias que muestran la relevancia de los estímulos medioambientales, de las características contextuales y de la calidad de las interacciones que tenemos como fuente de estados de salud mental y física excelentes o muy negativos para el desarrollo.

Arquitectura del cerebro

Kandel es claro al respecto, indicando que las personas tenemos una capacidad enorme de desarrollar nuevas conexiones sinápticas como resultado de la experiencia. Por ejemplo, estudios han demostrado que la capacidad de los bebés de distinguir entre caras de animales desaparece con el tiempo mientras se mantiene y desarrolla la habilidad para la diferenciación de caras de personas. Lo que es funcional y, por tanto, se practica, consolida conexiones neuronales, las amplía y las hace más sólidas.

Puesto que cada ser humano crece en un ambiente diferente y también tiene experiencias diferentes, la arquitectura de cada cerebro es única (Kandel, 2000, p.258). Esta evidencia, lejos de conducirnos al determinismo de la experiencia abre una ventana a la libertad en el desarrollo, así como conduce los profesionales que trabajan con y para personas a proveer a cada individuo y grupo con las mejores experiencias, estímulos e interacciones, desde la primera infancia a la vejez.

Incluso pueden haberse tenido experiencias (desde el aprendizaje académico hasta el afectivo-sexual) que hayan dado una estructura concreta a nuestras conexiones sinápticas que produce respuestas en el pensamiento y la conducta no positivas. Sin embargo, como señala Kandel, el cambio en el contexto, en las acciones, en las interacciones sociales e incluso en los diálogos pueden transformar esas conexiones hacia otras que apoyen trayectorias de desarrollo humano excelentes.

La calidad de las relaciones humanas

Esos nuevos y mejores estímulos incluyen una muy amplia diversidad de cuestiones, entre las cuales la calidad de las relaciones humanas se presenta como fundamental. Estudios científicos ya han demostrado que las personas con amistades profundas tienen mejor salud psicológica y física (Hartup & Stevens, 1999; Holt-Lunstad, Smith & Layton, 2010).

Ayudemos no solo a proveer esos estímulos con intervenciones y políticas públicas, por ejemplo educativas, sino también a desarrollar en las personas la capacidad de crear y escoger algunos de los mismos, como las amistades de calidad. Esos estímulos pueden cambiar la estructura de nuestro cerebro y el sentido de nuestras vidas.

Referencias bibliográficas

Hartup, W., Stevens, N. (1999). Friendships and Adaptation Across the Life Span. Current Directions in Psychological Science, June 1999 , 8 (3),  76-79.

Holt-Lunstad J, Smith TB, Layton JB (2010) Social Relationships and Mortality Risk: A Meta-analytic Review. PLoS Med 7(7): e1000316. doi: 10.1371/journal.pmed.1000316

Kandel ER, Schwartz JH, Jessell TM (2000). Principles of Neural Science, 4th ed. McGraw-Hill, New York.

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Sandra Racionero

Sandra Racionero

Subdirectora de Loyola Leadership School, área de psicología. Es investigadora Ramón y Cajal en Psicología Cognitiva y la Directora de Departamento de Psicología de la Universidad Loyola Andalucía. Tiene un doble PhD y Máster en psicología y ciencias del aprendizaje por la University of Wisconsin-Madison (EUA), donde fue Fulbright scholar. Fue la única europea en recibir el Academic Achievement Award de la University of Wisconsin-Madison en el 2011. Es la directora de la línea de investigación en "Memory, language and cognition" afiliada al Human Neuroscience Lab de la Universidad Loyola Andalucía. Es investigadora en la 'Community of Researchers on Excellence for All' de la Universitat de Barcelona.

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