Oro, incienso y mirra para el liderazgo personal

Claves para construir el liderazgo personal.

Ante el vacío existencial al que nos quiere llevar el mundo complejo donde estamos inmersos, un mundo líquido (Bauman), en la búsqueda del “bien-estar” en vez del “bien-ser” (Erich Fromm), quiero escribir con esperanza a los Reyes Magos para pedirles “oro, incienso y mirra” para nuestro liderazgo personal.

1. El oro del liderazgo: Autoconocimiento de nuestro “mapa”.

Para despertar de las respuestas automáticas y la falta de conciencia de nuestras emociones, es necesario explorar nuestro mapa mental interno. El “mapa” en relación con el territorio- según la Programación Neurolingüística (PNL)- simboliza cómo interpretamos los datos del mundo y les otorgamos un determinado significado y sentido.

Por tanto, un mismo territorio de experiencia producirá distintos significados en los “mapas del mundo” de diferentes personas (Robert Dilts). ¿Y cómo sabemos de qué forma se ha construido nuestro “mapa”? Con un viaje de autoconocimiento (competencia intrapersonal de Goleman), sin que haya manuales de lectura –aunque algunos nos ayuden y guíen-, ni podamos encontrar nuestras respuestas en Google. ¿Cómo se trabaja entonces? Se explora desde un estado de silencio y de meditación introspectiva.

Es importante reconocer nuestro “mapa” porque la realidad en sí misma es inalcanzable. Vivimos en una realidad filtrada a través de nuestros sentidos y creada en nuestra mente. La Neurociencia nos confirma, además, que no hay ningún cerebro igual a otro. Por tanto, nuestra educación, nuestras vivencias, nuestra familia, nuestro entorno han moldeado poco a poco cada una de nuestras redes neuronales y, por ende, nuestra percepción. Hay tantas realidades creadas o virtuales como personas que la miran.

2. El incienso del liderazgo: Escucha activa y empática

Desde ese primer regalo que nos hacemos con el autoconocimiento,  abrimos la puerta a la voluntad de escuchar con actitud empática y activa. Ese enclave, convierte a la comunicación interpersonal en un instrumento valiosísimo. Porque si cada ser humano percibe la realidad con sus matices, la escucha es el antídoto para comprender y ser comprendido en un mar embravecido de percepciones e interpretaciones. Y esa escucha empieza por reconocer cada uno desde dónde habla, cuál es su emplazamiento en, por, y para el mundo (Berger, Luckman, Piaget, Ricoeur, Vázquez Medel).

Donde la palabra no sólo nombra la realidad, la transforma cuando la invoca y la convoca como patrimonio común (José Antonio García-Monge, 2011). Y también gracias al autoconocimiento, somos conscientes de que transmitimos una verdad parcial y parcelada del mundo, y sostenemos con responsabilidad y humildad esa versión narrativa de nuestra vida. Desde ahí se puede ejercer el diálogo con otros (como creación del conocimiento entre dos partes) y nos posibilita reconocer cuál es nuestro liderazgo personal.

Esa curiosidad por los “mapas” del otro, genera conversaciones auténticas, llenas de respeto, y posibilita la construcción conjunta de territorios más ricos, más complejos y llenos de matices.

3. La mirra del liderazgo: la fuerza creativa del liderazgo compartido

Desde la escucha, podemos generar la fuerza creativa del liderazgo compartido. Gracias a la comunidad donde hemos crecido, no sólo hemos entrenado nuestras habilidades sino que también hemos aprendido valores y normas.  En ese camino en busca de sentido (Víctor Frankl), necesitamos del “tú” y del “nosotros” para reconocer/reconstruir nuestro juicios, creencias y valores, apoyándonos en los continuos actos de “feedback” (retroalimentación). Y nos miramos en el espejo de las conversaciones con nuestro entorno para dibujar el rostro de quiénes somos- por cómo pensamos, sentimos y actuamos ante cada palabra.

Y aunque somos seres singulares, únicos -desde la propia concepción científica de nuestro cerebro- necesitamos vivir en comunidad. Es un camino bidireccional. Por un lado, cuanto más trabajamos nuestra singularidad, más reforzamos nuestra libertad para elegir y tomar decisiones. Por otro lado, ser singular no significa construirnos desde y para la individualidad.

Ser singular es sostener tu grandeza como pieza de un puzle mucho más grande. Porque si nadie es perfecto, debemos recordar que un equipo de trabajo puede serlo (Meredith Belbin). Por ello, todo es posible gracias a un liderazgo compartido.

Pero, ¿cómo logramos liderar nuestra vida junto a los otros? En su respuesta está la clave para vivir con equilibrio nuestra vida personal y profesional. Darnos cuenta de que nuestro potencial –esa triada de comunicación, liderazgo y creatividad– junto al potencial de otros, nos permite acometer grandes proyectos. El más importante, tal vez, es salvarnos de un fuerte vacío existencial lleno de desesperanza; y evitar que nos engulla el desarrollo voraz de un mundo de gran complejidad técnica y tecnológica, y con borrosos límites éticos.

Con esta petición de más autoconocimiento, más escucha activa y más liderazgo compartido, os deseo a todos una buena entrada de año.

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Ana López Sousa

Ana López Sousa

Licenciada en periodismo y comunicación audiovisual. Profesora de la asignatura “Habilidades Directivas” en el área de Management de Loyola Leadership School. Coordinadora de los “Procesos de Desarrollo personal y profesional” en el Programa “Líderes para el Mundo” (LLS).

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