El bienestar de los estudiantes con las TIC

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Ya hace tiempo que las tecnologías digitales llegaron para quedarse en nuestras vidas. No digo nada nuevo, al plantear que éstas se han alojado y expandido en todas las facetas vitales en las que las personas nos proyectamos: el hogar, el trabajo, el ocio, el deporte, la salud, el arte… Y por supuesto, no podemos olvidarla, en la educación, faceta que podríamos llamar trasversal a todas las anteriores.

En los centros educativos también aterrizaron las TIC hace ya décadas. Pero, sirviéndome de la metáfora del profesor Valverde , aún son especies invasoras y extrañas en los ecosistemas escolares, es decir, no se han convertido en autóctonas. De modo que, se percibe una desmotivación y un desinterés por parte del alumnado en la forma en la que se hace uso de los recursos digitales en las aulas. Se podría decir que existe una sensación general de que una cosa es usar las tecnologías en las aulas y otra muy distinta es usarlas en la vida fuera del aula.

Así, se crea pues una brecha entre lo que podríamos llamar la cultura social, donde las TIC tienen un papel estrella, y la cultura escolar, donde el rol de las mismas es aún bastante secundario. La causa del problema se antoja compleja. Una de las claves podría estar en el ajuste forzoso de las TIC a una estructura escolar que mayoritariamente es inmóvil y rígida. Por tanto, en los contextos escolares, todo el potencial que se le atribuye a las TIC vinculado a la creatividad, a la reflexión, a la imaginación, a la divergencia, o lo que es lo mismo a la proyección de permitir a los estudiantes a crear cosas diferentes, está aún mermado y reducido a un camino convergente, que busca una única respuesta.

Nótese que he hablado de percepción y sensación general, ya que son pocos los estudios empíricos que indaguen en los niveles de bienestar del alumnado en las aulas y, en específico, en esos ambientes de aprendizaje en los que las TIC están presentes. La OECD , en concreto, a través de su informe PISA , parece que ya se ha percatado de la importancia de esto, y lo empieza a integrar, aunque aún de forma muy emergente y exploratoria. De esta forma, en su último informe revela que un gran uso de Internet en los hogares por parte de los alumnos está negativamente relacionado con el rendimiento escolar. Y una de las razones que se proponen es el desinterés de los alumnos por las actividades escolares, aspecto que ya se ha señalado anteriormente.

Herramientas vs emociones

Sin embargo, la mayoría de los estudios sobre el efecto y el impacto de las TIC en los centros analizan indicadores vinculados al acceso, a la infraestructura, a los recursos y a la dotación. Así, se dice la cantidad de centros que tienen acceso a internet, el número de horas que el profesorado trabaja en las aulas con TIC, el número de tablets, portátiles o pizarras digitales que hay en las aulas, la ratio por aula e incluso los recursos que se usan…

Pero, ¿dónde queda evaluar el estado emocional generado por las prácticas escolares en las que se insertan esos recursos? ¿Qué opina el alumnado, principal destinatario de esas acciones? ¿Cómo se sienten los estudiantes cuando usan las TIC en las aulas? Se necesitan recoger estos datos para que todo esto deje de ser una sensación, que pase al plano de la evidencia, y nos pongamos de inmediato manos a la obra en el cambio.

Haciendo referencia al índice de FIB (Felicidad interior Bruta), del gobierno de Bután, propongo hallar la FETIC, la Felicidad de nuestros Estudiantes con las TIC, o lo que es lo mismo conocer su bienestar en esos ambientes de aprendizaje en los que no podemos eliminar esos recursos que privilegian en su día a día pero que tienen aprender a transferir al contexto escolar.

Conocer estos niveles proporcionaría a los docentes feedback directo del efecto de sus prácticas y les podría orientar para la generación de otras distintas, que realmente gustaran a su alumnado.

No obstante, no quisiera terminar sin olvidarme de vosotros, esos profesores que se preocupan por marcar la diferencia en sus contextos, que saben que innovar no es solo usar las TIC en las aulas, sino que es algo más… Queda camino, pero estamos en ello.

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Jesús Conde Jiménez

Jesús Conde Jiménez

Doctor en Ciencias de la Educación con Mención Internacional por la Universidad de Sevilla. Profesor e investigador en el Departamento de Comunicación y Educación de la Universidad Loyola Andalucía. Profesor en el Máster Universitario en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas de Loyola Leadership School.

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