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Voluntarios de Kumi en la tumba de la Madre Teresa de Calcuta.

Más allá del voluntariado: Misiones en Calcuta

La casualidad me llevó a Calcuta. Aunque ahora que lo pienso, y tras esta experiencia, estoy seguro que Cristo puso de su parte, que fue Él el que me llevó. Desde hace cuatro años he querido hacer estas misiones en la India, pero por distintas circunstancias no pudo ser. Un día me metí en internet y salió la página de ‘Kumi’, asociación con la que fuimos. No me lo pensé, hay veces que no hay que pensar las cosas para hacerlas. Tras realizar el primer pago supe que ya no había marcha atrás, y gracias a Dios que no la hubo.

Un sentido más allá del voluntariado

Darse a los demás, invertir tu tiempo libre en el otro, conocer otra realidad. Cualquier motivo es bueno y válido para tener este tipo de experiencias. Pero me movía algo más, una fuerza motriz invisible me motivaba y empujaba a dedicar dos semanas a estar con los demás: hacerlo por amor a Cristo. Llegamos a Calcuta tras muchas horas de vuelos.

Lo primero que percibes es el calor, imposible no agobiarse por la humedad. También podría contaros el tema de los olores ¡Cuánta variedad en tan poco espacio! Nos montamos en los taxis y recorrimos la ciudad hasta llegar a nuestro destino. El caos en el tráfico impresiona, como impacta también la suciedad y la pobreza. Si ves algún documental y ves Calcuta, que no te choque: es tal que así. 

Casa de las Misioneras de la Caridad
Calle donde está situada la casa central de las Misioneras de la Caridad.

Nos registramos para los voluntariados a los que nos dedicaríamos durante las dos semanas que estaríamos allí. Es impresionante el trabajo que las ‘sisters’ realizan. Ellas forman parte de las Misioneras de la Caridad, congregación religiosa que Madre Teresa de Calcuta fundó en 1950 con la única intención de estar con los que nadie quiere, con los más pobres entre los pobres. 365 días, 24 horas. Siempre con una buena cara, siempre con la misma energía, con la misma fuerza.

Nabo Jibon: gestos y miradas

Los dos primeros días, a falta del registro final, fui a ‘Nabo Jibon’, un centro de enfermos mentales. Será imposible describir y contaros lo mucho que pude recibir de estas personas. A la hora del registro nos propusieron que, si queríamos, podíamos elegir cualquier centro. La mayoría siguió con el de los primeros días ¿Cómo ibas a dejarlo?

Nos acompañó en esta experiencia el padre Jorge, que dio en la clave el primer día de las misiones en Calcuta “nosotros no venimos a ayudar, venimos a quererles”. Se mira al otro de manera completamente distinta cuando cambias ‘ayudar’ por ‘querer’. Porque al final, más allá de la necesidad que tenga, sigue siendo como tú. Y todos necesitamos querer y que nos quieran.

Nabo Jibon en Calcuta
Centro de las Misioneras de la Caridad en Calcuta.

Te mira, le miras. La conexión, invisible, entre uno y otro fue asombrosa. Entre cada voluntario y cada enfermo. Te coge la mano, se la das. Te sonríe y tú le devuelves esa sonrisa ¿Qué más necesitas? ¿Qué más te pueden ofrecer si no tienen más que eso? Ni falta hace que te den más.

Resulta inevitable acordarse de cada una de las personas que se cruzaron en mi camino durante esta experiencia. Resulta imposible no hacerse cargo de su situación y pensar que ellos seguirán allí, con sus problemas, cada día mientras yo vuelvo a la relativa ‘normalidad. Volveré, si Dios quiere claro.

 

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