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Malala Yousafzai recibe el Premio Nobel de la Paz 2014

Malala, la bloguera de la paz

Malala Yousafzai, de 17 años, acaba de recibir el premio Nobel de la Paz en reconocimiento a su labor por la educación de los niños en el mundo y especialmente, por la de las niñas en su país, Pakistán. Precisamente la misma actividad que le ha granjeado el prestigioso galardón, hace dos años, le puso en el objetivo del arma de un talibán que disparó contra su cabeza.

Desde que se conociera la nominación de Malala al premio, los medios han destacado la gravedad del atentado, pues su caso tiene bastante de proeza médica y algo de milagro; tras varios meses de lucha en un hospital de Inglaterra, la joven sobrevivió al intento de asesinato. Mientras que por otro lado, han especulado con la pertinencia de la concesión de un Nobel a una persona ‘tan joven’.

En el año 2009 Malala se estrenó como bloguera escribiendo Diary of a Pakistani schoolgirl, un diario en forma de posts para la BBC, en un principio bajo el anonimato. En estos escritos breves, narraba el día a día bajo la presión de quienes se han apropiado de la religión como única ley, empleando la violencia para el sometimiento a un culto adulterado, que de la forma más extrema quiere deshumanizar a la mujer privándola de todos sus derechos. La periodista Cecilia Verguizas llama a Malala ‘La Ana Frank de Pakistán’. Como el diario de Frank, el de Malala lo han leído millones de usuarios en Internet.

No imagino que se hubiese cuestionado la insultante juventud de Larra, Baroja, o la de tantos otros grandes periodistas y escritores de nuestra historia que empezaron en el oficio de escribir siendo casi niños, y que se convirtieron en las voces de la crítica, la denuncia y la oposición a la política de su época. Es sorprendente que, ante la concesión del Nobel de la Paz a Malala, surjan voces que le tachan de oportunista, marioneta o flor de un día de la web. Me pregunto cuál es la edad adecuada para intervenir en la sociedad, para formarse una opinión, para desarrollar un espíritu crítico.

Parece evidente que para la publicidad cuanto antes mejor, pues le interesa este público como consumidor. Para algunos políticos, los 16 años ampliarían el porcentaje de electores potenciales. Y para el consumo de alcohol y tabaco, depende de los acuerdos entre las autoridades sanitarias y los empresarios. La incoherencia numérica para el libre desarrollo de un valor imprescindible como el de la responsabilidad, revela uno de los mayores miedos de nuestra sociedad, el miedo a educar. Y educar hoy, también es educar en el consumo y uso responsable de los medios de comunicación. Aunque duela, la denominada “competencia digital”, no se aprende sólo en la escuela.

Malala dijo en su discurso ante la Asamblea de la ONU que, “un niño, un profesor, un lápiz y un libro pueden cambiar el mundo”. Sin embargo, ella lo ha logrado utilizando un teclado. Precisamente una herramienta demonizada por muchos, quienes sienten la amenaza de Internet y las redes sociales, se ha convertido en un instrumento para la paz y contra las desigualdades. Hoy la adolescente, a través de sus discursos, entrevistas y conferencias, lidera todo un movimiento por la educación de los niños en el mundo, que refuerza positivamente en la red donde recibe cada día el apoyo de millones de seguidores y personas a las que ha inspirado con su mensaje.

Debemos reflexionar si como sociedad nos desconcierta que una menor alcance el empoderamiento a través de las redes por una buena causa, mientras que miramos para otro lado cuando nuestros jóvenes siguen modelos de conducta reprobables como los excesos de ciertos cantantes imberbes. Nos hemos preocupado más de desarrollar software preventivo y de poner cerrojos a Internet o a la tecnología previendo un mal uso de ambos, que de la inversión más rentable de todas: la educación. Aunque observando el comportamiento de algunos padres que utilizan las redes sociales a modo de vomitorio romano expulsando una indigesta incontinencia verbal bajo el anonimato y la impunidad, no parece extraño que sean éstos mismos quienes en mayor medida, teman la participación de sus hijos en línea.

Dice Krauskopf (2008) que “la idea de que los jóvenes luchan solo por metas simbólicas y no se involucran en el logro de sus propias condiciones materiales no puede sostenerse”. Pero hay que facilitarles lugares de encuentro para favorecer tal implicación, pues “es la interacción con el entorno la que brinda a los jóvenes diferentes formas de participar. Es decir, la participación puede darse cuando confluye tanto la capacidad de participar como las oportunidades existentes” (Velásquez, Martínez, y Cumsille, 2004).

Dudando de su capacidad discursiva o de su madurez para promover la paz, estamos infantilizando a los niños como apunta el filósofo José Antonio Marina. Internet, las tecnologías, no son herramientas para la mayor comodidad de la juventud, sino una oportunidad para promover sus proyectos. El Premio Nobel de la Paz 2014 es también el premio a la tecnología para la paz.

Autor

Paula Herrero

Periodista. Investigadora de la Universidad Loyola Andalucía - pherrero@uloyola.es

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